Isla Negra 2/78
Casa de
poesía y literaturas.
Agosto-006- suscripción gratuita. Lanusei,Italia.
Dirección: Gabriel Impaglione.
Publicación inscripta en el Directorio Mundial de Revistas Literarias Unesco
NO A LA VIOLENCIA EN MEDIO ORIENTE
DETENER LA LLUVIA DE MUERTE SOBRE LOS
PUEBLOS PALESTINO Y LIBANES
Gabriel
Impaglione
Argentina
compañeros poetas
a los hermanos
en un día de torre con campana
en hora dolorosa de amapolas
en un minuto de terminante basta.
Debemos dar batalla.
Por cada bomba cien versos rigurosos
por cada disparo una paloma.
No podemos ser indiferentes al osario,
no se puede
ya no se puede más
morir de espaldas.
compañeros periodistas,
a los hermanos
a la urgente Asamblea Universal de la Ética.
Debemos recuperar la palabra,
ejercer la verdad a todo o nada,
romper el muro de aplausos a la barbarie.
La feroz perversidad del silencio.
por cada vómito de plomo sobre el Líbano
seis nombres de genocidas en primera plana
encabezando las imagenes del infierno.
Que les caiga el desprecio de sus hijos
la condena de los pueblos, el espanto
brutal de las víctimas mordiendo la conciencia.
no podremos mirarnos a los ojos
ni hablar de poesía y de mañana
ni echar a volar sueños de un gran pan amarillo
para todos
no podremos cantar banderas y domingos
amor
justicia
verdad…
no podremos.
No podremos pronunciar voces tan simples.
No podremos.
con la palabra libertad en la solapa.
Estan rompiendo el mundo, compañeros.
Lo acuchillan día a día.
Esos siete fanáticos de grandes bolsillos
estan partiendo el mundo a pedazos.
Y entonces, compañeros?
Y ahora y aquí
Nosotros todos
nada?
Turquía, 1902-1963
Que las nubes no maten
Las que nos hacen hombres son las madresComo cálidas luces marchan ante nosotros¿No es una madre, acaso, la que os trajo al mundo?Apiadaos entonces, Señores, de las madres Que las nubes no maten a los hombres Un niño de seis años va corriendo felizSu cometa supera las copas de los árboles¿Es que no habéis jugado como ese niño, acaso?Apiadaos entonces, Señores, de los niños Que las nubes no maten a los hombres Ante el espejo peina la novia sus cabellosy en el espejo busca una imagen queridaSin duda alguna vez os buscó así una noviaApiadaos entonces, Señores, de las novias Que las nubes no maten a los hombres Cuando el hombre se va volviendo viejosólo debe evocar recuerdos placenteros¿Es que vosotros mismos no sois, acaso, viejos?Apiadaos entonces, Señores, de los viejos Que las nubes no maten a los hombres
Mario Jaime
México
Nos han enseñado que matar es el verbo más
glorioso
Nos han enseñado que las armas son sagradas,
venerables
Nos han enseñado que ‘infantil’ es ser iluso,
tonto.
Nos han enseñado a creer en el poder y no en el
agua
Convoco a la música
al canto de las células
para que los ojos sirvan
se olviden de una educación a base de terrores
Si recordásemos el beso
La grave oleada de una voz en las estrellas
La clara noche
De nuevo a los juguetes y a la fruta
Convoco a los oídos y la piel
Al espasmo de las diosas en el lecho
Al licuado con azúcar y un amanecer
No son palabras, son representaciones de la
magia
De un placer inmaculado que subyace en la
materia y da espíritu contralto
Caminar por la arena
Zambullirse entre una ola y otra
Convoco al amor
Sé que difícil leer poemas cuando se busca un
pan en la basura
Cuando el cadáver fresco, humea en nuestras
narices
Cuando las balas valen y los soldados se reclutan
Pero es la cobardía la que nos mata
La cobardía del camino por la sangre
Del odio facilísimo
El alimento está en la tierra
En
bañarse un poquito en el olvido
Cerrar heridas es cuestión de atrincherarnos en
un color
y negar siempre, siempre
esa educación nefasta que nos dieron
Convoco a matar nuestros adultos
Y emerger como niños, nuevamente.
Convoco al arco iris.
Cristina Castello
Argentina
Repatriarnos
Que hipocampos enamorados descuarticen el horror
Que bandadas de jacintos acuchillen la
indiferencia
Que Orfeo guíe a Arcadia a libaneses y palestinos
Que Eurídice queme infiernos y funde la alegría
Que la paz se acune en partituras de Gounoud
Que huérfanos saciados impongan la justicia
Y sirocos enfurecidos asesinen la
crueldad
Para donarnos con hambre de lluvia
Y repatriarnos a todos en brumas de luz
Miguel Hernández
España, 1910-1942
Tristes Guerras
Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.
Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.
Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.
Cancionero y romancero de ausencias
Ana María Mayol
Argentina
Sonidos y
guerra
El silencio juega a ser sonido
sobre el techo
en la garganta yace
todo un río de lágrimas
no ahogan la sed de esta tristeza
Del otro lado del mundo
la muerte juega con la vida a la guerra
y gana la partida.
Diana Poblet
Argentina
Masacre
¿Sabrán los pequeños de países y fronteras?
nadie los advirtió sobre los riesgos de nacer ahí
en ese aquelarre de brujas y demonios
si han nacido ya son viejos como para morir
con un rostro calcado
en cientos de niños sin hadas
atónitos
sus ojos volcados hacia adentro
colmados de espanto
heredando bombas
que destrozan cazando duendes
el odio que no sabe de pelotas
ni superhéroes
el mercader de la muerte
abriendo las avenidas del pánico
adonde clamarán padres huérfanos
de la peor orfandad.
Hay que buscar niños adonde sea
bajo las camas, adentro de los armarios, sobre los
altillos
resguardemos
chocolates juegos plazas jardines barriletes
sólo donde ellos habiten
estará a salvo el asombro
si encontramos al menos uno,
el sol y mañana
serán posibles.
Yabra
Ibrahim Yabra
Belén, Palestina- 1920
Viví con Cristo,
morí con Él y resucité.
Mi voz clamó en el desierto
como si fuera otra voz,
ardiendo con un fuego desconocido.
¿Por qué el fuego? ¿Para quién?
Dame sombra y agua fresca
y yo colgaré mis recuerdos en
la pared de una habitación abandonada.
La muchedumbre se ha dispersado y
los invitados se han marchado.
La voz clama en vano
como la voz de antes de la muerte y
el Gólgota.
En mis labios hay restos de miel
y de hiel.
¿He venido después de morir para
oír mi voz aferrándome
al vacío que abandoné?
Dame sombra. Y tú, mujer,
pon un trozo de hielo en tu agua.
El sol abrasa. La vida después de la muerte es
fatiga y mi voz ama el fuego.
¿Por quién? ¿Por quién
he cerrado los ojos, mientras en mis labios
quedan
restos de miel y de hiel?
Del poemario: Al madar al muglaq
(La órbita cerrada). Beirut,1964. Trad. María Luisa Prieto- Fte: http://www.poesiaarabe.com
Adriana Alarco de Zadra
Perú
Más allá Me estoy llenando de muerteDe a pocos,Aquella misma que, a veces,Me sorprendeSi nos colma de vacíosCon las bombas...Y yo me estoy elevando,DescubriendoEntre la neblina blancaDel invierno,Y dunas de arenas largasDel verano,La vida que vuela en altoEn las nubes.
Saadi Yusuf
Irak
A unos visitantes occidentales
Nos preguntamos, por Dios, por qué habéis venido hasta nosotros;
somos pobres
y bandoleros
y pescadores de un pescado que no satisface
nuestras necesidades diarias
y polinizadores de palmeras, a veces.
Nuestras casas son
lana,
o caña,
o barro con techos de hoja de palmera, a veces.
Nuestra ropa
es una,
sin colores,
ni cortes ni formas,
sin cinto...
Incluso estamos desnudos, a veces.
Entonces,
por Dios, ¿por qué habéis venido hasta
nosotros?
¿Os gustan, de verdad, las palmeras y el
desierto?
¿Os gustan las casas de lana,
y nuestra ropa,
y el barro techado?
No nos queda,
a nosotros, los desollados, más que mostrar la
blancura de los huesos.
No os damos,
os rogamos...
Procedente de la colección titulada Yawmiyyat
asir al-Qalaa (Diario del prisionero del castillo), Saadi Yúsef, Damasco 2000.
Trad. Milagros Nuin. Fte: http://www.poesiaarabe.com
Susana
Cordisco
Argentina
Habitantes del fuego
(En la roja constelción de la tristeza)
Mi corazón
sangre cofundida
en la silueta de la tarde
y mi voz
sin luces ni ormanentos
enmudecen
ante el dolor.
Los pueblos que no me vieron
ignoran que conozco la derrota del viento
bajo los colmillos del poder,
en el desierto de la luna fría
en las carnes
blandas
inocentes
bajo el cielo enfurecido.
Frente al miedo
y las ausencias...
Dios mira hacia otro lado.
En las hogueras erizadas
los espectros,
antiguos habitantes de las calles,
cincelan epitafios en el viento.
Tanto horror me duele cerca
del corazón
de la espina
transformada en esquirla,
con un desaliento amargo
que acumula sombras.
En el vértigo
del miedo
y de la vergüenza
un estruendo de muerte
se pega en las miradas.
En la inmensidad
del sol y de la arena
Dios mira hacia otro lado.
Un mañana inexistente
habita en el misterio
¿Dónde ocultar
la herencia del dolor
y las arrugas del desborde?
La Gran Mentira
está posada sobre los despojos
de la lejana constelación de la tristeza
donde yacen las sombras
sin nombres ni abecedarios
donde los niños piden alas
para escapar del fuego.
En las almenas vacías,
en mi alma,
en mi mundo,
el silencio
dice
Argentina
…
Hitler atacaba Belgrado sin previo aviso a pesar de haber sido declarada
ciudad abierta. Dos horas duró el estruendo. Durante el bombardeo sonó el
timbre de la puerta varias veces, en forma tan frenética como la desesperación
que desataron las bombas. A través de las ventanas bajas vi a los vecinos
buscando amparo en esa mañana violenta. Muchos como nosotros, en ropa de
dormir, traían en la mano las prendas que arrastraron en el apuro. A cada
explosión, el sótano trepidaba y se llenaba de polvo. Múltiples silbidos herían
el aire y la tierra. Apretujados, el miedo nos envolvía como una manta. Cada
bomba parecía caer sobre nuestras cabezas, como espada filosa que sesgaba el
aire; inminente bajaba cerca, pero no nos tocaba más que con el presagio de
nuestro fin. Teníamos las gargantas secas, los ojos entrecerrados, y yo sabía,
sentía, que alguien moría por nosotros, que otros se quebraban bajo las ruinas.
En bandada descendía la muerte. Espanto, alivio, y de nuevo el miedo. Pero no
gritábamos a cada explosión: sólo un quejido ahogado se derramaba en nuestros
pechos, tensaba nuestros músculos. Y entonces empezamos a movernos como
muñecos. Las bombas arrasaron con el prestigio de la razón, de toda razón, y de
pronto nos volvimos animales que sólo se querían salvar.
...
Abdo Wazen
Libano, 1957
El
bosque del sueño
Las dos manos que
abandoné
Me acompañan como una luna.
De día se perfilan
como árboles en el camino
Y cuando en la noche corren las aguas de la imaginación
Me preceden hacia el bosque del sueño.
Las dos manos que
abandoné
Se abren como mariposas dentro de mis ojos.
Poeta, crítico literario, periodista y
traductor. Obras: El bosque cerrado (1982), El ojo y el aire (1985), Las
puertas del sueño (1996). Trad. Youmana Haddad.
Susana
Roberts
Argentina
Medio Oriente
Enlazada al cimiente de la tierra
sufro en mi quietud
los suicidios de esta guerra
prendida en el horizonte preciso
del dolor
sacudo las heridas que drenan
abrazo a las victimas
a los que mueren poco a poco dejan
de creer
a los niños y sus diálogos cruzados
me arrodillo en sinfonía para
asirme a ellos
en mi quietud
se derrama el alma en plegarias
mientras tiemblan los caminos
de odio y terror en la esfera
siento las heridas de esos rostros
los cuestiono en la pizzarra de mis
días
a ellos les brindo mi música de
adentro
extiendo mi costado a rescatarlos
bajo un campanario tibio
y gritos de piedad.
Heidy Chavarria
Costa Rica
Niño libanés
Pequeño niño libanés
ya no podrás abrazar a mamá,
jugar con papá.
Ya no podrás correr como ave,
libre entre un cielo calmo y
brillante.
Perdón niño por tu corta
existencia.
Perdón por este mundo en donde una
vida
no tiene más valor que una mercancia…..
y a veces ni eso.
Buenos Aires, Argentina
18 de julio
Quiero hablar de la piel
de su indomable sueño
de roce
de la caricia de la voz
buscando
dobleces,pliegues,hendiduras
pero no puedo
de mi boca recuerdo sale
España
sumergida en el duelo
hace setenta años
mujeres libertarias
acosadas por cruces
jóvenes perseguidos
por prisiones y tumbas
quiero tacto-caricia
la mirada
ese gusto de un cielo por
venir
hoy no
los aviones tiran sus bombas
sobre mis manos en un país
que nunca conocí
me deshago
Las palabras dan vuelta los
sentidos
parece que como
siempre ha sido
hay gente que es culpable de
vivir
y un ejército
dispuesto a remediarlo
Otra vez Eros
que
perdió la partida.
Issa Majluf
Libano, 1955
Partimos
Partimos para
distanciarnos del lugar que nos crió y para ver el otro lado de la aurora.
Viajamos buscando la fuente de nuestro nacimiento. Partimos para completar el
alfabeto, para cargar nuestro adiós de promesas, para viajar tan lejos como el
horizonte, anulando nuestro destino y esparciendo las páginas al viento, antes
de permitir que huya, o tal vez no, nuestra historia en otros libros.
Partimos hacia
destinos no escritos para decir a los que hemos conocido que retornaremos para
establecer relaciones otra vez. Partimos para aprender el lenguaje de los
árboles que no viajan; para escuchar el tintineo de campanas en los sagrados
valles en busca de dioses más piadosos; para arrancarles a los
extranjeros la máscara del exilio; para susurrar a los transeúntes que, como
ellos, nosotros también pasamos, y que nuestra historia es efímera, tanto en la
memoria como en el olvido, lejos de madres que encienden las velas de la
ausencia y acortan el lapso del tiempo cada vez que elevan sus manos al cielo.
Partimos para no ver
a nuestros padres envejecer, para no advertir las marcas del tiempo en sus
rostros. Partimos para anunciarles a los que amamos que aún los amamos, que la
distancia no puede asombrarnos y que el exilio puede ser tan dulce y fresco
como la patria. Partimos para que al regresar un día, nos reconozcamos como
exilados donde quiera que estemos. Partimos para borrar la diferencia entre
aire y aire, agua y agua, cielo e infierno. Nada nos importa el tiempo,
contemplamos la inmensidad, vemos olas brincando como niños, mientras el mar refluye
entre dos barcos: uno que parte y el otro hecho de papel en manos de un niño.
Partimos como un
payaso que viaja de poblado en poblado, guiando a sus animales que enseñan a
los niños su primera lección de tedio. Partimos para engañar a la muerte que nos
persigue de un sitio a otro. Continuaremos así hasta que estemos perdidos, para
que donde quiera que vayamos nunca más nos encontremos a nosotros mismos y para
que de esta forma nadie pueda encontrarnos.
Poeta,
ensayista y traductor. Obras: Estatuas para la claridad del día (1984), La
soledad del oro (1992), Sueños de Oriente (1997).
Trad.
Del arabe por Youmana Haddad. Fuente. http://www.poesiaarabe.com
Unsi Al Haye
Libano
La
luna en reposo
Como otros tienen un
cielo y una casa
Yo tengo una mujer
Tengo una mujer como otros tienen niños
Como los niños tienen pastores
Como los pastores tienen sombra
Tengo una mujer
Como otros tienen un camino en el tiempo
Y como las luces lejanas tienen una esperanza.
Vago preguntando
Dónde está
Cómo pregunta
Un hombre en los campos
Al sol
Dónde está
A solas caigo con el
rocío
Me levanto solo con el viento
Y nunca se acaba la luna de mi reposo
Poeta,
filósofo, traductor y ensayista. Cofundador de Shiir. Obras: La cabeza cortada
(1963), El pasado de los días que se avecinan (1965), ¿Qué has hecho del oro,
qué has hecho de la rosa? (1970), El banquete (1994).
Trad.
Del arabe por Youmana Haddad. Fuente. http://www.poesiaarabe.com
El Salvador