INICIO
Isla Negra 2/26

Isla Negra 2/26

Casa virtual de poesía y literaturas. Suscripción gratuita. Nuoro, Sardegna. Dirección: Gabriel Impaglione. ABRIL 2005.

C.E poesia@argentina.com

...Nadie debe hacerse ilusiones de que puede conquistar una sociedad más justa sin luchar por ello.. Ernesto Che Guevara.

 

Osvaldo Soriano

Argentina (1943- 1997)

El penal más largo del mundo

El penal más fantástico del que yo tenga noticia se tiró en 1958 en un lugar perdido del valle de Río Negro, en Argentina, un domingo por la tarde en un estadio vacío.
Estrella Polar era un club de billares y mesas de baraja, un boliche de borrachos en una calle de tierra que terminaba en la orilla del río. Tenía un equipo de fútbol que participaba en el campeonato del valle porque los domingos no había otra cosa que hacer y el viento arrastraba la arena de las bardas y el polen de las chacras.
Los jugadores eran siempre los mismos, o los hermanos de los mismos. Cuando yo tenía quince años, ellos tendrían treinta y me parecían viejísimos. Díaz, el arquero, tenía casi cuarenta y el pelo blanco que le caía sobre la frente de indio araucano. En el campeonato participaban dieciséis clubes y Estrella Polar siempre terminaba más abajo del décimo puesto. Creo que en 1957 se habían colocado en el decimotercer lugar y volvían a sus casas cantando, con la camiseta roja bien doblada en el bolso porque era la única que tenían. En 1958 empezaron ganándole a Escudo Chileno, otro club de miseria.
A nadie le llamo la atención eso. En cambio, un mes después, cuando habían ganado cuatro partidos seguidos y eran los punteros del torneo, en los doce pueblos del valle empezó a hablarse de ellos.
Las victorias habían sido por un gol, pero alcanzaban para que Deportivo Belgrano, el eterno campeón, el de Padini, Constante Gauna y Tata Cardiles, quedara relegado al segundo puesto, un punto más abajo. Se hablaba de Estrella Polar en la escuela, en el ómnibus, en la plaza, pero no imaginaba todavía que al terminar el otoño tuvieran 22 puntos contra 21 de los nuestros.
Las canchas se llenaban para verlos perder de una buena vez. Eran lentos como burros y pesados como roperos, pero marcaban hombre a hombre y gritaban como marranos cuando no tenían la pelota. El entrenador, un tipo de traje negro, bigotitos recortados, lunar en frente y pucho apagado entre los labios, corría junto a la línea de toque y los azuzaba con una vara de mimbre cuando pasaban a su lado. El público se divertía con eso y nosotros, que por ser menores jugábamos los sábados, no nos explicábamos como ganaban si eran tan malos.
Daban y recibían golpes con tanta lealtad y entusiasmo, que terminaban apoyándose unos sobre otros para salir de la cancha mientras la gente les aplaudía el 1 a 0 y les alcanzaba botellas de vino refrescadas en la tierra húmeda. Por las noches celebraban en el prostíbulo de Santa Ana y la gorda Leticia se quejaba de que se comieran los restos del pollo que ella guardaban en la heladera.
Eran la atracción y en el pueblo se les permitía todo. Los viejos les recogían de los bares cuando tomaban demasiado y se ponían pendencieros; los comerciantes les regalaban algún juguete o caramelos para los hijos y en el cine, las novias les consentían caricias por encima de las rodillas. Fuera de su pueblo nadie los tomaba en serio, ni siquiera cuando le ganaron a Atlético San Martín por 2 a1. En medio de la euforia perdieron, como todo el mundo, en Barda del Medio y al terminar la primera rueda dejaron el primer puesto cuando Deportivo Belgrano los puso en su lugar con siete goles. Todos creímos, entonces, que la normalidad empezaba a restablecerse. Pero el domingo siguiente ganaron 1 a 0 y siguieron con su letanía de laboriosos, horribles triunfos y llegaron a la primavera con apenas un punto menos que el campeón.
El último enfrentamiento fue histórico por el penal. El estadio estaba repleto y los techos de las casas también. Todo el mundo esperaba que Deportivo Belgrano repitiera los siete goles de la primera rueda. El día era fresco y soleado y las manzanas empezaban a colorearse en los arboles. Estrella Polar trajo más de quinientos hinchas que tomaron una tribuna por asalto y los bomberos tuvieron que sacar las mangueras para que se quedaran quietos.
El referí que pitó el penal era Herminio Silva, un epiléptico que vendía las rifas del club local y todo el mundo entendió que se estaba jugando el empleo cuando a los cuarenta minutos del segundo tiempo estaban uno a uno y todavía no había cobrado la pena por más que los de Deportivo Belgrano se tiraran de cabeza en el área de Estrella Polar y dieran volteretas y malabarismos para impresionarlo. Con el empate el local era campeón y Herminio Silva quería conservar el respeto por sí mismo y no daba penal porque no había infracción.
Pero a los 42 minutos, todos nos quedamos con la boca abierta cuando el puntero izquierdo de Estrella Polar clavó un tiro libre desde muy lejos y se pusieron arriba 2 a 1. Entonces sí, Herminio Silva pensó en su empleo y alargó el partido hasta que Padín entró en el área y ni bien se le acercó un defensor pitó. Ahí nomás dio un pitazo estridente, aparatoso y sancionó el penal. En ese tiempo el lugar de ejecución no estaba señalado con una mancha blanca y había que contar doce pasos de hombre. Herminio Silva no alcanzó siquiera a recoger la pelota porque el lateral derecho de Estrella Polar, el Colo Rivero, lo durmió de un cachetazo en la nariz. Hubo tanta pelea que se hizo de noche y no hubo manera de despejar la cancha ni de despertar a Herminio Silva. El comisario, con la linterna encendida, suspendió el partido y ordenó disparar al aire. Esa noche el comando militar dictó estado de emergencia, o algo así, y mandó a enganchar un tren para expulsar del pueblo a toda persona que no tuviera apariencia de vivir allí.
Según el tribunal de al Liga, que se reunió el martes, faltaban jugarse veinte segundos a partir de la ejecución del tiro penal y ese match aparte entre Constante Gauna, el shoteador y el gato Díaz al arco, tendría lugar el domingo siguiente, en el mismo estadio a puertas cerradas. De manera que el penal duro una semana y fue, si nadie me informa lo contrario, el más largo de toda la historia. El miércoles faltamos al colegio y nos fuimos al pueblo vecino a curiosear. El club estaba cerrado y todos los hombres se habían reunido do en la cancha, entre las bardas. Formaban una larga fila para patearle penales al Gato Díaz y el entrenador de traje negro y lunar trataba de explicarles que esa era la mejor manera de probar al arquero. Al final, todos tiraron su penal y el Gato atajó unos cuantos porque le pateaban con alpargatas y zapatos de calle. Un soldado bajito, callado, que estaba en la cola, le tiró un puntazo con el borseguí militar y casi arranca la red. Al caer la tarde volvieron al pueblo, abrieron el club y se pusieron a jugar a las cartas. Díaz se quedó toda la noche sin hablar, tirándose para atrás el pelo blanco y duro hasta que después de comer se puso un escarbadientes en la boca y dijo:
-Constante los tira a la derecha.
-Siempre -dijo el presidente del club.
-Pero él sabe que yo sé.
-Entonces estamos jodidos.
-Sí, pero yo sé que él sabe -dijo el Gato.
-Entonces tírate a la izquierda y listo -dijo uno de los que estaban en la mesa.
-No. El sabe que yo sé que él sabe -dijo el Gato Díaz y se levantó para ir a dormir.
-El Gato esta cada vez más raro -dijo el presidente el club cuando lo vio salir pensativo, caminando despacio.
El martes no fue a entrenar y el miércoles tampoco. El jueves, cuando lo encontraron caminando por las vías del tren estaba hablando solo y lo seguía un perro con el rabo cortado.
-¿Lo vas a atajar?- le preguntó, ansioso, el empleado de la bicicletería.
-No sé. ¿Qué me cambia eso?- preguntó.
-Que nos consagramos todos, Gato. Les tocamos el culo a esos maricones de Belgrano.
-Yo me voy consagrar cuando la rubia de Ferreyra me quiera querer -dijo y silbó al perro para volver a su casa.
El viernes, la rubia de Ferreyra esta atendiendo la mercería cuando el intendente del pueblo entró con un ramo de flores y una sonrisa ancha como una sandía abierta.
Esto te lo manda el Gato Díaz y hasta el lunes vos decís que es tu novio.
-Pobre tipo -dijo ella con una mueca y ni miro las flores que habían llegado de Neuquén por el ómnibus de las diez y media.
A la noche fueron juntos al cine. En el entreacto el Gato salió al hall a fumar y la rubia de los Ferreyra se quedó sola en la media luz, con la cartera sobre la falda, leyendo cien veces el programa sin levantar la vista.
El sábado a la tarde el Gato Díaz pidió prestadas dos bicicletas y fueron a pasear a las orillas del río. Al caer la tarde la quiso besar, pero ella dio vuelta la cara y dijo que el domingo a la noche, tal vez, después que atajara el penal, en el baile.
-¿Y yo cómo sé? -dijo él.
-¿Cómo sabés qué?
-Si me tengo que tirar para ese lado.
La rubia Ferreyra lo tomó de la mano y lo llevó hasta donde habían dejado las bicicletas.
-En esta vida nunca se sabe quién engaña a quién -dijo ella.
¿Y si no lo atajo? -preguntó él.
Entonces quiere decir que no me querés -respondió la rubia, y volvieron al pueblo.
El domingo del penal salieron del club veinte camiones cargados de gente, per la policía los detuvo a la entrada del pueblo y tuvieron que quedarse a un costado de la ruta, esperando bajo el sol. En aquel tiempo y en aquel lugar no había emisoras de radio, ni forma de enterarse de lo que ocurría en una cancha cerrada, de manera que los de Estrella Polar establecieron una posta entre el estadio y la ruta.
El empleado del bicicletero subió a un techo desde donde se veía el arco del Gato Díaz y desde allí narraba lo que ocurría a otro muchacho que había quedado en la vereda que a su vez transmitía a otro que estaba a veinte metros y así hasta que cada detalle llegaba a donde esperaban los hinchas de Estrella Polar.
A las tres de la tarde, los dos equipos salieron a la cancha vestidos como si fueran a jugar un partido en serio. Herminio Silva tenía un uniforme negro, desteñido pero limpio y cuando todos estuvieron reunidos en el centro de la cancha fue derecho hasta donde estaba el Colo Rivero que le había dado el cachetazo el domingo anterior y lo expulsó de la cancha. Todavía no se había inventado la tarjeta roja, y Herminio señala la entrada del túnel con una mano temblorosa de la que colgaba el silbato. Al fin, la policía sacó a empujones al Colo que quería quedarse a ver el penal. Entonces el arbitro fue hasta el arco con la pelota apretada contra una cadera, contó doce pasos y la puso en su lugar. El Gato Díaz se había peinado a la gomina y la cabeza le brillaba como una cacerola de aluminio. Nosotros los veíamos desde el paredón que rodeaba la cancha, justo detrás del arco, y cuando se colocó sobre la raya de cal y empezó a frotarse las manos desnudas, empezamos a apostar hacía dónde tiraría Constante Gauna.
En la ruta habían cortado el tránsito y todo el Valle estaba pendiente de ese instante porque hacía diez años que el Deportivo Belgrano no perdía un campeonato. También la policía quería saber, así que dejaron que la cadena de relatores se organizara a lo largo de tres kilómetros y las noticias llegaban de boca en boca apenas espaciadas por los sobresaltos de la respiración.
Recién a las tres y media, cuando Herminio Silva consiguió que los dirigentes de los dos clubes, los entrenadores y las fuerzas vivas del pueblo abandonaran la cancha, Constante Gauna se acercó a acomodar la pelota. Era flaco y musculoso y tenía las cejas tan pobladas que parecían cortarle la cara en dos. Había tirado ese penal tantas veces -contó después- que volvería a patearlo a cada instante de su vida, dormido o despierto.
A las cuatro menos cuarto, Herminio Silva se puso a medio camino entre el arco y la pelota, se llevó el silbato a la boca y sopló con todas sus fuerzas. Estaba tan nervioso y el sol le había machacado tanto sobre la nuca, que cuando la pelota salió hacía el arco, el referí sintió que los ojos se reviraban y cayó de espalda echando espuma por la boca. Díaz dio un paso al frente y se tiró a su derecha. La pelota salió dando vueltas hacía el medio del arco y Constante Gauna adivinó enseguida que las piernas del Gato Díaz llegarían justo para desviarla hacia un costado. El gato pensó en el baile de la noche, en la gloria tardía y en que alguien corriera a tirar la pelota al córner porque había quedado picando en el área.
El petiso Mirabelli llegó primero que nadie y la sacó afuera, contra el asombrado, pero el arbitro Herminio Silva no podía verlo porque estaba en el suelo, revolcándose con su epilepsia. Cuando todo Estrella Polar se tiró sobre el Gato Díaz, el juez de línea corrió hacía Herminio Silva con la bandera parada y desde el paredón donde estábamos sentados oímos que gritaba "¡no vale, no vale!".
La noticia corrió de boca en boca, jubilosa. La atajada del Gato y el desmayo del árbitro. Entonces en la ruta todos abrieron las botellas de vino y empezaron a festejar, aunque el "no vale" llegara balbuceado por los mensajeros como una mueca atónita.
Hasta que Herminio Silva no se puso de pie, desencajado por el ataque, no hubo respuesta definitiva. Lo primero que preguntó fue "qué pasó" y cuando se lo contaron sacudió la cabeza y dijo que había que patear de nuevo porque él no había estado allí y el reglamento decía que el partido no puede jugarse con un árbitro desmayado. Entonces el Gato Díaz apartó a los que querían pegarle al vendedor de rifas de Deportivo Belgrano y dijo que había que apurarse porque esa noche él tenía una cita y una promesa y fue otra vez bajo el arco.
Constante Gauna debía tenerse poca fe, porque le ofreció el tiro a Padini y recién después fue hacía la pelota mientras el juez de línea ayudaba a Herminio Silva a mantenerse parado. Afuera se escuchaban bocinazos de festejo y los jugadores de Estrella Polar empezaron a retirarse de la cancha rodeados por la policía.
El pelotazo salió hacía la izquierda y el Gato Díaz se fue para el mismo lado con una elegancia y una seguridad que nunca más volvió a tener. Costante Gauna miró al cielo y después se echó a llorar. Nosotros saltamos del paredón y fuimos a mirar de cerca a Díaz, el viejo, el grandote, que miraba la pelota que tenía entre las manos como si hubiera sacado la sortija de la calesita.
Dos años más tarde, cuando él era una ruina y yo un joven insolente, me lo encontré otra vez, a doce pasos de distancia y lo vi inmenso, agazapado en punta de pie, con los dedos abiertos y largos. En una mano llevaba un anillo de matrimonio que no era de la rubia de los Ferreyra sino del hermano del Colo Rivero, que era tan india y tan vieja como él. Evité mirarlo a los ojos y le cambié la pierna; después tiré de zurda, abajo, sabiendo que no llegaría porque estaba un poco duro y le pesaba la gloria. Cuando fui a buscar la pelota dentro del arco, el Gato Díaz estaba levantándose como un perro apaleado.
-Bien, pibe -me dijo-. Algún día, cuando seas viejo, vas a andar contando por ahí que le hiciste un gol al Gato Díaz, pero para entonces ya nadie se va a acordar de mí.

* Publicado en "Memorias del Míster Peregrino Fernández y otros relatos", Editorial Norma, Bs. As., 1998.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Carbone

Argentina

Desocupado

Lentamente
perdonando a la luz
Lleva bajo el brazo
fatiga de invierno
y arrastra su desdicha
camino a casa
otro día más
con las manos vacías.

 

El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. Ernesto Sábato

 

Gabriel Impaglione

argentino

4.

Yo no sé muchas cosas de la antropología,

pero será la nueva especie de la que se habla

en los círculos adscriptos al fin de la historia.

Raza nacida de explosión atómica

de vendaval de hipocrecía

de gran epidemia de capitalismo.

Van y vienen por las calles vacías

a horas imprudentes

cargados de niños y de ayunos.

Monstruosos malholientes

con la risa amputada desgajados

ruinosos se apiñan en los trenes.

Tienen apéndices de dos o cuatro ruedas

y olfato para detectar el vidrio.

Un silbo a veces

abre camino

y detrás de su puñal

se cuelan en la ciudad dormida.

Pero si Usted viera, su Señoría!

Son tan educados!

Usted debiera verlos!

No hablan nunca con la boca llena.

Muerden el aire

porque en el aire se dice

un perfume de albahaca

viene tiñendo el día.

Ay que duele tanto la ternura

de las palabras dormidas!

De Prensa Callejera, La Luna Que, BsAs, dic. 04.

 

 

RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN

Argentina

... QUE DESCRIBE LOS BOMBARDEOS A MADRID DURANTE LA OFENSIVA FASCISTA

Periódico republicano La Nueva España

 

(Este poco conocido texto del poeta es una crónica publicada por el periódico republicano La Nueva España, editado en Buenos Aires, y recogido en el libro Las puertas del fuego.)

 

Abrí los ojos y nací a las cinco de la mañana. Desde hacía una hora, más o menos, mi sueño no era definitivo. Tenía la sensación de estar haciendo esfuerzos para quitarme un fardo de encima. Para quitarme la noche. Grandes y pequeños ruidos asediaban mi cabeza perfectamente incontrolable. A las cinco fue la lucidez. Desde que estoy en Madrid no había oído estruendo igual. Tan constante. Nada, posiblemente ni los tanques ni los aviones pueden ser tan impresionante como los obuses que, esos sí, no se sabe ni de dónde vienen ni adónde van.

 

A las siete de la mañana de ese día -11 de mayo- perdí la cuenta. Pensaba: hay quienes en este momento trazan rayas en un papel por cada obús que llega. Hay quienes recogen a los heridos y a los muertos. Hay quienes les dan entrada en los hospitales y en los cementerios; en esos libros manoseados que la historia suele revisar después. Tal vez haya muerto una mujer que vi en la cola del tabaco. O un ex jefe de Negociado -que siempre se le conoce-. O el niño que cantaba en Santo Domingo: 'Cuando viene la aviación, la aviación, la aviación...' con música de 'Los Tres Chanchitos'. O aquel hombre que dijo: 'El obús que me toque tendrá que llevar esta inscripción: Gregorio García.' Mejor así: 'Para Gregorio García'. Es más correcto.

 

De pronto la habitación era sacudida por un viento atronador. Todo se estremecía: mi cama, los dos o tres libros desvelados, las fotografías de la gente que ocupaba esta casa, intrusas hoy, la recomendación (para ordenanza de Banco), la tarjeta del abate Jean, la casa, en fin, la vieja casa del conde, los cristales, las sonatas dormidas en los pianos amarillos y muertos, el 'schottis' de Don Quintín últimamente colocado en la pianola: el retrato del Papa y el de Joselito, ambos con dedicatoria a la Condesa, ya acabada como ellos: la gran Biblioteca, así como los relojes, los muebles en cuyos cajones yacen las cartas, las recomendaciones, otras tarjetas de visita, el balance del año '35; y luego las tulipas, las pantallas, las flores pintadas, los cortinados, los ceniceros, las alfombras. Ese buen gusto desagradable de comedia fina, ese, a veces, agradable mal gusto y delicioso ridículo que recuerdan la presencia en esta casa de alguien que tuvo cierto ángel, pero cuyos descendientes bajaron después a la cursilería frívola, al clero, a la novela rosa, a lo que no subirá más a la superficie de España ardida y desgarrada y poderosa.

 

Porque sucede que la guerra trae consigo a la revolución y lo único que quedará de esta casa será la Biblioteca, el retrato de Joselito, por ser auténtico, y tal vez la guardarropía de los condes y de la capilla donde se amontonan disfraces tan parecidos a los que se ven en los escenarios dados vuelta cuando se marcha la compañía y que irán a parar, sin duda, a manos de los utileros de un posible teatro de la Alianza.

 

Hacia las diez de la mañana pasaron los aviones. Ya estaba en pie y corrí a la ventana. Todavía seguían cayendo los obuses en el corazón de Madrid, de heridas y latidos universales. Casi en seguida dejaron de caer. Nuestros aviones habían detenido al crimen. Y como los aviones fascistas no ofrecen nunca combate, los cañones fascistas, por temor a ser localizados, fueron silenciados y escondidos otra vez en la tierra ofendida por la zapa cobarde. (Esto no es demagogia, es un documento.) Pero después en la calle, con el sol, con la gente, con los niños, con las pipas, con las colas, con la Puerta de Alcalá, con Cibeles, con la Granja -había cerveza-, consumiéndome de amor, de ternura y de coraje, recobré otra vez a Madrid y a su reloj de Gobernación donde se da la hora de España. Y unas piernas rígidas y un niño corriendo hacia los escombros me emocionaron hasta llorar. (La poesía no es sólo experiencia, como decía Rilke. ¡También los sentimientos!)

 

En el frente de la Gran Vía me aguardaban el polvo amontonado, las vidrieras rotas, los comentarios de la indignación y el humor popular. La huella del crimen, casi borrada ya por la sonrisa de Madrid. Porque lo que no pudo conseguir la aviación no lo lograrán los obuses. ¿A qué este tremendo golpe súbito, este humo, este estruendo, estas muertes, estos letreros sobre las piedras, 'peluquero de señoras'. 'Las señas en la casa vecina', estas sastrerías desplomadas, estos incorrectos maniquíes? ¿Y estos obuses lanzados ciegamente, sin objetivo militar, por lo que detrás de nuestros parapetos, más allá de nuestras trincheras, aunque lanzaran sobre Madrid toda la metralla de los países fascistas no podrían siquiera conquistar la ceniza que sigue a toda muerte? Madrid, de sangre o polvo, no sería jamás conquistada por los bárbaros. El corazón de Madrid, crecido inmensamente por noviembre, nació del toro y la paloma. Tiene el secreto del valor y de la gracia.

 

Tomado de AGENCIA RODOLFO WALSH (Integrante del FORO DE MEDIOS ALTERNATIVOS)

Fuente: http://www.nodo50.org/haydeesantamaria/memoria_historica/raul_gonzalez.htm

 

 

 

David Cortés Cabán

Puerto Rico

Ésta fábula donde crece tu nombre

Llegas

como un río de estrellas fugaces

y palabras que silban

no sé si eres el destino que busco

que cae hacia la fina seda de tu rostro

yo soy el otro que no cesa

desgarrando su vida

como esta fábula donde crece tu nombre.

De Ritual de Pajaros, 2004.

Gloria Gabuardi

Managua, Nicaragua

TIGRA CON MANCHAS

En el espejo de esta lluvia intensa

aguacero de llantos y nostalgias

me veo con la imagen de una tigra

mostrándose los dientes

y su corazón de dragona sin alas.

Abro mi boca para restregarle mi guerra

los portones de mi cárcel,

el umbral de mi piel,

la penumbra de mi cielo,

el sinfín de mi mundo trastocado.

Un rugido extraño me estremece,

observo en mi cuerpo las manchas del tigre,

y el temblor de mi alma eriza mi piel.

Ahora camino y me muevo como tigra,

tengo recuerdos felinos que trastornan mi cabeza

el grito de los congos me parte el corazón,

y deseo masticar mariposas

y hundir mi cuerpo en la maleza

restregarme de mañanas sin dueños

arañarme la imaginación que me impulsa al salto

y al asalto del ronroneo y la pereza.

Quiero desaparecerme de mis garras el olor a verde

y la impudicia del agua,

la luz pervertida de la luna entre mis ojos

el vértigo de la música de los pájaros,

el flagelo de soñar todas las noches sin fin.

Y tu figura resbala en mis pupilas,

Te veo reflejado en la luz que la luna

estampa en el amanecer de mi río,

o en el lecho profundo de mi ojo cerrado,

y veo caer tu palabra igual cuando se derriba una muralla

arrastrándo lágrimas, relámpagos, algarabía y desenfrenos ,dolor infinito.

Y queda entre mis ojos, en medio de la frente

tu amor como un tatuaje

y es como las manchas del tigre,

es como la lluvia en cascadas,

como la espesura de mi bosque

donde bailo y me estiro, bostezo y corro,

corro sin parar y salto en busca del vacío,

quizás encuentre mi estrella que se fue a refugiar

hace muchas lunas en los brazos de la muerte,

soy, tigra sola en danza irreflexiva con los arrebatos.

Busco su olor y no lo encuentro,

aspiro el aire y me atravieso la espuma y el rugido del mar,

la selva la tengo en la sangre,

me agito y muestro los colmillos coronados con los cuernos de la luna,

soy bosque, río, reserva biológica,

Patrimonio de mi sola humanidad,

soy la tigra que busca y espera

la música que tensa el cuerpo de mi guitarra

y bailo, bailo como araña tejiendo la tela

que te atrapará en el cielo de mi vida,

para engullirte entre el colchón y mi almohada,

entre la tierra húmeda de mi patio

y la hojarasca del lago de Granada,

o en el muelle de San Jorge, Rivas,

debajo de cada tabla despegada.

Ven ratoncito mío, que ya son las 12,

tengo desplegada la mesa de tus pasiones,

el baile de la fiera desnuda

al pie de tu arcoiris.

Tienes que venir volando,

antes que se deshaga el hechizo

y dejes de ser mi Rey León,

mi Rey de la Selva.

 

Noé Filimão Massango

Mozambique

Para esta Fogueira de Letras

Vem, das estradas longínquas da minha terra
Vem, das estradas do mar, do céu e do infinito
Vem, célere cruzando
As inúmeras vigas dos tempos e dos espaços
Na diversidade de terras e dos tempos que nos barra
Vem, falemos só uma língua

Vem, das ruas claras das cidades
Na respiração pura das acácias e micaias da minha
terra
Vem, da vegetação densa dos cactos
Das matas que eternizam a nossa máxima plenitude
Vem, das valas que sulcaram impunes nossa terra,
Drenaram nossa esperança, mas vem

Traga os ventos que morrem impregnados na ânsia
Traga também os tempos cravados na lápide
Traga consigo os destroços inesquecíveis do verbo
E do verso que já se desfaz em clamor
Vem,
Ganhem forma os ventos!

Na calada da noite ou com sol ardente
Vem,
Surja poeta como lua subtil
E ilumine nossas mentes à volta desta fogueira
Traga na memória dos tempos
A dócil palavra dos povos
O canto perene das almas

Vem,
Traga os destroços do meu país por aí recalcados
Na imensa vegetação de versos
Traga da espuma homogénea do índico
A poesia e o clamor de África, traga meu irmão!
Traga do meu Índico sedento
A maresia que nos incha as almas de vertigem
Traga, meu irmão, traga
Quem exaltará a dor e cl(amor) do nosso povo
minguado?
Quem exaltará o peito habitado de Tchopo
Ritmo que dançávamos à roda a madrugada na
nossa terra?
Quem exaltará no peito,
Ngalanga que retumbava ao entardecer na nossa
zona?
Aquela ngalanga que tocavas e evocava Duma Ka Zulu se lembra?
Quem exaltará nos sonhos
Nossa casa possessa do espírito Ndaw?
E a nossa timbila de zavala
Que tocava e dançávamos ao ritmo chope, então?
Canta nesta fogueira seu povo
Conte sua história nesta fogueira antes que se
apague
É a podridão do nosso povo, não é?
fale,
Fale então da podridão dos negros
À falácia com que se inventa um sorriso
Quando se inicia uma história, uma lenda, um conto...
Então, Conte!
Cada história um povo
Cada verso um rosto
Cada voz um timbre

Nesta brasa de letras que se esfuma a poesia
Traga essa chama que a alma ateia
Nesta fogueira da alma que ao texto ilumina
Traga o verso e nada mais
Na calada da noite,
Ou com o sol ardente, vem

Traga a voz que dilacera os conceitos
Traga a força apocalíptica do verso comprimida em
suas mãos
Traga de tudo que nos é consentido saber
A poesia será o doce orvalho
Que nos delicia delicadamente as almas
A cada verso que se liberta do seu peito pulmonado

Para esta fogueira,
Traga aquela melodia subtil
Com que os corvos pacientaram as noites cegando
aquelas melodias, com que as cigarras cantaram
e iluminaram as noites de Nkaringanas

Nkulukumba,
Desça tatana dos céus relampejando
Solte na sua luz um pedaço de tempo que já
perdemos
Fale da inocência dos versos de ontem e de hoje
oprimidos
Do folclore do nosso povo escaldado
Tatana tatana,
Há homens que incendiaram nossa palhota de preces
Homens que no arminho recalcaram pedra
Há homens que no charuto tostaram uma palavra
Então, traga a semente
Que germinará a casa e árvore poética dos pueris

Tatana tatana,
Desça macumba das nossas mínguas e soluços
E nos aponte com destreza mesmo ofídica
Que aquele oficio é poesia
Que aquele minguado é poeta
Com os versos guardados no seu bolso só para ele!
Traga tatana esse poeta
Traga da cabeceira os sonhos desse poeta
As lágrimas dum poeta pingados na pedra
Traga dos escombros também um verso
Da palavra uma míngua, do verso um amor
Da poesia as almas
Dê-me esse trago agora tatana
Antes que o vento maldito nos apague
Nossa fogueira de lenha
Quero dizer um poema também
Quero contar uma história também

Traga também seu xiphefo tatana
Que ilumina estrelas aqui cintilando
Tantas cobertas de neve que não as vejo
Traga tatana depressa
Tio mbalele quer dizer seu poema
Tio Mbalele quer contar sua história
Tio Mbalele quer cantar
Traga tatana traga ... Eh, já começou!
-Nkaringana wankaringana!
-Nkaringana wankaringana!

Enviado con Gentileza por Amelia Pais

 

Daniel Defoe

Gran Bretaña, 1660-1731

Robinson Crusoe (fragmento)


El buque encalló profundamente en las arenas, de manera que solo nos quedaba tratar de salvar la vida de cualquier manera... Once embarcamos en un bote... Una ola gigantesca cayó sobre el bote con tal violencia, que se dio vuelta en un instante... Nadé hacia adelante con todas mis fuerzas... Fui el único que consiguió pisar tierra, empapado, sin ropa para cambiarme y nada que comer y beber; sólo tenía un cuchillo, una pipa y un poco de tabaco en una cajita... Todo lo que se me ocurrió fue treparme a un frondoso árbol, y allí me propuse estarme la noche entera y decidir, a la mañana siguiente, cuál sería mi muerte.
Anduve primero en busca de agua dulce. Después de beber y mascar tabaco trepé a mi árbol, tratando de hallar una posición de la cual no me cayera si el sueño me vencía. Había cortado un sólido garrote para defenderme.
Al otro día no había huellas del temporal. La marea había zafado al barco y lo había traído hacia las rocas... Poco después de mediodía el mar se puso como un espejo y la marea bajó tanto que pude acercarme a un cuarto de milla del barco (ya entonces sentía renovarse mi desesperación al comprender que si nos hubiésemos quedado a bordo estaríamos a salvo y en tierra)... Nadé hasta el barco.
Las provisiones de a bordo no habían sufrido absolutamente nada; pude satisfacer mi gran apetito, llenándome además los bolsillos de galleta. Bebí un buen trago de ron para fortalecerme ante la tarea que me esperaba... [Armó una balsa, con elementos que encontró en el barco]... Se presentaba el problema de elegir lo indispensable y al mismo tiempo preservarlo de los golpes del mar [eligió comida, herramientas, armas].
Mi próxima tarea fue la de reconocer el lugar, en busca de un sitio adecuado para instalarme y almacenar mis efectos con toda seguridad... En la isla había aves; me pregunté si su carne sería o no comestible.
Se me ocurrió que aún podría sacar muchas cosas útiles del barco, y me decidí a hacer otro viaje a bordo... Hallé 2 o 3 cajas de clavos y tornillos, un gran barreno, 1 o 2 docenas de hachuelas, y lo más precioso de todo, una piedra de afilar... Seguí yendo diariamente al barco, aprovechando la marea baja... Lo que más me alegró en aquellos viajes es que después de estar 5 o 6 veces, y cuando ya no esperaba encontrar nada que valiera la pena mover de su sitio, seguía descubriendo cosas que me servían... En la cabina del capitán hallé una caja con 36 libras esterlinas en monedas europeas, brasileñas y algunas piezas de oro y plata. Sonreí a la vista de aquel dinero. ¿Para qué me sirves?', exclamé... Pero luego lo pensé mejor y tomé el dinero.
Mis pensamientos estaban ahora consagrados a encontrar los medios de asegurarme contra los salvajes y las bestias que pudiera haber en la isla... Calculé aquello que necesitaba en forma indispensable: en primer lugar agua dulce y aire saludable; luego abrigo y seguridad; finalmente, que si Dios me enviaba algún barco por las cercanías, no perdiera yo esa oportunidad de salvarme.
En el barco encontré plumas, tinta y papel, e hice lo indecible por economizarlos; mientras duró la tinta pude llevar una crónica muy exacta, pero cuando se terminó me hallé imposibilitado de continuarla, ya que no pude hacer tinta a pesar de todo lo que probé. Esto vino a demostrarme que necesitaba muchas cosas fuera de las que había acumulado. Habiendo conseguido acostumbrar un poco mi espíritu a su actual condición y abandonando la costumbre de mirar al mar por si divisaba algún navío, me apliqué desde entonces a organizar mi vida y a hacerla lo más confortable posible... Fabriqué una mesa y una silla.

 

 

Cristina Villanueva

Argentina

Dialecto

Esa palabra casi agua
que se decía en un espacio secreto.
Ése o aquel , supongo.
Idro o esos dejados allá.
Ecos,
ruidos
extraños,
ásperos coágulos de destierro.
La boca,
la lengua enervadas buscando
el paisaje del idioma,
un mar que traiga y no que lleve.
Ese, eso de lo que no se habla
los ojos señalando casi dedos
la nariz abierta hasta encontrar
el olor enardecido de las hierbas.
Restos
perdidos en las mucosas,
dispersos cruces de océano
Ramita de albahaca puente impreciso
Para el misterio dela lengua

 

 

Estanislao Del Campo

Argentina, 1834-1880
Fausto (fragmento)

Ah Cristo! ¡Quién lo tuviera!...
¡Lindo el overo rosao!
Como que era escarciador,
vivaracho y coscojero,
le iba sonando al overo
la plata que era un primor;
pues eran plata el fiador,
pretal, espuelas, virolas,
y en las cabezadas solas
traia el hombre un Potosí:
¡Qué!... ¡Si traía para mí,
hasta de plata las bolas!
En fin, como iba a contar,
Laguna al río llegó,
contra una tosca se apió
y empezó a desensillar.
En esto, dentró a orejiar
y a resollar el overo,
y jue que vido un sombrero
que del viento se volaba
de entre una ropa, que estaba
más allá, contra un apero.
Dio güelta y dijo el paisano:
-¡Vaya Záfiro! ¿Qué es eso?
Y le acarició el pescueso
con la palma de la mano.
Un relincho soberano
pegó el overo que vía
a un paisano que salía
de la agua en un colorao
que al mesmo overo rosao
nada le desmerecía.
Cuando el flete relinchó,
media güelta dio Laguna,
y ya pegó el grito: -¡Ahijuna!
¿No es el Pollo?
-Pollo, no,
ese tiempo se pasó,
(contestó el otro paisano),
ya soy jaca vieja, hermano,
con la púas como anzuelo,
y a quien ya le niega el suelo
hasta el más remoto grano.
Se apió el Pollo y se pegaron
tal abrazo con Laguna,
que sus dos almas en una
acaso se misturaron.

 

 

Carlos Kuraiem

Argentina

Los libros mueren un día después de ser cantados

algunos los matan delicadamente

con una flor adentro.

Sólo la caída del tilo

la desaparición de un amigo

o la decadencia de un pueblo

son hechos que se acercan a ésta muerte.

Quizá por eso

hoy salgo a descolgar las hojas de los árboles

ganándole al otoño

y recojo los libros que otros no quieren

antes de que mueran.

 

Rubén Darío

Nicaragua, 1867-1916
Lo fatal

de Cantos de vida y esperanza

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

 

Virgilio Dávila

Puerto Rico, 1869-1943
Nostalgia (fragmento)

Si escucho aquí una canción
de las que aprendí en mis lares,
o una danza de Tavárez,
Campos, o Dueño Colón,
mi sensible corazón
de amor patrio más se inflama
y heraldo que fiel proclama
este sentimiento santo,
viene a mis ojos el llanto...
¡Borinquén es pura flama!

En mi tierra, ¡Qué primor!
En el invierno más crudo
ni un árbol se ve desnudo,
ni una vega sin verdor.

Priva en el jardín la flor,
camina parlero el río,
el ave en el bosque umbrío
canta su canto arbitrario,
y aquí... ¡La nieve es sudario!
¡Aquí me muero de frío! "

 

Clarice Lispector

Brasil

El Reparto de los Panes

 

Era sábado y estábamos invitados al almuerzo de agradecimiento. Pero a cada uno de nosotros le gustaba demasiado el sábado para gastarlo con quien no queríamos. Cada cual había sido feliz alguna vez y conversaba la marca del deseo. Yo, yo lo quería todo. Y allí estábamos, presos, como si nuestro tren hubiese descarrilado y nos viésemos obligados a pasar la noche entre desconocidos. Allí nadie me quería, yo no quería a nadie. En cuanto a mi sábado -que al otro lado de la ventana se balanceaba entre acacias y sombras-, prefería, en vez de malgastarlo, encerrarlo fuertemente en la mano, donde lo estrujaba como si fuese un pañuelo. A la espera de la comida, bebíamos sin placer, a la salud del resentimiento: mañana ya sería domingo. No es contigo con quien quiero estar, decía nuestra mirada sin humedad, y soplábamos despacio el humo del cigarrillo seco. La avaricia de no repartir el sábado iba royendo y avanzando poco a poco como herrumbre, hasta llegar al punto en que cualquier alegría era un insulto a la alegría mayor.

Sólo la dueña de casa parecía no economizar el sábado para utilizarlo un jueves a la noche. Ella, sin embargo, cuyo corazón ya había conocido otros sábados. ¿Cómo había podido olvidar que siempre se desea más? Ni siquiera se impacientaba con el grupo heterogéneo, soñador y resignado que en su casa no hacía sino esperar como si esperase la partida del primer tren, cualquiera con tal de no quedarse en aquella estación vacía, con tal de no tener que estar refrenando el caballo que, con el corazón palpitante, se iría detrás de otros, de otros caballos.

Al fin pasamos a la sala para un almuerzo que no tenía la bendición del hambre. Y entonces fue cuando, sorprendidos, nos encontramos con la mesa. No podía ser para nosotros...

Era una mesa para hombres de buena voluntad. ¿Quién sería el invitado que realmente esperaban y no había acudido? Sin embargo, éramos nosotros. ¿De modo que aquellla mujer daba lo mejor sin importarle a quién? Y lavaba contenta los pies del primer forastero. Avergonzados, mirábamos.

Habían cubierto la mesa con una solemne abundancia. Sobre el mantel blanco se amontonaban espigas de trigo. Y manzanas rojas, enormes zanahorias amarillas, redondos tomates de piel a punto de estallar, calabazas de un verde líquido, piñas malignas en un salvajismo, naranjas anaranjadas y serenas, machichas erizadas como puercoespines, pepinos que se cerraban duramente sobre la propia carne acuosa, pimientos huecos y rojizos que hacían arder los ojos; todo enmarañado en barbas y más barbas húmedas de maíz, pelirrojas como las de junto a una boca. Y los granos de uva. Las uvas negras más violetas, que apenas podían esperar el instante de ser aplastadas. Y sin importarles por quién. Los tomates eran redondos para nadie; para el aire redondo. El sábado era de quien fuese. Y la naranja endulzaría la lengua del que llegase primero. Junto al plato de cada mal-invitado, la mujer que lavaba los pies de lso forasteros había puesto -aun sin habernos elelgido, aun sin amarnos- un ramo de trigo o un manojo de rábanos ardientes o una roja tajada de sandía de alegres semillas. Todo cortado por la acidez española que se adivinaba en los limones verdes. En las jarras estaba la leche, como si hubiese atravesado con las cabras el desierto de los peñascos. Un vino casi negro de tan macerado se estremecía en vasijas de barro. Todo ante nosotros. Todo limpio del retorcido deseo humano. Todo tal como es, no como quisiéramos. Existiendo, nada más, y todo. Tal como existe en el campo. Tal como las montañas. Tal como los hombres y las mujeres, y no como nosotros, los ávidos. Tal como un sábado. Tal como simplemente existe. Existe.

En nmbre de nada, era hora de comer. En nombre de nadie, estaba bien. Sin sueño alguno. Y nosotros poco a poco a la par del día, poco a poco anonimizados, creciendo, mayores, a la altura de la vida posible. Entonces, como campesinos hidalgos, aceptamos la mesa.

No era un holocausto: todo aquello quería ser comido tanto como queríamos nosotros comerlo. Sin guardarme nada para el día siguiente, alli mismo ofrecí lo que sentía a aquello que me hacía sentir. Era un vivir que yo no había pagado de antemano con el sufrimiento de la espera, hambre que nace cuando la boca ya está cerca de la comida. Porque ahora teníamos hambre, hambre entera que cobijaba el todo y las migajas. El que bebía vino se apoderaba con los ojos de la leche. El que bebía leche lentamente sentía con los ojos el vino que bebía otro. Allá fuera, Dios en las acacias. Que existían. Comíamos. Como quien da de beber al caballo. Se distribuyó la carne trinchada. La cordialidad era ruda y rural. Nadie habló mal de nadie porque nadie habló bien de nadie. Era reunión de cosecha, y se hizo una tregua. Comíamos. Como una horda de seres vivos, cubríamos gradualmente la tierra. Ocupados como el que labra la existencia, y planta, y recoge, y mata, y vive, y muere, y come. Comí con la honestidad del que no engaña a lo que come: comí la comida aquella y no su nombre. Nunca fue Dios tan tomado sólo por lo que es. Ruda, feliz, austera, la comida decía: come, come y reparte. Todo aquello me pertenecía, la mesa era de mi padre. Comí sin ternura, comí sin la pasión de la piedad. Y sin ofecerme a la esperanza. Comí sin ninguna nostalgia. Y bien valía yo aquella comida. Porque siempre puedo ser la guardiana de mi hermano, y ya no puedo ser mi propia guardiana, ah, yo no me quiero. Y no quiero dar forma a la vida porque la existencia ya existe. Existe como un suelo por donde todos nosotros avanzábamos. Sin una palabra de amor. Sin una palabra. Pero tu placer entiende al mío. Somos fuertes y comemos. Pan y amor entre desconocidos. 

 

 

 

Etnairis Rivera

Puerto Rico

Blues

 

No mirarte es el blues,

no beber la savia de la más antigua religión,

la vida.

 

Bravo al blues que aviva la llama,

bravo a tu terrestre figura que me atrae

y me eleva, al viento que te impulsa.

 

Para el viento, mi mantra,

para mí, tus labios que me guían,

tu boca que recorre la geografía de mi cuerpo.

 

No besasrte es el blues,

el mar del sur en la distancia es el blues,

el viaje sin tu beso.

 

 

Sandra Pulido

Kocham Cie

Dzis wiem,zycie cudem jest
oczy otwieram staje sie swiat
and I know jestem po to,
by kochac mnie and to love
to miejsce jedyne jest
where I found that
jestem kobieta, woda, ogniem, burza perla, na dnie
jestem kobieta, jestem dobrem, jestem zlem
jestem woda, jestem ogniem, jawa i snew
by your side, I feel that moge lodowcem siegnac chmur,
moge Niagara spadac w dol
tak bardzo kocham cie!

I know I’m not a poet but I can dream i wsystko proste tak
even though jestem piasku ziarenkiem w klepsydize
jestem chwila atóra przescignac chce czas, your time, our time
as I’m a dreamer I can dream that
rzuce ci klejnoty do stóp
zloto I perel jasny sznur
owoce znajde slodsze niz miód
za milosc twoja-zycie me
bo zrodlo milosci to ty
na kres swiata po sladach twych biec
chce jej mowic slowa lekkie jak wiatr
chce jej niebianska muzyke grác
dla niej promienie slonca chce krasc
by w jej oczach zajasnial ich blask
kocham cie!

Please, wyciagnij dlonie I chwyé marzenie
a dream between you and me
where the reveries exist
poskladam wszystkie szepty w jeden cieply krzyk je t’aime
ucha nadstawiami slucham jak gra
muzyka we mnie
y replica tu nombre en ella y así como po ulicy milosc hula wiatr
así se ha revelado dentro mío
y creo que oto marzen szczyt
thanks to you
tak bardzo kocham cie!

 

Te Amo

Hoy sé que la vida es un milagro
abrí mis ojos y el mundo apareció ante mí y
sé que vivo para ser amada y para amar,
y que es el único lugar
donde encontré que:
Soy una mujer, soy agua, soy fuego, soy tormenta, soy la perla en el botón.
Soy una mujer, la buena, la mala,
soy el agua, el calor, la java y el sueño
porque a tu lado siento que en el glaciar puedo alcanzar las nubes y que en el Niagara puedo caer.
Te amo!
Sé que no soy una poeta,
pero puedo soñar y eso es sencillo;
aunque sólo soy un grano de arena en el reloj y
que soy un momento que quiere exceder al tiempo,
tu tiempo, nuestro tiempo.

Soy una soñadora y puedo soñar que
podría dejar joyas ante tus pies,
oro y un lúcido collar de perlas,
encontrar fruta más dulce que la miel
que podría sacrificar mi vida para ganar tu amor
porque eres la fuente del él.
Hasta el fin del mundo correría por seguir tus pasos;
quisiera poder hablarte tan claro como el viento,
tocar la música del cielo para ti
robar los rayos del sol y así el brillo
podría fulgurar a través de tus ojos,
Te amo!

Abre tus manos y mide un sueño,
un sueño donde estemos tu y yo
donde los ensueños existen.
Te podría susurrar en un lamento cálido:
te amo!

Puedo escuchar que
la música suena dentro de mí
y replica tu nombre en ella
y así como el viento se revela en las calles
así se ha revelado dentro mío
y creo que he alcanzado mi sueño
Gracias a ti,
Te amo

 

Pablo Krantz

Argentina

Camas

¿Dónde estoy acostado?

Es decir: ¿quién soy?

La cama da vueltas en la oscuridad

colocándose en todas las posiciones en las que

alguna vez he dormido

- norte, sur, este, oeste -,

incidentalmente cabreándose en las sombras

como un caballo furioso

en un grabado antiguo.

De pronto estoy solo

y soy otra vez niño

contándome historias para dormirme

en la vieja casa polvorienta.

Al instante, soy el adolescente tímido con eternas anginas

aferrado a la vieja radio Panasonic,

intentando sintonizar fugitivos programas

de rock de madrugada.

Luego el veinteañero sepultado en locura química

en casa de su padre,

durmiéndose al caer el amanecer

tras dar vueltas por las calles sin rumbo

durante toda la larga noche del verano.

Y el kungfuísta sepultado en sentencias de Séneca

aguardando el alba

para comenzar con su rutina de poemas y flexiones ;

el amante que solía transportar su cama a todas partes

para recostarse junto a su amada

en parques y patios abandonados.

Y aquel muchacho que vibraba en la noche

como un radioemisor morse

aficionado a la desesperación,

aguardando el sonido del ascensor

que trajera de regreso

a aquella que se fue de cabalgata nocturna

con su amante la quetamina

y aún no ha regresado.

Y entonces el cada vez más casi treintañero,

escrutando la oscuridad en camas ajenas

junto a mujeres desconocidas,

esperando que se duerman

para juntar sus cosas y marcharse

lo más rápido posible.

Alguna visión esporádica

de una bolsa de dormir

en alguna carpa diminuta

extraviada entre los interminables Andes.

Finalmente, el lecho suave, lentamente nupcial

junto a mi mujer-niña

que tiembla en la oscuridad

y se aprieta junto a mí

a la hora en que la soledad

se vuelve más y más pesada.

Toda mi vida porteña puede resumirse

a unas cuantas camas

en dirección este-oeste,

norte-sur,

ahora que giro en círculos por la cama inmensa

en medio de esta habitación a medio vaciar

antes de mi partida definitiva.

 

Anabela Lugosi

Argentina.

Ahora. Trato de escribir algo que parezca interesante.Y lo unico que encuentro son frases,que empiezan y terminan en ahora.Porque ahora,trato de consolarme.Ahora trato de asumir lo que todos parecen entender (todos estamos solos,tan juntos),ahora trato de no sentir que soy una pulga,que si no salto y pico no me ven,ni me sienten.Ahora me gustaria

pertenecer a un culto,una logia,lo que fuera ahora y perderme en ello. Ahora siento a mi corazon sangrar y que el amor no me comprende.Ahora siento falsa la sonrisa.Ahora por mas que se, que he elegido todas estas cosas me pregunto ¿como han hecho los demas?..Ahora. Se acaba mi tiempo de cibernauta y sigo tratando de escribir algo que parezca interesante.

 

Maria Sergia Steen

USA

PROSA POETICA

Herradura: cortijo-hacienda

Casi se transfiguró en mi memoria esta hacienda-rancho, cortijo mexicano, con sus hombres, su agave, bien multiplicado, los caballos, las casas de los empleados que allí viven, los viejitos sentados dentro, la puerta entornada, en otras latitudes por mí vistos

Vi niños en domingo. Un hombre mexicano, joven, erguido que nos talló un agave, educado en el campo, tez morena y sombrero, con los brazos en arco, blandiendo al aire el instrumento en mano y la mirada baja, sacándonos el tallo que tal vez mañana, se integraría con cuidado a su montón de hermanos, en el horno.

Se transformaría, por supuesto, ya en otra sustancia como aquí nosotros, captando estos olores; proceso que a todos nos iba afectando.

De la tierra surgía ese enigma, ¡una planta! ha mucho descubierta , que impertérrita seguía su costumbre, su rutina marcada: juventud, madurez, pero nunca vejez.

Solamente unos años, para luego, integrarse al ser humano de forma placentera.

¡Qué lujo, qué bondad de la naturaleza, qué camino! ¿Unos diez años?

Pero hay más. Cuentan mucho las vidas de los que lo tallaron, colocaron al horno, tomaron su líquido y mimaron. De los que siguieron a la rueda-noria, ahora desechada, más leve y compleja, que evita la esclavitud humana en círculo, como en parva de trigo.

El ingenio de la tecnología nos arropa nuestra espina dorsal y detiene los brazos de tener que empujar la grandiosa piedra con sus dos toneladas. ¡Ya no tiene el hombre que doblar su cabeza o arquear sus miembros, depositar la mirada en la tierra!

¡Oh tierra, compañera inseparable! ¿Tengo, tenemos que estar siempre tan ligados a ti?

Miré hacia el campo cercano a los recien nacidos y a los ya hechos, listos para su talla: abanicos erguidos y lozanos como el hombre que cortaba sus hojas. No vi ninguno viejo. Y macabramente, contemplé la idea de que a aquel hombre alto, enjuto, le cupiera la suerte de que alguien le troncara la vida. No para darle a beber su sangre a algún muerto de sed, sino para no dejarlo envejecer, como el agave. Para que nosotros los poetas conserváramos de él su imagen tersa, evocadora de la tierra, pócima nutridora, antes de que perdiera su belleza.

Y como nuestra planta, nos sería niño, abiertos sus brazos para alcanzar el cielo, en permanencia

 

Daniel Acosta

Argentina

Milicos

 

Te hablaron de grandeza

De heroísmo

De grandes batallas.

Luchas...

Te hablaron de triunfos

Y medallas.

Te hablaron de la verdad

De las armas.

Te hablaron de la miseria...

Del dolor

Y la muerte...

Del trabajo.

 La paz.

 La justicia.

 

 

 

 

 

 

Néstor Rubén Calós

Argentina

ESTA TARDE ME BUSCAN DE NUEVO LOS RECUERDOS

Esta tarde me buscan de nuevo los recuerdos

tomando posesión de mi habitual tristeza,

mientras la lluvia cae sobre este corazón prendido de los cables,

barrilete sin hilo ni aire, equivocado.

No vivo sin ellos, llegan y se van a voluntad

como los niños juegan ( y yo que de jugar ya ni me acuerdo)

Jugar entonces es lo que me urje tanto.

¡Vengan en formación para ayudarme

los soldados de plomo de mi infancia!

El lancero a caballo, con el brazo movible y gallardete

que no dejé que nadie me tocara,

o aquel de bayoneta en cuerpo a tierra que enderecé mil veces,

hasta que fue fusil nomás pero con más coraje que antes,

para que corra al ladrón ¡ya! ¡palo y palo! al corrupto, al que promete tanto

sabiendo que nada hay en su mano a dar ni menos nada.

Tal vez me venga bien la guitarrita con trastes dibujados

con cuatro cuerdas de alambres estiradas

para cantar la esperanza de los que ya no esperan casi

o alegrarles la fila a los que buscan trabajo.

O aquellas herramientas de madera y lata

para que puedan siete enanitos laboriosos y cantando,

hacer casas de verdad para los arraigados

de las parcelitas suburbanas y precarias que las precisan tanto.

Además, pizarra tiza y esponja borradora,

para anotar diez mil deseos incumplidos,

unos pocos, tal vez, saldrán de mi corazón algo cansado,

y otros muchos, los más, para los que amo tanto.

No está de más reírse pese a todo, es casi obligatorio

y regalar como ustedes lo hicieron conmigo ya, tanta alegría.

¡Vengan juguetes a ponerle colores a esta vida!,

vamos en bloque a una, todos juntos ¡Ya! ¡ Palo y palo!

 

Fernando Pessoa -Álvaro de Campos

Portugal

Quero acabar entre rosas, porque as amei na infância.

Os crisântemos de depois, desfolhei-os a frio.

Falem pouco, devagar,

Que eu não oiça, sobretudo com o pensamento.

O que quis? Tenho as mãos vazias,

Crispadas flebilmente sobre a colcha longínqua.

O que pensei? Tenho a boca seca, abstracta.

O que vivi? Era tão bom dormir!

 

 

Eliseo León Pretell

Perú

Hoja... milagrosa

Fuerza de la vida misma, alimento espiritual,

magia, poder ancestral, pretérito, hoy y futuro,

rayo de luz, cielo oscuro, soledad, indio sombrío,

Timidez, calor y frío, suerte, esperanza y conjuro.

Es el momento más duro, de tu vida milenaria,

pero no estas solitaria, aunque parezcas proscrita,

tu fuerza a la gente incita, en la selva y en la cumbre,

Hasta que se dé la lumbre, de verte verde y bonita.

Hoja de coca bendita, nexo entre el indio y su Dioses,

razón de ser de las voces, que hoy gritan en la quebrada,

defendiéndola a su amada, que los provee del pan,

O cuando asecha el rufián, de la autoridad taimada.

Hoja de coca sagrada, Dios de la tierra serrana,

esperanza del mañana, en la oración del labriego,

tranquilidad y sosiego, del pastor tras su rebaño,

Compañía en su mal año, en su llanto y en su ruego.

Hoja, que alimenta el fuego, del holocausto sagrado,

de aquel indio postergado, en la miserable puna,

alimento cuando ayuna, porque no hay nada en su mesa,

Declinando en su pobreza, ante el de mejor fortuna.

Hoja, como no hay ninguna, en toda la selva umbrosa,

eres la más milagrosa, la que da vida y poder,

la que logró enmudecer, en el mustio socavón,

Al minero de peón, en la esclavitud de ayer.

Hoja, aliento del que hacer, en la selva complicada,

en nuestra sierra escarpada, más querida que una diosa,

en la vida presurosa, de los que arañan la tierra,

Junto con ellos se aferra, a la faena tediosa.

Hoja mágica y virtuosa, Dios de la tierra fecunda,

de nuestra selva profunda, de la papa y el maizal,

espíritu comunal, pronto Dios del "achachilla",

Sueño, ilusión, maravilla, del nuestro Incario ancestral.

Hoja de coca, ritual, "Mama Quilla" poderosa

un día saldrás airosa, de tus tantos asesinos,

para cifrar los destinos, de tu pueblo cocalero

Y el verdadero sendero, de tu hermano campesino.

 

 

 

 

Neyda

Cuba

Soy una mujer digna

Soy una mujer digna,

                                                 quiero para mí un hombre digno

                                                 que no mate el deseo que se me antoja

                                                            diferente,

                                                 que no desande criterios en busca de

                                                 argumentos

                                                 para soportar la duda.

                                                 Cuando tenga ese amor,

                                                 exigiré que me socave

                                                 si encuentra lo que de mujer me niego;

                                                 seremos cómplices y le diré ¡aleluya tenerte¡

                                                                 ¡Qué bueno tenerte¡

                                                 Entonces ya no seré solo hembra,

                                                 seré dueña de todos los milagros,

                                                 lo haré un hombre apetito, madera, violeta.

                                                 Hecho así,

                                                                  Es mi hombre.

 

 

 

Anibal Sciorra

Argentina

Erótica

Mujer mágica,

angélica,

diáfana.

Dulce es tu sabor salado,

miel,

la tus labios,

todos tus labios,

los de arriba

y los de abajo.

Dulce es tu mirada,

vino brillante,

el de tus ojos.

Como para emborracharse

con solo mirarte.

Círculo que rodeo todo redondo

ahí, en el medio,

ahí, en el medio,

que bien te luce,

que bien te luce,

como perla que brilla,

lo absorbo,

y lo devoro, salvajemente,

y el goce mutuo,

la ola gigante

para vos,

la petite-morte

para mí,.

Mujer mágica,

angélica,

diáfana,

erótica.

 

Edgar E. Ramírez Mella

Puerto Rico.

POEMA DE LA DAMA BOBA

 

Vanidad sube a la azotea:
punzada en el talón, grito en la nube,
tendón de Aquiles y pétalo rojo.

 

Vanidad víbora en la sangre ébria,
entonces los sucesos más inesperados:
Altazor y la realidad encrudecida,
el frío polar de las estrellas
sin mar ni norte.

 

Un paso atrás es...  ¡buenos días!
un paso al frente: una proposición obscena,
si rasco mi oreja derecha
con la mano derecha:  sexo oral ,
si rasco mi oreja derecha
con la mano izquierda: los patos salvajes
no sabrán ya migrar
y por supuesto la temporada de caza
se extenderá todo el año.
Si tuerzo mi boca,
sin fruncir el ceño,
las anguilas no encontrarán su camino
hacia el Mar De Los Sargazos,
y por supuesto los ríos
de las zonas templadas
llorarán tanto que quedarán secos y exhaustos,
y los desiertos se multiplicarán
sobre todas las ciudades
de los países desarrollados.

 

A sotavento, si rasgo mi túnica,
un ejército de cadáveres azotará las islas,
y si piso aquel umbral
que todos conoceis,
- donde la sombra habita permanentemente -,
los trópicos caerán en su ciclo glacial
y un fuego gélido echará a perder las rosas.

 

Por ello y algunas cosas más
cierro los ojos,
cruzo mis manos,
y no me rasco ni camino.

 

Vanidad baja a los sótanos de palacio,
no hay dolor, sólo polvo y telarañas;
las criptas del rey de corazones
y el rey de espadas, fueron profanadas
durante la última revolución de los escribas
y ha quedado un olor a almendras con caramelo permanente.
          
Vanidad víbora se esconde debajo de las piedras
y no prueba el vino,
por ello la calle hoy está tranquila
y se detiene la historia 
                                   IN             MI                 BLE.
                                         TER              NA

Mirta Urdiroz

Argentina

Escribir poesía

es trazar el verso 

sacudiendo el corazón 

dormido y quieto 

es escuchar la música 

de nuestra sangre 

delineando emociones 

es remontar al rojo la ilusión 

y apenas 

felicidad 

 

 

 

Ana Lopez Betancourt

Puerto Rico

A veces quiero dejarte

A veces quiero dejarte –a veces- cuando pienso que nuestra ternura y pasion de antaño se ha ido convirtiendo en algo cotidiano –"mundane" tal como lo es el "setear" la alarma del radio despertador todas las noches de la semana…

A veces quiero dejarte- a veces- cuando pienso quel tiempo que antes pasabamos acariciandonos y enamorandonos, ahora lo pasamos peleando, insultando, recuperandonos de una pelea o instigando otra pelea… Te vas, o sea te retiras o me retiro yo y entonces al regresar peleamos otra vez.

A veces quiero dejarte- a veces- cuando pienso que hemos caido en un circulo vicioso… pero se que no quiero dejarte de manera rajante, cortante, tajante, fulminante, sino dejando que el hastio nos siga invadiendo lentamente y nos paralize poco a poco, como hace el amelcochamiento del medio dia sobre los animos en el tropico. Asi lo que todavia nos queda se nos ira desangrando gota a gota y aun cuando me preguntes -y se que me preguntaras- que que me pasa, que si me estoy aislando, yo, negarlo.

A veces quiero dejarte- a veces… Entonces me asusto- me asusto de la posibilidad de cometer otro error garrafal, de esos irreparables que cargo a mis espaldas… Me asusto de las soledades que estoy segura me esperaran despues de tu partida definitiva, pero mas aun me asusto de las posibilidades que puedan surgir en mi vivir sin ti…

A veces quiero dejarte- Ya lo sabes!

 

 

Alessandro Mistrorigo

Italia

Hadas

Hay hadas con los ojos finos, cerrados aún
que no me miran y no quieren mezclarse ya que
tienen la piel de porcelana azul y que de las manos
sueltan pétalos de melocotón. Hay hadas comiéndome
al lado sin el más mínimo ruido y sin el más mínimo
rumor me caricia el paladar un néctar de queso y ciruela,
de agua caliente y miel, de rosa con espinas. Hay hadas
sin hablar, hadas que no hablan mi lengua y que
me queman las palabras en el fondo del mar.

Hay hadas rubias con piel de seda y pelo largo
ojos verdes y un jersey rojo con cremallera de mantequilla;
hay hadas con cara blanca, con labios grandes y sonrisa
que me llama: dos besos han de ser suficientes,
dos besos son un sacrificio, son un desvío

y un meñique colgando sobre el vacío la única
salvación. ¿Quién prefiere las montañas rusas?
Ya no tiene sentido; hay hadas rubias que son
hilos tensos de equilibrista sin red.

Hay hadas que ya no hay y que siempre habrá,
hadas en camino siguiendo la ruta hacia la ciudad
hadas montañesas cerca del mar con ojos tristes y piel tan blanca
que la luna se colora de envidia y felices bañándose por la noche
en el desierto. ¿Qué deseo tengo yo? Pues, no sé.
He dejado de desear cuando la última se fue con maletas de ruedas.
He dejado de desear por imposición, por comprensión.
He dejado de desear por amor. ¿Qué quieres mi amor?
¿Yo? Pues, nada; sólo que hay hadas al lado del rubor.

Hay hadas a quienes sólo le importa comer
y tienen una barriga ancha como una nuez,
que toman el pelo como el viento a medida de que se va despojando
el tiempo de sus manos amarillas. Hay hadas con labios en alquiler,
rojos como granadas rotas y sabrosas,
con mejillas suaves y muletas para saltar más allá.
Hay hadas con zapatos negros de siete leguas y hadas
descalzas que miden setenta y siete metros en los pies.
¿Y yo? Y yo ¿qué? Estoy sentado no hay nada que hacer.

Hay hadas diáfanas y casadas que van entre las nubes

en cima de sus tacones. Hay hadas silenciosas que yo veo
dentro del humo de un cigarrillo, dentro del fuego compartido
y con un pelo suelto de un color indefinido; no hubo palabra,
no hubo sonido, sólo una mirada miope entre las piedras
acantiladas y los hijos del alcohol. Hay hadas que son hadas
sólo un momento y que lo saben bien y hay hadas que no lo saben
aunque lo son.

Hay hadas y sonrisas con el pelo aún mojado, con ríos negros
que se derraman por sus rápidas espaldas y hay hadas que te calan un dique
en la garganta nada más intentar hablar de las hojas y del reflejo del viento.
También hay eucaliptos gritando agarrados a las movedizas riberas del envase.
Es que yo sólo quería nombrar la curva imprevisible de una superficie
en las manos tímidas del aire, yo sólo quería llamar la atención
como hace un niño ¡Mamá! Agarrándole la pierna ¡Mamá! ¡Mira mamá!

Hay hadas negras silenciosas y suaves como gatos,
hay hadas que andan a solas, con flores en las manos,
que sólo esperan caricias nuevas del viento
y que sólo miran en los ojos para matar. Hay hadas
con sonrisa venenosas, blancas y traidoras como soy yo.
Hay hadas que ya no están solas y se van cogidas de la mano
de espaldas al mar. ¿Qué manera de portarse

es ésta?
Qué manera si sólo esperas que te llame una silla vacía
o un árbol sonando. Hay hadas sueltas y enganchadas,
hay hadas, hay hadas y yo soñando de cara al sol.

Hay hadas con manos de ramas que se mueven flotando,
calladas y ni siquiera mirando hacia mí. Y hay hadas
con sabor a vino tinto en las bocas y en los ojos cerrados
pizarras verdes como tulipanes. También hay hadas con nariz
delicada que no soportan la sensualidad del viento, ni sus juegos.
Hay hadas que, en el puente en que orean lienzos blancos
las mujeres del pueblo, se escapan como polen.

Hay hadas que no te miran para no caer, dicen, pero no se van
y se quedan cerca esperando que las acaricies, esperando la mano.
Hay hadas que se atan al brazo para no caerse y lo estrechan tanto
contra su pecho que casi le falta la respiración. Hay hadas que andan
al lado como fueran mujeres casadas y lo saben bien que no puede ser,
mientras se ríen y miran hacia abajo, al suelo, a los pies.
Hay hadas bajando la cuesta de paso leve y sencillo sobre alquitrán
y sobre arena dejando huellas que nunca pasarán.

 

 

Carlos Barbarito

Argentina

LIBRO SECRETO

Porque no hay nada oculto que no haya de ser revelado.
Evangelio de Taciano, XLIV, 36.

Jugar a ser otro, que no morirá. Sumergir
una mano en el agua y con otra mano
intentar cubrir los ojos del sol.
Pensar en hacer un sacrificio, un pequeño cordero
o un pez, imaginar a uno u otro
sobre una gran piedra blanca.
Encabezar un cortejo,
de blanco, a salvo, entre catástrofe y catástrofe.
Ver cómo penetra el clavo en la carne
y de qué modo se desgarran, allá arriba, las nubes.
No saber. Saber del otro lado de la lluvia,
de un dios lascivo, de una balanza precisa.
Y que no duela, no caiga por su peso,
no se convierta en ramaje, en escoria.
Pero está el metro patrón, y está la silla,
en un patio remoto, abandonada
y cercada de sombras, y están
el coro ciego, la lámpara sumergida,
las playas cubiertas de valvas
por las que jamás camina una mujer desnuda.
Y está el tiempo.

 

 

Esteban Moore

Argentina

Bajo la crecida luz del amanecer

Suave- despegada -del ojo de sus miradas

lame la lengua con trazos de dulce saliva

los pliegues de ese cuerpo -------que gira

besa/ canta la música -de sus aguas

 

 

Marcos Silber

Argentina

Casablanca

Tal como entonces
Ricky ordena:"tócala de nuevo, Sam"
y Sam sonríe con las piedras de nieve en su bocaza;
y sus dedos –tersos- llaman a las puertas
de la memoria del teclado.
Tal como entonces
temblores de ángeles se ponen en el aire
y nada se oye, nada.
todo aparece así
como película muda entre la niebla,
con la historia, esa,
como del otro lado de las brumas del tiempo,
y el amor, ese,
como sueño único, lejano.
Tal como entonces
Ricky ordena: "tócala de nuevo, Sam..."

 

 

 

Manuel Pacheco

Mexico

ODA A LOUIS ARMSTRONG

Tu trompeta

metal que en forma de alarido.

modeló la negrura de tus luces de niño,

poque tú fuiste y sigues siendo niño

y la voz de tu trompeta

ilumina la tierra de alegría.

Tu soplabas las cajas de los muertos,

las noches de las danzas,

los pasos del autómata

y las salas heladas del hospicio.

Tu plegaria hacia Dios es un clavo larguísimo

perforando moles de noches eternas.

Empezó la historia del grito de tu boca,

empezó el calambre

que rodeó tus dedos para siempre

y clavó entre sus yemas hormigueros sonámbulos

para que fueran bolas de aire

tapando y destapando el brocal de las teclas,

empezó tu boca

cubierta de redondos agujeros

para sacar de tus pulmones una brisa nocturna,

así tu aliento fabricó estatuas de sonido

con la saliva oscura de tu soplo.

Quisiera escucharte

ahora que está el verano arañando casas.

Escucharte en las aguas de mi río Guadiana

sobre una barca lenta y solitaria

mojándome de sol hasta los huesos,

de alma hasta el sudor

que me brota del verso cuando escribo,

mojándome del agua de tu ortiga sonora

cuando el blue se cae como un pájaro helado,

cuando el blue se mece como el llanto de un niño.

que solloza en la noche su soledad en la tierra,

cuando todo se apaga y el silencio se enciende

con el gemido a cáncer

que tiene tu delgada compañera.

Quisiera escucharte tirado por el suelo de mi casa,

mirarte encaramado en el tejado

escupiendo a las tejas de cristal

hasta borrar la luz y dejarme en la frente

un pañuelo de amnesia sobre el tiempo.

Te daría mi verso para que hiciera juego

con la piel de murciélago herido

que tu canción destila algunas veces.

Cantaría tu nombre en forma de una mano

negra o blanca, mezclada su materia

con el contacto a hombre

que significa el ansia de los dedos.

Por encima de América y los blancos salvajes

que salpican de crimen nuestras vidas,

besaría la cruz de tu trompeta

y en las misas de tus largas asfixias

le diría a los hombres

que cuidarán la luz de tu alegría.

 

 

Raúl Elvir (1927-1998)

Nicaragua

VERANERAS EN EL CENTRO DE MANAGUA

 

Si quieres gozar este año mirando veraneras

no será necesario que vayas a Chontales.

Cruza por el centro de Managua ahora en noviembre

para que las veas a millares.

Donde antes brillaban las joyas

en los escaparates de la 15 de septiembre

allí están ellas.

Donde los niños se gozaban viendo juguetes navideños

allí están ellas.

Donde antes era Tienda Alicia

El Jardín de Modas

Joyería La Princesa

Casa Pellas

Dreyfus

allí están ellas.

Forman legión.

Innumerable ejército de cabecitas rosadas, lilas o azules

cubriéndolo todo.

Se suben a los hierros retorcidos de las ruinas

escalan resquebrajados muros

festonean el pilar solitario

disimulan la columna rota

avanzan en tropillas audaces

se atreven hasta con el asfalto

hacen florecer el concreto

embellecen la desolación

cubren el rostro muerto de Managua.

 

Piadosas manos que Dios envía

día y noche tejiendo

en apresurado silencio

la mortaja que nos libre

del impudor de la muerte.

 

 

Marita Troiani

Perú

Los dias de la Inocencia

En el sesentidos eramos pocos en Chincha

La moral era clara

Nos conociamos todos por nombres apellidos

Por signos

Por origenes

(algunos viejos rechazaban la costumbre de vivir

Y otros iban lento por las horas

Con sus libros cabalgando en los bolsillos

Con retazos de sol entre las manos

Hacia un palido cielo

Mudandose al silencio)

Se andaba sin temor a la extincion

Entre plazuelas quietas con palmeras bordadas

Entre la luz polvosa

Sabiendo a las almohadas inocentes

El cuerpo cultivado en buena tierra

La sangre fresca

En el sesentidos hubo un verano largo y

Muchas tardes lentas

Las sonrisas se cosieron a las sombras

Y el alma se nutria a sol y cana dulce

Recostados en murallas de adobe

Retozando tibios

Entre milagros perezosos

Con el metabolismo lento

Dibujando pisadas con zapatos de charol

Los trajes blancos

Y sombreros con gracia los domingos

Creyendo saber mucho del diluvio universal

De la uva negra

De los gallos haciendonos nacer muy pronto

Del rumor del sol en la floresta

De las sabanas de hilo

Del mantel manchado en Navidad con vino tinto

En el sesentidos dormiAmos temprano

(salvo en la Nochebuena y para la procesion del

Senor de los Milagros)

Los insomnios venian extranjeros

Con las tierras de Arabia y lepra en Technicolor

Los filisteos y Sanson entre pantanos

Y ese leon de la Metro rugiendo

En cranes gastados

En aquel tiempo

Todos pensabamos que el Papa era un santo

Kennedy un angel de lo cielos

Y rojo muy rojo todo el diablo

No nos herian el tiempo o los inviernos

Mariposas amarillas cubrian firmamentos

Y en las noches de luna llena

Venian de visita los ancestros

En el sesentidos tuvimos dos eclipses

Un sol furioso al mediodia tres semanas

Y cincuentaibus

 

Daniel Alejandro Gómez

argentino en España.

Pasión al amanecer

Zambullirme en tus huesos,

desdeñando en tu ser al tiempo.

Besar el arduo beso de tus labios,

amar tus fuegos con mi fuego.

Se elevan tus senos en el lecho:

Montículos palpados en nieve y sangre.

Mis cabellos se acarician con tus manos,

y mis ojos en aquellas lágrimas ríen.

Hueles a bellas rosas;

a pétalos secando al alba con sus rocíos.

Yo soy el fiel marino de sus ojos azules.

Sí, mirad cómo deja de mirarme su mirada;

sin embargo, tiene

sus manos hervidas en mi piel rosada;

y deja mis huellas en su mapa carnal.

Nínficos jadeos envidiados por Orfeo.

Ávidas lenguas que expiran Neptunos.

Sales, saladas sales, en el juego

del jugo libido.

Mis verbos, laureados en coronas de espinos,

te alzan poemas. Nuestras noches

respiran las platinas brisas de la luna;

los sexos obsequian estrellas en sus comercios.

A lo lejos, el gorrión ya está orando:

Dios amanece.

Las horas mueren sus palabras:

Poemas de desnudo, adánico vocablo.

Y el erótico silencio escribió

con tus uñas a los cuerpos.

 

Martín Echeverría

Argentina

La vida seca

Hambrienta. Como una fiera, la noche se vino encima. Esperaba agazapada detrás de la última cortina. En el más escondido rincón del día. Como la muerte espera detrás de las puertas más extrañas. A partir de cierto momento en la vida las noches se esperan así. Feroces, traicioneras. Ese momento es cuando se cruzan las dos últimas fronteras: la del tiempo y la de la fe. Ninguna tiene retorno. Yo las crucé. Ahora estoy afuera.

Antes, cuando estaba adentro, no me daba cuenta. Aunque a veces tenía la sensación de que apenas me dormía venían unos enfermeros con aires de guardias de seguridad y me extraían de las venas de las manos, otras veces de los pies o las más dolorosas, del corazón mismo, mi diaria cuota de sangre. Después, mirando para todos lados y apretando celosamente su botín, se iban rápido en un vehículo raro que más parecía camión de transporte de caudales, que ambulancia.

Ya se sabe, adentro la sangre escasea. Por eso los reptiles buscan jóvenes. Cada vez más jóvenes. También yo lo fui. Joven, digo. Y tuve fe, lo confieso. Una fe capaz de hacer emprender el vuelo a las montañas en inverosímil bandada de pájaros gigantes. Me elevó a mi también, desde luego, que era por entonces apenas piel y huesos. De tal suerte fue mi ascensión, que fui a dar a un lugar desde donde se podía jurar que cambiar cualquier cosa, lo que fuera, estaba al alcance de la mano. Sólo bastaba un pequeño esfuerzo. Un poco de suerte.

Tú puedes, decían los reptiles, relamiéndose. Eres el Elegido, decían los infames chupasangre. Se siente entonces la fuerza de un viento apasionado, que en un sólo ademán te lleva, te eleva, te deja, un instante suspendido en el que no sabes qué pasó. De pronto la sangre te sube a la cabeza, mientras puedes ver los tejados y las azoteas acercarse veloces como si fueran ellos los que se te vienen encima.

De joven, cada vez que tuve fe me estafaron. Ya más grande, un poco seco, es cierto, he entendido que cambiarlo todo no se puede. Y que ya es bastante difícil tratar de cambiar siquiera, al extraño tipo del espejo. Igual uno sigue abonando los sueños, porque todavía se cree, porque todavía se está adentro. En medio de este desierto es difícil decidir si se quiere seguir viviendo como humano o cambiar de piel y arrastrarse por el suelo. Y chupar sangre a cualquier precio. Esta lucha cotidiana no da tregua y en ese esfuerzo el sudor se evapora, gota a gota, con el viento. La vida sigue secándolo a uno por dentro.

Ahora estoy aquí y a pesar de los años sigo contando el cuento. Ya no veo venir en mis sueños aquellos oscuros enfermeros. Será porque en mis venas sólo queda polvo, pedregullo y algo de barro, a veces, en invierno. Hecho éste que pude comprobar porque cuando me emociono un poco empieza a salir de entre mis ropas, mis zapatos ajados y mis escasos cabellos, un polvillo como el que precede al derrumbe en una mina. Y siento además cómo corre la tierra por mis venas. Mi corazón se agita y sus paredes de cartón producen un rumor opaco. Como el de los caballos que galopan a lo lejos.

Suspiro y siento cómo un viento nace de mi pecho, sube por mi garganta y sale por mi boca dejándola terrosa, salobre. Cómo añoro ahora un trago del tinto aquel. Barro con mi mano hasta los mínimos pedacitos de hojas que mi suspiro dejó sobre el mantel. Encuentro en este gesto el reflejo de una idea que hace ya tiempo, demasiado tiempo, es casi mi única idea: quisiera que esas hojas diminutas, esos ínfimos retazos del otoño, representaran todos mis recuerdos. Y que la mano fría y huesuda de la Parca los barriera de mi alma de una vez.

Finalmente, solo espero el fin de la espera. El horizonte se ha diluido en una acuarela sucia. Este signo presagioso y un estado de ánimo generalizado de persistente resaca, anuncian la inminente llegada de El Zonda.

La gente en el pueblo cierra las ventanas, recoge la ropa de la soga, pone trapos húmedos bajo las puertas y cobija a los inquietos animales. El Zonda avanza. Los de adentro rezan. Los de afuera fuman. Me siento débil o más bien relajado. El Zonda llega. Lo enfrento de frente. Me da de lleno y lo recibo agradecido. Si hasta pareciera que ha venido a desfogarse en mi pecho.

Una lágrima de arena rueda. Es por mi tierra que se aleja. Se ha aflojado la última cuerda. En ese instante preciso las primeras partículas terrosas de mi cuerpo se desprenden. Son mis últimos cabellos, los primeros en perderse en los juegos caprichosos de este torrente de aire, polvo y fuego.

Es la frente la que ahora se desgrana con el viento, en capas milimétricas que estaban separadas por arrugas. El viento se lleva mis ojos, que ahora son los ojos del viento. No se cómo, pero igual sigo viendo. Y el Zonda sigue barriendo, barriendo, tan paciente hasta los hombros de mi cuerpo. En cámara lenta los brazos se desprenden. Caen y siguen cayendo. Pero nunca llegan a tocar el suelo. Una ráfaga enérgica, irreverente, los eleva como orando hacia el cielo. La polvareda me ciega.

Vuelvo a ver, cuando amaina un poco el viento, que sólo quedan dos tristes montoncitos de arena donde debieron estar las piernas. Allí se quedan. Alimentando la tierra.

Lema: Cuyum

 

 

Daniel Rubén Mourelle

Argentina

Poetic's just ice #3
 

Veloz partí
era caso
dio os
tenta lis
manchado

pala brama labar
muer
tamuer tá
letra reflor exequias
mano en pelo mí

Según docto
nada roba
reto horno
a ver sedario
causa cada trama

Agujas pira brazo
menos cava cuna
cansan si ocultan
prenden vi diamante
negado airén dioses
alcance vada ni mansa

Los poemas del Cangrejo

Nelly Fida

Argentina

agonía

agazapada

en el bermejo latido

resuella a la sombra del esternón

quiere meterse por mis ojos

con avaricia temprana

brota

desde el mismo nacer

oscurecida ceniza

implacable

final

 

 

 

Aldo Novelli

Argentina

Proceso

Sanguinarias miniaturas de luz eléctrica

articuladas sobre la piel,

y todo por gritar rebeldías

en años de mortal afasia.

 

 

Armando Tejada Gómez

Argentina

Muchacha

 

Recuérdame esta noche y nómbrame en tu idioma,

amor mío, muchacha, territorio de pájaros,

nómbrame en las ciudades donde trepas los trenes

con la amapola herida de tu vestido diario.

 

No conozco tu nombre, pequeñito y apenas,

tu mínimo poema de una sola palabra,

pero voy pronunciándote cuando digo esperemos

o cuando me transitas hacia dentro del alma,

porque sé que tus rostros tienen un mismo rostro

y tu sonrisa un aire de pétalo del aire,

conozco, sé tu modo de salvarnos la vida,

vencedora inmutable, con un niño en la sangre.

 

Yo te he visto muchacha plural, en las ciudades,

gastándote la magia con la prisa del alba.

 

Las oficinas públicas, públicamente áridas,

la tienda estrepitosa, la planilla a mansalva,

esas fábricas rojas de devorar, el sueldo,

lamentables rutinas de alquilarte hasta el sábado

y tú, tu nuca tibia, trizada luz, flor pálida,

resistes esa estrecha disposición de enanos

apoyada en tus sueños como en una ventana.

Y el moscardón horario zumbándote el absurdo

para matarte adentro la condición de pájaro.

Las ciudades son turbios demagogos, son esas

celestinas anónimas de la moda, sensuales

como una gelatina de sexo pegajoso,

espesas son, a gotas, turbiamente sensuales.

Las ciudades son fríos hoteles transitorios.

Debe se espantoso morir en las ciudades.

 

Porque no han hecho nada por amor, tantas cosas,

porque no figurabas en los planos, muchacha.

Y ya has nacido risa, has nacido tumulto,

has nacido de pronto con un golpe de alas.

 

Y ahora que has venido, que ya estás, que has llegado,

hay que cambiarlo todo, decir amor y amarnos,

clausurar las planillas, postergar las ganancias,

ahora que has llegado con tu fragante risa

qué han de hacer los señores de destino contable. . .

 

En horas de oficina, bajará mi poema,

a decirte en la oreja: territorio de pájaros. . .

Pero sigue guardando flores en la cartera,

la última dulce carta, un poema de Pablo,

sigue guardando signos de combatir el moho,

subversivos panfletos de construir la esperanza.

 

Muchacha, estrella nuestra, amor en todas partes,

los poetas cantamos para tu pie desnudo,

para tu sangre diaria,

porque somos la vida y esa sonrisa tuya,

nada más que la vida,

la vida y tú,

muchacha. . .

 

 

Jorge Luis Borges

Argentina

Fundación mítica de Buenos Aires


¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria?
Irían a los tumbos los barquitos pintados
entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo
con su estrellita roja para marcar el sitio
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura
y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.

Una manzana entera pero en mitá del campo
expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga.

Un almacén rosado como revés de naipe
brilló y en la trastienda conversaron un truco;
el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN,
algún piano mandaba tangos de Saborido.

Una cigarrería sahumó como una rosa
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
los hombres compartieron un pasado ilusorio.
Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
La juzgo tan eterna como el agua y como el aire.

© María Kodma. © Emecé Editores. Buenos Aires, Argentina

 

 

Posta de Isla Negra

 

Agradezco el envío de Isla Negra/24.

Por favor, para futuras ediciones tenga en cuenta que Yván Silén es portorriqueño ... si vive en EEUU  es contra su voluntad y en un exilio doloroso que le ha impuesto la sociedad de su país. Me consta que es un hombre muy comprometido con la libertad y la justicia de un Puerto Rico que parece condenado a pasar de mano en mano sin poder asumir plenamente su identidad.

un cordial saludo, Lía Miersch.

Primer año

Querido Gabriel, felicitaciones por el aniversario. I.N.25 está, como siempre, formidable! Un abrazo y avanti! José Luis (Israel)

 

Ademàs

de un abrazo y las felicitaciones correspondientes te insisto en

mi gratitud por hacer que florezcan con poemas los eriales; por darnos

voces de ànimo asi como conciencia de nuestro tiempo y circunstancia.de acuerdo LA POESIA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO- ¡ENHORABUENA! Juan Manuel Ramirez Palomares.

 

mis felicitaciones

por este año completo de poesía recibida, mi abrazo poeta, mis cariños,

y mis gracias, mabel C. (Argentina)

 

Espero

que este año sea el primero de una larga serie. Mi agradecimiento por la ventanita hacia la poesía que se abre en cada envío. Un abrazo, Susana Pariani.

Sí,

Feliz Primer Añito, Gabriel! Rolando Revagliatti

 

Felíz Primer Año!!!

Un saludo especial desde Brasil. P@ulo Monti

Feliz cumple!

Y gracias por darnos este espacio tan hermoso de lectura. Un abrazo,Lily (Argentina)

FELIZ AÑO ISLA NEGRA

TE SALUDO DESDE EL SALVADOR

YA MUY PRONTO ESTAREMOS JUNTAS EN LA NOCHE DE LA YGUANA EN ZURICH

EN RADIO LORA SALUDOS

IRENE

Muchas gracias

por considerarme en este envío, he gozado la lectura de la poesía plenamente, ya que también la escribo. Felicidades de antemano.Freya.

Reciban

mis felicitaciones ,en ese silencioso paseo por los bordes y murallas del tiempo, va colmando el mundo de visiones cantos nómada y alzares del templo de la poesía. Luis Gilberto

Me alegra desde Luján

Argentina, recibir por lo menos alguna buena noticia. Desde ya ¡Feliz Cumpleaños!! Julio Rey Gardi

Saludos desde México 

Les felicito por compartir los poemas y expanderlos por el mundo mediante esta vía. Mario Jaime

Felicidades!

Guillermo Antonioli, carmen rodriguez, DRA. ROSANA MATTAROLLO, Jorge Dávila…

 

Amigos de Isla Negra:

los felicito, el material que adjuntan es estupendo,les agradezco muchísimo que tengan la generosidad de comunicarlo y compartirlo. Festejo tamaña iniciativa. Les cuento que también escribo poesía desde hace mucho tiempo. Si lo desean, pueden leer uno de mis poemas en la editorial virtual www.badosa.com: durante el mes de abril seguiré en la portada. Bueno, nuevamente felicitaciones y gracias. Zulma Zubillaga

 

Gracias, Gabriel, por tus envíos.

Soy de quienes no conocían la primera isla negra y apenas comienzo a conocer las siguientes. Extraordinario esfuerzo. Leeré los materiales con detenimiento, para nutrirme de todo lo que hay allí. Versos conocidos otros por conocer, no importa el nombre, sino lo que aflora a partir de una palabra, en esa maravillosa travesía de partir de uno mismo, para hacer conjunción con el otro, con los otros, y así que hasta que se pueble el universo de palabras-rocío. Tal vez entonces será a través de ese mágico arcoiris que los seres de algún otro tiempo, puedan entendernos y decir: en ese pequeño planeta que existió alguna vez una humanidad.  Por ahora, las palabras tienen oficio de labranza, de minería y alfarería. Y deben dibujar, como tantas veces lo han hecho, lo que soñamos, lo que hacemos para que los sueños algún día se hagan oficio de cada día, y lo que decimos y hacemos para espantar la muerte que nos atosiga y quebranta. Te saludo afectuosamente, Mery Sananes

 

 

El 15 de abril

los poetas peruanos celebraràn el DIA DEL POETA PERUANO.Ley 24616. ESA FECHA COINCIDE CON LA MUERTE FISICA DE cESAR vALLEJO. Lo celebraremos con una Gran Maratòn poetica desde las 10 hasta las 22 hs, ininterrumpidamente.

El 14 de abril, presentaciones de libros, revistas y libros recientemente editados. Uno de ellos serà GOTAS DE CALIZ, del peruano Germàn Posadas Narro. Tambien la antologìa de Ancash SILUETAS DEL TIEMPO del antòlogo Pedro Lòpez Ganvini.Instituto Nacional de Cultura, Lima, Perù. organiza: CASA DEL POETA PERUANO, ADHESIONES A casapoetaperuano@hotmail.com / N.R. Felicidades!

Si podes

difundir te lo agradeceré y si volviste de Italia sumáte, Vasco Baigorri.

9 de Julio 2005, de 9 a 18hs. 2da. Muestra de la Feria del Libro Artesanal - FLA" en Aristóbulo del Valle. Misiones. Informes vascobaigorri@yahoo.com.ar

Los días 9,10 y 11 de Septiembre, 2005, en esta ciudad se llevará a cabo el "6°Encuentro Digital y Presencial de Escritores Pedro Abdon Fernández".

N/R. Gracias Vasco... no volvi de Italia, pero lo difundimos igual. Suerte!

 

Del 8 al 13 de agosto

del año 2005 se efectuará el XXVI SIMPOSIO INTERNACIONAL DE LITERATURA, organizado por este Instituto, y la Universidad de Los Lagos, Chile, con la colaboración del Departamento de Lenguas Extranjeras de California State University, Dominguez Hills. Este acontecimiento literario tendrá lugar en Puerto Varas, Chile. Info. ilchja@aol.com

 

 

 

Carlos Garro Aguilar

Argentina

NIÑOS JUNTO AL AGUA

                           Nada saben de búsquedas.

                           Ajenos a los designios de la luz
                           exhuman guijarros
                           a un costado del tiempo.

                           Pasa un pequeño pez y gira.
                           Gira mientras el flujo inmemorial
                           atesora en la arena
                           los fugaces vestigios de la gracia.

                           Allí están. Solo briznas, fragmentos
                           del cosmos, bestezuelas de barro elemental.

                           Olvidándose, disgregándose,
                            junto al sino del agua y de la hierba.

 

 

Para comunicarte con Isla Negra: poesia@argentina.com

"Isla Negra" no se vende ni se compra ni se alquila, es publicación gratuita que persigue el noble afán de promocionar lo mejor de nuestras literaturas y promover en los lectores la compra de libros de autores que se difunden fraternalmente en estas páginas. Isla Negra es territorio de todos quienes aman las letras. Isla Negra también es arma cargada de futuro, herramienta de auroras repartidas. Breviario periódico de la cultura universal. Estante virtual de biblioteca en Casa de Poesía.

 

Para recibir

ISOLA NERA

publicacion de poesía y letras en idioma italiano, podés escribir a mulasgiovanna@hotmail.com

Si te gusta Isla Negra, invitá a un amigo a suscribirse... hasta la próxima!!!!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

. . .