Jordi Buch Oliver



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Alonso Mejias sanchez

Isla Negra 2/81

Casa de poesía y literaturas.

Septiembre-006-

suscripción gratuita. Lanusei,Italia. Dirección: Gabriel Impaglione.

Publicación inscripta en el Directorio Mundial de Revistas Literarias UNESCO

 

        impaglioneg@yahoo.es -  http://isla_negra.zoomblog.com

 

Oliverio Girondo

Buenos Aires, Argentina, 1891-1967

Tropos

 

Toco
toco poros
amarras
calas toco
teclas de nervios
muelles
tejidos que me tocan
cicatrices
cenizas
trópicos vientres toco
solos solos
resacas
estertores
toco y mastoco
y nada
 
Prefiguras de ausencia
inconsistentes tropos
qué tu
qué qué
qué quenas
qué hondonadas
qué máscaras
qué soledades huecas
qué sí qué no
qué sino que me destempla el toque
qué reflejos
qué fondos
qué materiales brujos
qué llaves
qué ingredientes nocturnos
qué fallebas heladas que no abren
qué nada toco
en todo
 

Del libro "En la Masmédula (1956)

 

 

Stefan H. Grimsson

Reikiavyk, Islandia, 1920
Plegaria nocturna

Brisa, camina suave
sobre tu páramo
deslízate sobre el océano
y no rices las lagunas.

Un espíritu insomne
te busca un refugio entre los juncos.
Mira, el océano duerme esta noche
y brillan las estrellas sobre su terso vientre.

(1987)

 

Vicente Gerbasi

Venezuela, 1913-1992

En el fondo forestal del día

El acto simple de la araña que teje una estrella
en la penumbra,
el paso elástico del gato hacia la mariposa,
la mano que resbala por la espalda tibia del caballo,
el olor sideral de la flor del café,
el sabor azul de la vainilla,
me detienen en el fondo del día.

Hay un resplandor cóncavo de helechos,
una resonancia de insectos,
una presencia cambiante del agua en los rincones pétreos.

Reconozco aquí mi edad hecha de sonidos silvestres,
de lumbre de orquídea,
de cálido espacio forestal,
donde el pájaro carpintero hace sonar el tiempo.
Aquí el atardecer inventa una roja pedrería,
una constelación de luciérnagas,
una caída de hojas lúcidas hacia los sentidos,
hacia el fondo del día,
donde se encantan mis huesos agrestes.

 

 

Paulina Vinderman

Buenos Aires, Argentina

7)

El sargento cojo reparte las mantas

como medallas al valor.

Recorro con él el pabellón y me cuenta

su historia, amarga, (almendra amarga sin cianuro).

Padre mira con asombro su manta anaranjada

que resplandece como alguna vez su vida,

como alguna vez el pelo de mi muñeca

en su bolsillo enorme.

Da vuelta la cabeza, se va a su rincón sombrío

sin que pueda seguirlo,

yo quedo tratando de hurgar entre los hilos

de la vieja cobija alguna letra de un idioma

perdido.

Soy una epigrafista.

Y creo en mi dolor.

 

 

José Asunción Silva

Colombia, 1865-1896

Las noches del hogar

Amo las dichas del hogar sencillo
Apetezco su plácido cariño
Yo quiero que descanse en mis rodillas
La rubia cabecita de algún niño.

 

 

Miguel Hernández

España, 1910-1942

Yo no quiero mas luz que tu cuerpo ante el mío

 

Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:
claridad absoluta, transparencia redonda.
Limpidez cuya extraña, como el fondo del río,
con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda..

¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho,
corazón de alborada, carnación matutina?
Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho.
Tu sangre es la mañana que jamás se termina.

No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al poniente.

Claridad sin posible declinar. Suma esencia
del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia
acercando los astros más lejanos de lumbre.

Claro cuerpo moreno de calor fecundante.
Hierba negra el origen; hierba negra las sienes.
Trago negro los ojos, la mirada distante.
Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.

Yo no quiero más luz que tu sombra dorada
donde brotan anillos de una hierba sombría.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
para siempre es de noche: para siempre es de día.

 

Gonzalo Rojas

Chile

Enigma de la deseosa

 

Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto 
de 32, exige lectura 
de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma, 
b) toda su piel liviana 
para los besos, c) mirada 
verde para desafiar el infortunio 
de las tormentas; 
no va a las casas 
ni tiene teléfono, acepta 
imantación por pensamiento. No es Venus; 
tiene la voracidad de Venus

 

 

Elsa Tió
Puerto Rico
 
Mirarte a ti es mirar a través de la lluvia,
oi en tu corazón lejanas puertas que se cierran
dejando atrás los restos de la noche.
Conoces mis corrientes, mi fondo, mis naufragios
y tus manos abiertas vuelan sobre mi piel
como las aves sobre el mar.
Hay espacios en tus sueños
que coleccionan barcos y paisajes
para cruzar por ellos como en mi propio sueño.
hay cosas que te nombran aunque no te conocen,
hay luna sobre las alas de las mariposas,
y con la marejada del mar que canta y crece
nuestros cuerpos sueltan como los barcos sus amarras.

 

 

Alonso Mejías Sánchez

Nicaragua

Génesis
                        A mi pequeña Leonor.
 
De las altas tierras de Colombia
de Ibagué imposible
al país de las guarias llegabas
con tu aroma de café
y el par de almendras de tus ojos embriagó
a mi moreno corazón nicaraguense.

 

De: poemas de amor y de destierro

 

 

Antonio Macías Luna

Chile

Poeta
 
No estoy a disgusto, encerrado con versos
en la cárcel de vidrio donde algunos se asoman.
Me encarcelan a gusto mis letras serpentinas.
Me acuesto, enamorado, con frases concubinas.
 
Mis pupilas sostienen redondos cristalinos,
donde puedo mirarme desafiando al vacío.
Me apoyo en el pescante firme de los poemas,
en carruaje sin riendas, a punto de caer
en las redes de un mundo difícil de entenderme.
 
Podría respirar en el fondo marino
con jibias despeinadas y caballitos quietos,
con algas que me arropen proporcionando oxígeno,
lírica a mis pulmones.
                                     Nado contra corriente
entre perlas con risa, entre perlas con llanto.
 
Y así buscan la orilla de los mares poéticos
mis palabras atléticas que no corren en balde;
las que alcanzan la playa sin ayuda de nadie.
Las enseñé a nadar cuando me dieron vida,
cuando salí rimando del vientre de mi madre.

 

 

Charles Boudelaire

Francia, 1821-1867

Conversación

 

Eres un bello cielo de otoño, claro y rosa.

Pero en mí la tristeza como la mar asciende

y deja en el reflujo, en mis labios morosos,

el recuerdo punzante de su légamo amargo.

 

Tu mano roza en vano mi pecho dolorido.

Lo que busca, ¡oh amiga!, es un sitio asolado

por la mujer de garras y de dientes feroces.

Mi corazón no busques: lo comieron las fieras.

 

Es un palacio sucio de confusión, en donde

se bebe y se da muerte y se agarra del pelo.

-Nada un perfume en torno de tu pecho desnudo….

 

Belleza, duro azote de las almas, lo quieres.

 Con tus ojos de fuego, brillantes como fiestas,

calcina esos jirones que las fieras han dejado

 

 

María Alexandra Dáskalos

Angola, 1957

 

Regressámos ao anonimato
mais leves.
Mas é minha a muda inquietação
esse temor
da armadilha do cinismo.

A noite contempla-nos
despojados de sonhos
e, tu disseste
- tão próximas as estrelas –
tão longo o caminho para chegar a elas.

Do Tempo Suspenso

 

 

Vilma Vargas

Costa Rica

Costumbre

 

Yo digo nos estamos  muriendo
más rápido que de costumbre.

Mal pasa el tiempo por mi casa,
por tu casa, el mundo.

No somos un libro de autoayuda.

No cumplimos con los requisitos,
ni siquiera sabemos gritar

                                     una flor azul.

 

 

Salvatore Quasimodo

Italia, Modica, Sicilia (1901-1968)
Pronto se hará de noche, de Aguas y tierras

Todo el mundo está solo
en el corazón de la tierra
traspasada por un rayo de sol,
y pronto se hará de noche.

 

 

 

Almandrade

Brasil

 

La profesora sale de la clase
vuela en la imaginación
con las alas
coloridas
de una mariposa
un cuerpo en la transparencia
de lo erótico
un saber en el habla
una arquitectura femenina
como la lluvia
moja el antojo
pero el agua

              fría
escurre apresurada
       huye
por laberintos indecisos
para bien distante.

 

 

Sonia Aracelli Otero

Montevideo, Uruguay

Rayuela

                                                  “Cruza un niño

                 jugando a la rayuela por mi sombra”

                                                      Jorge Meretta

Me coloco detrás

y lo observo en silencio

sin perturbarlo.

Lo reconozco no obstante

y me conmueve.

 

                     -No quiero que me vea

                      no entendería.-

 

Ha partido bien

pero los obstáculos

sin duda aumentan.

 

Ha dejado la Tierra

el uno, el dos, el tres,

pero debe alcanzar

el cuatro el cinco.

 

Mi mente l acaricia

como para darle confianza

Sé que le hace falta

¡Tanta falta!

 

Pero debo seguir

Y él

                      Llegar solo 

                      Hasta el Cielo.

 

 

Carlos Domingos

Portugal

Istmo

 

Um preso político é como uma península:

rodeado de lobos por todos os lados

menos por um - a certeza

que o liga aos companheiros.

 

(Prisão de Caxias, Outubro de 1972)

 

 

 

Gabriela Bruch

Argentina

 

reverberación de la luz en el horizonte en llamas
animalito acorralado por el desamor
tiemblan las alitas, las patas corroen la tierra
se alza la mirada como un gigante
así somos , sí,
nos reconocemos en el acto
sin embargo, estamos diseminados en un mundo paralelo
diseminados
sólos en un conjunto atroz de marginetas
el alma del alma no conoce de palabras
ya no escribas más, no escribas, hacé canciones
gritale al viento, amamantá a una loba
ya no escribas, por favor, no escribas

 

 

Carmen Campos

Maracay, Venezuela

Aristas     espadas de la noche

 

cuelgan  sobre el cuerpo  aterido

Paso a paso camino sin rumbo fijo

mi espíritu abre cauces    en   calles despobladas   de la ciudad perdida

La oscuridad se cierne     sobre paredes derrumbadas

ellas no entregan los secretos

que habitan  sus terrones       ahítos de historias

mías  del otro  de todos los amantes    desconocidos   ignorados

perdidos en la memoria convertidos en fantasmas 

hoy gritan  su regreso      y atropellan el olvido

Vengo a recoger  los despojos      

dejados por donde he  transitado

siguen allí  adheridos a las paredes

que han  sostenido mis huesos  agotados de esperas 

Inútil      sólo consigo desprender trozos de cal

 mezclados con sangre  desvasada de las manos

al arañar escombros  de la que fue mi casa

Desandaré rastrojos en donde se truncaron

sueños de adolescencia     y libertades plenas

sin códigos sagrados  ni ley alguna deteniendo el paso

Separaré  uno a uno    los miembros de este cuerpo

serán testigos   de   la vigilia de  nocturnidad

no hay   palabras     ni  gestos aturdidos

el viento trae  el quejido del sauce      de allá    del campo santo

el aullido de aquel  perro realengo  me atormenta

una lengua filosa lame  el pecho desnudo

en la alucinación  una mano se extiende

la aprisiono y se escapa    por aquella rendija   del postigo

En manto oscuro  regresa la neblina

y el canto de la pavita  aún eriza mi piel

Me golpean deseos  de borrar  este  tiempo    

volver al claustro     sentir la dualidad interna  

nacer de nuevo    reiniciar el ciclo

con la  otredad pisando los talones

no importa  la aspereza    que roce  mi destino en el regreso

Una  voz  campanea en mi mente

como perro acezante   jadea en mi espalda

Es la muerte llegando

nada detiene su aire oscuro   ni su frío sudario

avanza simplemente  con la cuchilla en alto

y las cuencas sin ojos      el soplo helado sobre mi hombro

se  acentúa sin pedirme permiso

sin embargo      no hay miedos

me quito los zapatos  me siento a la ventana

escribo este poema                 y espero... en soledad

 

 

Dimas Lidio Pitty

Potrerillos, Panamá

Estas llanuras

 

Primero fueron de la soledad y del silencio;

después, de los dioses de la lluvia,

del trueno, de la brisa.

Luego, de la luna, del pasto,

de los animales y de las albas.

Más tarde,

durante mucho tiempo,

las ocuparon las tribus y sus mitos.

Ánimas en pena, Tulivieja, brujas,

Cadejo, duendes, pavas de tierra

recorrían rastrojos, quebradas y planicies.

 

Un día,

sin anuncio previo,

llegaron hombres con fusiles, espadas,

cruces,

armaduras y caballos.

 

Los guiaban ambiciones, espejismos y sueños.

Con ellos vino un dios de larga barba

que ahuyentó a los otros

con infierno, purgatorio y paraíso.

 

Desde entonces todo fue diferente:

animales y pobladores huyeron a los montes,

se sometieron

o fueron exterminados.

Y siguieron siglos de mansedumbre,

nacimientos, muertes, rezos

ilusiones y tareas cotidianas.

 

Ahora no asoma ningún dios,

pero cada día hay más forasteros

y dólares

en pueblos y caminos.

A esos no les interesan

la historia, las tradiciones ni la gente,

sino tierra, clima, aire,

paisajes y horizontes.

 

Los nativos acogen a los extraños,

la metamorfosis de los días

y las nuevas costumbres,

deslumbrados y risueños;

y, prontamente,

de buena fe

--como los nativos de antes--,

cambian

terrenos, ojos de agua, cielo,

futuro y raíces

por dinero.

 

No saben ni se imaginan que un día

no quedará de ellos huella ni memoria;

que también desaparecerán,

como los bosques,

los animales,

las tribus

y los dioses.

 

 

Francisco Miguel López jiménez
Alhaurín de la Torre, Málaga, España
a Ramón Ibáñez, in memoriam
 
En música de grajos
cuajó diciembre
alfileres de metralla,
lumbres en tu pecho
a la voz de;  disparen.
Los cristales de libertad
tiñeron la arena
de sangre fragmentada
para tu destino cóncavo.
 
Desde las biznagas rojas
que copiara tu sangre
yo escribiré soles y gaviotas,
libertad y padrenuestro.
 
Porque te quedó amor
y vida no usada,
ilusión y sueños
para en tu maridaje
y porque tu libertad
es mi libertad
en un  párrafo de historia,
yo me descubro
y encumbro tu nombre.

 

 

Ana Maria Mayol

Argentina

El otro lado del silencio

 

Cuando las voces callan

y solo se escuchan  trinos en el aire

y el viento se detiene

y todo es calmo

 

vuelven

los féretros de las palabras muertas

los ecos de lo no dicho

el grito trunco

 

el otro lado del silencio 

 

la conciencia

 

 

Ana Istarù

San josé de Costa Rica, 1960

Hoy es viernes

 

Hoy es viernes,

y es como si el viernes

hubiese penetrado

mis más oscuros movimientos

revolcando recuerdos

con su estrépito de galgo,

asustando golondrinas de papel,

afán café de echar a volar

los campanarios

para golpear el viento.

 

de La estación de fiebre y otros amaneceres//Visor Madrid 1991

 

 

Carlos Aldazabal

Salta, Argentina

El nombre de las cosas

Después de discutir unos minutos
ambos colocan sus ojos en lo alto.

Nadie se atreve
a preguntarle a la luz
cuál es su nombre.

 

 

Adrian Campillay

San Juan, Argentina

 

En todas las razas

la lluvia sobrevive.

 

Porque es limpio animal de su luz,

su raíz

se prolonga

hasta el centro del color.

La lluvia es una espada, una mujer,

un niño, una ciudad, una distancia,

una botella en el mar y más que nada

 

la lluvia

es

un sitio.

 

Porque a ella concurren

y de ella se precipitan

 

los habitantes mudos

 

hijos ciegos de la lluvia.

 

 

Elias Letelier

Chile

Descubrimiento del cobre

 

Y desde entonces, cuando
la arteria del pálido metal
fue abierta de par en par
sobre la extendida industria de la clorofila:
no quedó flor
sin bajar la mollera;
no quedó obrero crucificado
sin un cuchillo en el pecho;
no quedó esquina sin un niño mutilado;
no quedó espacio sin un grito de dolor.

Ojos muertos florecen,
ojos muertos vuelan
y caen sobre el duro pecho
del país diseminado.

Ya, ni los versos bastan,
ni un ojo abierto
en la monumental geografía nocturna,
para que la lágrima derramada
posponga su nivel de escultura.

 

 

Damaris Calderón

Cuba

Esta sera la única mentira en la que siempre creeremos

 

La fuerza de admitirla tantas veces.
Hoy
alguien intentará leer el ojo de un vecino
con el fin de saber si la tristeza
(esa muchacha indócil que va escupiendo amor)
es una amiga sádica de siempre
o un pez muerto nadando en la garganta.
Sería difícil disfrazar la felicidad.
(A ella siempre le quedaría corrido el maquillaje.)
Pero de todos modos tendrás que perdonarme
que no te ladre amor junto al oído.
Podrían despertarse muchos muertos
que están bajo nosotros.
Es una historia triste
jugar a ser perfectos.

 

De: Con el terror del equilibrista, La Habana, 1987.

 

 

Oscar Fernández

Venezuela

Existencia

 

Existencia policémica

de naturaleza multiversa

reconfiguras mi lógica

y haces de la nada

un algo policromático

que se autogenera

en la transversalidad

de la semiósfera.

 

Un destino

sin destino

es el norte

que no existe

mas que en mi memoria

en medio de la armonía

caótica.

De la igualdad social

¿es social lo antisocial?

¿es humano el inhumano?

¿es bebida la coca cola?

¿es Dios un hombre o una mujer?

¿es el perdón un pecado y el pecado una necesidad?

¿es la respiración un invento

 y la palabra un recurso para mentir?

¿Y

tu

y

yo

Que somos?

¿quiénes somos

polvo o partículas?

Polvo de estrellas

existencia

de

la existencia.

 

 

Claudia Roquette-Pinto

Brasil

Em Sarajevo

Na primeira foto ela ri,
selvagem,
e se mistura às amigas.
Um ano mais tarde,
posa com as mãos no colo,
coluna reta,
os pés cruzados pra trás.
Por dentro do uniforme pressente
uma mulher, a passos largos,
galgando as ruas de grandes cidades
— quem sabe no exterior.
Quando a vi, ali, distraída,
na escada do ônibus escolar,
nada me preparou para suas pernas abertas,
no meio a flor dilacerada
repetindo, entre as coxas,
o buraco da bala no peito:
um dois pontos insólito.

 

Fuente: poesia.net

 

 

Graciela Zolezzi

Argentina

Rojas tardes largas

 

El saxo desgrana Saint Louis Blue

y cae una estrella en mi ventana.

La plaza, entre sombras,

deja entrever tu rostro y tu mirada.

En la pereza del estío

el tiempo que se arrastra

permite inventar el amor

en sangrantes nostalgias.

La música es sexo

en el ritmo canyengue

en la queja metálica

y es más real esa vida en el recuerdo

atardeceres, ensueño y llamaradas,

que otros años que sólo son suspiros

de los que no me queda casi nada.

Esas quietas horas de la tarde

las veredas baldeadas,

sillón, mimbre y madera,

piano de Mores, saxo en el blue,

rojas  tardes  largas

en que bastaba estirar la mano

para tocar la magia,

con sólo un sillón en la vereda,

unas pocas notas en el alma

y es estrella que cae en mi ventana.

 

 

Daniel Montoly

República Dominicana, 1968
Y, a deshora

 

Y, a deshora, he quedado
vagabundo en mano
          del áspero abandono.

Ancladas en la sombra
han quedado
las luminosas estrellas
que nombraron el puerto
con mi nombre. La luz
ya no se encarna
en el vientre

de tan larga niebla. El río
se coagula con mis huellas.
Y los infantes cedros
en las colinas 
             a la luz del sol
con espanto lloran
            oráculos de sangre
y sinfonías subversivas.

 

Reside en la ciudad de Delaware, Ohio. Estados Unidos

 

 

 

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Rodolfo García

Colombia

Lauren

 

La cinta del proyector

aborta figuras

personajes

escenas en fuga

bajo la lluvia

sobre la herida del aire...

 

La cinta del proyector

te deja prófuga

de mi libreto

de mi poema clandestino,

náyade de alguna Venecia,

a la cacería de un director

que sepa enfocar

tu ausencia

que me habla.

 

Una caja de pinturas

para hacer música,

pedazos de sol

barnizan tus cabellos

y dejan una nota negra

sobre el que escribe.

 

 

Rodrigo Grion

Argentina

Escribir para despertar, despertar escribiendo

 

Apunto mi palabra contra el batallón de la muerte
Disparo, junto a otros, contra un tiempo que pretende
Condenarnos a la miseria del cuerpo y el espíritu;
Disparo, disparamos, dispuestos a batallar por la
Utopía del hombre, contra su saqueo moral, contra
Su perpetua prisión, contra la pobreza de su alma;
Disparo, y van mis versos mancillando espejos
Que oprimen, discursos que condenan, realidades
Que subyugan, palabras huecas que disfrazan y encadenan.

Hay quienes usan su palabra para agradar, para
Entretener, para despistar, para pagar su alquiler,
Pero yo prefiero hacerla arma: Arma de la Libertad,
¡ Escribir para despertar y despertar escribiendo!
Despertar al hombre de su silencio aberrante,
Zamarrearlo en su agonía establecida y cotidiana,
Abrir los ojos del Ser que solo contempla su ceguera
Dar un certero impacto a la conciencia anestesiada;
Disparar, disparar sin aceptar treguas, batallar junto
A otros, en esta declarada guerra contra la muerte
Y sus cómplices.

Disparo, disparamos, desde trincheras llenas de Vida
Focos donde el Amor aún estoico sobrevive...disparo
Mi poesía, disparamos pintando, componiendo, soñando;
Artesanos de la resistencia, rebeldes empecinados
Insobornables militantes de un artístico amanecer;
Disparo desde mi lugar, hago arma a mi poesía, cumplo
Mi deber de guerrillero, disparando versos que hieran
A la muerte, a su batallón seductor y perverso ; disparo,
Disparamos, desde el Ejército de la Vida, que se resiste
A dejar de Ser...

del libro “ Huellas de Resistencia " (2004 , Editorial de los Cuatro Vientos, buenos aires, Argentina)

 

 

Alexander Zanches
Panamá

Espejo

 

¿porqué mi pie izquierdo

es también derecho?

 

Librélula

 

en tu afán de nube

préstame tu senda

 

hazme leve

 

 

Una hoja cae

corazón

la tarde

 

 

Oscar Kahan

Chile, 1938

En una estación del metro

 

Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro

y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos

y la perdieron para siempre entre la multitud

Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones

y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles

Y quizás el amor no es más que eso:

una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro

y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre

 

 

Ricardo Molinari

Argentina, 1898-1996

Soledades

 
De ayer estoy hablando, de las flores,
de la fuerte agua, transparente y fría,
del alma, de la luna abierta, ¡oh mía!,
de un ángel dulce y solo en los albores.
 
De tantas noches secas y menores,
del perseguido bien sin alegría;
del aire, de la sombra y la agonía,
de lumbres, cielos y arduos pasadores.
 
De ti, tiempo llegado y desprendido,
que vas en mí y me dejas en velada:
solitario, desierto y sin sentido.
 
Y encima de ti, vida delicada,
cabello suave, quieto y advertido,
la muerte sueña y mueve su morada.

 

 

Celia Altschuler

Puerto Rico

No me gustan las grandes ciudades

 

No me gustan las grandes ciudades

me agobian

sus ruidos apabullantes

sus falsas propagandas

su consumo desmedido

su desigualdad crasamente expuesta,

tanta gente que deambula ,gente que está jodida,

mientras otros derrochan sin importarle

quien duerme tirado en la esquina

o quien se muere de frío.

 

No me gustan  grandes ciudades

hacinadas de gente, de autos,

inundadas de aire venenoso

repletas de rascacielos

que ocultan las estrellas

con tanta luminosidad artificial

encendida.

 

No me gustan las grandes ciudades

por que le restan a la vida,

son otra fantasía mas

que pensamos los humanos

que podría ser buena

sin advertir los percances

que nos dejarían en el futuro.

 

 

 

Julio Carabelli
Argentina

A Woodstock le pusieron ketchup

                                                N.Y.

 

Aquí no baja el viento,

se queda aquí en las torres,

en las largas alturas,

que un día caerán,

batidas, arrasadas de su propia ufanía.

 

                                                                    Rafael Alberti 1980

 

Nosotros

dudando de todo no somos culpables

las dudas

enredaderas que calan las mentes

se alojan

como quien cimienta o funda un hogar

Nosotros

no somos culpables si insistimos

en preguntar

¿Quién delimitó los limitados límites?

¿Dónde está

la extensión territorial de la ternura

el costado

irregular y subversivo de los verbos?

¿Quién medirá

la rebelión del Tiempo en el espacio

la figura

del Hambre elaborando los guarismos?

¿Adónde

está el dueño del frío y sus vasallos

el preventivo

que atajará el ataque de los pájaros?

¿Adónde

el amo de tantas certezas infundadas?

¿Quién

ha asesinado en el nombre de la duda?

¿Con quién

se masturba en su tálamo de arena?

¿Cuántos

marcharán a desarmar la primavera?

¿Cómo duerme

sobre su edredón de tierna sangre?

¿Y ustedes?

los que velan el perverso desvarío

el embarazo

de empedernido esperma permanente

¡ustedes!

los que entregan sus hijos a la muerte

¡al elegido!

al genocida serial tan prevenido

el insomnio

¿no demanda si existe otra manera?

pregunto

¿de conciliar el sucio sueño americano?

 

 

Lina Zerón

México

Discurso de campaña

 

La inseguridad en México ha llegado a tal extremo, que uno de los ofrecimientos de campaña de los candidatos a la presidencia de la República fue: “mejorar los sueldos de los cuerpos policíacos y poner cámaras de video por toda la ciudad” y mientras esto se realiza, se recomendó  a los ciudadanos que procuraran no caminar solos por calles peligrosas; para ser precisos, se refirieron a cualquier calle comprendida en la zona que se ubica entre el Río Bravo y el Río Usumacinta.

 

Del libro: Mini-crónicas de Listón

 

 

Ernesto de La Calle
Puerto Madryn Chubut Argentina

 

Cuando acabes la tarea
Siéntate con los amigos
Tendrás más de lo que esperas
Y habrá sol en tu camino

Siéntate y di lo que sientas
Entre amigos no se calla
Que interprete lo que expresas
El la vuelta le halla

No sabes lo que valen
Esos minutos "perdidos"
Cuando la vida se juega
La sal el agua el trigo

No sabes lo que vale
Sentarse con un amigo

Cuando vuelvas a tu casa
Trátales como te digo
Muéstrales como se amasa
La llegada de un amigo

Y si no puedes nombrarlo
Porque es planta, perro o nido
Puedes si acariciarlo
Que eso nunca es agresivo

No sabes lo que valen
Esos minutos "perdidos"
Cuando la vida se juega
La sal, el agua, el trigo

No sabes lo que vale
Sentarse con un amigo

 

José Agustín Goytisolo

Barcelona, España, 1928-1999

El que cuenta las campanadas

 

El amante de medianoche, 
el que ansió que ella le siguiera, 
el que cuenta las campanadas 
como un enfermo desahuciado; 
el que pone cara de cárcel 
cuando se mira en el espejo: 
es el furtivo que no duerme 
acechando a su compañera, 
y ella es feliz porque ahora 
vive una noche tan inefable 
y tan honda como la muerte.

 

 

Rosalba Pelle

Argentina

Silencio II

 

Silencio,

enredándose en el otoño,

te llama.

 

Silencio,

desolado en el viento,

te reclama.

 

Silencio,

tembloroso, extraña,

una caricia urgente.

 

Silencio,

mi silencio,

te llama, te reclama,

te espera.

 

 

Guillermo Martín Sánchez Trujillo

Chiapas, México

A mis 22 años

Después del tiempo

 

Van a pasar los años,

cayéndose uno a uno a través de las hojas del calendario;

van a venir malos tiempos de desamor,

de descuido y un poco de olvido sin culpa;

vamos a crecer en arrugas,

en diámetro, en quehaceres y en hastío;

va a crecer el tamaño de nuestra cama.

 

Vamos tal a vez a separarnos

y poner de por medio años de distancia

y barreras de silencio entre nosotros…

 

Pero al final, después del tiempo,

cuando nos alcance nuestro final,

te voy a seguir amando

como te amé la primera vez,

como te amo hoy

y como siempre te amaré.

 

 

Ben Clark 

Ibiza, España- 1984

VII

(Alberca Blues)

 

Nada da tanto miedo como el frío.

Recuerdo la primera vez que unidos,

respirándonos mutuamente -suerte

de extraña criatura entre la lluvia-

sentimos el poder de nuestro abrazo.

 

La noche en que sentimos que la noche

nada podía hacer para matarnos.

Que habíamos vencido.

 

Que el plomo caería desde un luto

altísimo y nosotros allí, como

si nada; como quien oye llover.

 

Habíamos vencido y como siempre,

siendo primos hermanos la alegría

y el olvido, olvidé el miedo que daba

estar en una calle tiritando,

como estoy hoy sin ti.

 

Nada da tanto miedo como el frío.

 

de su libro Los hijos de los hijos de la ira, XXI Premio de Poesía Hiperión. Fuente: Portal de poesia.

 

 

Gloria Fuertes

España, 1918,1998

Algo sucede

Algo me pasa que en mi pecho existe.
Vuelan hormigas y discurren peces.
Suena la sangre y el tambor convoca.
Hay un incendio cerca de mi pulso.
De nuevo el tigre lanza su mensaje.
Tiene mi cama sed de otra figura.
Vuelven las venas a cantar presagios.
Torna el insomnio con sus mil disfraces.
Lavo mis manos para hacerlas suyas,
peino el cabello, río a las vecinas.
Y cuanto miro se convierte en agua.

¡Esto es amor y lo demás miseria!

 

David Antonio Sorbille

Argentina

a Silvia

 

La vida renace en el momento de la pena

los recuerdos se desnudan impiadosos

la memoria denuncia el sacrilegio del olvido

 las huellas se alimentan del silencio

la justicia clama otra vez en el desierto

 las palabras se nutren de obligadas ausencias

 la historia acecha entre promesas y traiciones

 en el estéril simulacro de banderas perdidas

 y sin embargo el asombro y tu perfume

 el tiempo errante y las nubes de otoño

 la poesía que llena tus manos de ilusiones

 el mundo en tu rostro de maravilla luciente

 la esperanza en el umbral de nuestro hallazgo

 los caminos que se abren sin fantasmas

 el alba encendida en tus ojos

 nuestros hijos como semillas definitivas

 y el amor sin pausas ni abismos

 como albores de un sueño infinito.

 

(de “Las Huellas del Silencio”, Ed. 3+1, 1999)

 

 

Víctor Montoya

La Paz, Bolivia

Escritor suicida

 

Esa mañana tomé la decisión de algo que tenía pensado desde hace tiempo: quitarme la vida a las doce en punto del mediodía.

Me senté en la silla del escritorio y concluí el último capítulo de mi novela, que me requirió diez años de acopio de documentos y otros tantos años de trabajo obsesivo. Cuando puse el punto final, sentí que mi vida se vació como el tintero, y con la firme decisión de enfrentarme a la muerte, que me sonreía desde el otro lado de la vida, abrí el último cajón del escritorio, donde estaba el revólver de cachas negras, cañón de metal bruñido y cilindro giratorio, cuya recámara múltiple tenía un solo cartucho en el eje, listo para ser vaciado de un tiro. Por un instante contemplé la maravilla y el peligro de ese arma que me regaló mi padre la noche en que ocurrió ese suceso que iba a cambiar el curso de mi vida.

Levanté el revólver, alargué el brazo y, poniendo el ojo en el punto de mira, la paseé por el cuarto; pero donde ponía la mirada, mi alma no encontraba más que un vertiginoso abismo de soledad y desesperanza. Entonces, abandonado de mí mismo, recogí el brazo y puse la boca del cañón contra mi sien. Quité el disparador, apreté el gatillo y... ¡PUM!!!... El impacto fue tan fuerte que, luego de sacudirme en el aire, me tumbó boca arriba. La sangre saltó a raudales y el olor de la pólvora impregnó el cuarto, ese cuarto que tenía el techo bajo y las paredes atestadas de libros, una puerta que daba a la calle y una ventanilla por donde se calaba un aire tan frío como la muerte.

Pasó el tiempo y nadie indagó por el vacío que dejó mi ausencia, hasta que la policía me encontró tumbado en medio de un círculo de sangre seca, los sesos destapados y el revólver todavía en la mano, el cuerpo deformado por la obesidad y la barba apelmazada donde los bichos hicieron su madriguera.

La policía, sin salir del estupor, constató que yo, en mi condición de escritor suicida, había dejado un montón de papeles sobre el escritorio y una nota que decía: Nadie llore sobre mi cadáver ni deposite flores en mi tumba. Todos sepan que murió un hombre que no pudo encontrar la felicidad sino a través de la muerte...

Cuando la noticia saltó a la prensa: Escritor suicida se quitó la vida a las doce en punto del mediodía..., los lectores se enteraron de que el protagonista de mi novela, hecha de realidad y fantasía, tuvo un desenlace más feliz que mi vida.

 

 

Lady López

México

En el cerrojo

 

En el cerrojo de tu piel está mi llanto

como cicatriz de mi desventura.

Nunca te has preguntado, ¿por qué sollozo

si las aves hicieron del día la primavera?

 

Guardo la distancia del abismo,

la mortaja de tus labios,

tu sudor acorazado

y la incertidumbre de tus besos.

 

Me voy para olvidar la clave del armario

y convalecer a solas mientras llueve.

No entiendes que la noche

es un largo camino cercado por el fuego,

dime, ¿acaso no escuchas un llanto en el cerrojo?

 

 

Jesús Ferreyra

Salta

Victoria

 

Los hilos de plata
se quedaron para siempre.
Tampoco la sutura
borró la huella
del llanto
del dolor.
Cada noche la imagen
te rasguña la piel
que ya no sangra.

También comprendiste
que el hule es la salvación
de las almas.
Ahora puedes soltar la bocanada
del triunfo
sin ahogarte en el fracaso.

de El pan del consuelo

 

 

 

Maria Eugenia Caseiro

Cuba

El Magin

                                                  “...si tales sucesos son/  ilusiones o verdades.”- Calderon

 

Cuando el magno emperador añil da la orden, los corazones laten a la par; la respuesta  es espontánea, global, como si se esforzaran por abastecer de oxígeno un enorme pulmón colectivo. En el mar, el silencio espanta; es mejor cuando canta su salmodia el viento y don Rigoberto saluda, con la gorra en alto, el atardecer colmado de melancolías, palmípedas que huyen y pescadores que desempolvan prístinos cánticos de alta mar.

 -¡Todo a Sotavento!- Vocifera don Rigoberto. La alquimia abisal lo convierte en un fantasma amarillento, escarchado, matizado por la luz del sol que se va apagando en el horizonte. Lo asaltan los recuerdos que confunden a los peces en un romanticismo reflexivo, genérico, saturado de  algas y corales, en un piélago de irrecuperables cadáveres. Los sueños afloran con el desafío de las madréporas. Se entumecen los corazones helados por la lejanía y ya no hay secretos en medio del mar.

Don Rigoberto se rasca la cabeza de pelos escasos y obstinados, frunce el entrecejo y su rostro, se convierte en una pasa gigantesca que guarda dos zafiros chispeantes y redondos que atisban el mar.  Sonríe, y empina la garrafa de cazalla. El tiempo se detiene en un pasaje infinito; las corrientes juegan a destapar olvidadas ánforas, y con la espuma, los fantasmas enraízan sus eclipsadas hazañas a los anales de la travesía. Ve en sus sueños, los sueños de los marineros que se conjugan con el atardecer, abigarrados al olor  de tripas de pescado y la resina.  El espectro de la tarde agoniza, pletórico de quimeras que dibujan sus contornos en lontananza, se entrega a su habitual destino subrayando los atributos del  crepúsculo.

Las almas de los náufragos, perpetuas, aferradas aún a sus antiguos maderos, aparecen de vez en cuando reflejadas por el aura solar, que en el poniente, despide la tarde como una naranja incandescente, impregnada de recuerdos que son devorados gradualmente por el filo del horizonte. Un enorme iceberg cristalizado en el ángelus se levanta soberbio, neptúnico, aguijoneando el gélido espacio.

El embrujo del ocaso se apodera de la tripulación que percibe las vibraciones del universo marino; las sirenas escapan de sus recónditas mazmorras abovedadas, como náyades que ascienden de las profundidades para ser descubiertas; entonan su melodiosa solfa que se origina en una desesperada búsqueda. Los argonautas, con escafandras de membranas salobres, se recrean en la asiduidad de sus coreografías heredadas. Los peces se avalanchan en una aluvión de estirpes que pugnan por prevalecer, mientras los caballitos, las estrellas y las ostras, desfilan en una alegre marcha de alegorías, encarnando su papel de graciosos personajes de fábulas.

La colosal naranja acaba por sumergirse en un simulacro sempiterno para irse al otro lado del mapa astral. En la calígine, fulgura apenas la estrella circumpolar y las bioluminiscencias de los extraños moradores del océano.

Calados por el frío y la humedad, apesadumbradas ánimas que sucumben ante la majestuosidad de las tinieblas, los marinos, sometidos a una voluntad inexorable, consumen licor para avezarse a la lobreguez de la noche, a la resonancia de las corrientes que arrastran inagotables, inmortales moluscos plateados.

La embarcación sin timonel se adentra en las sombras, renuncia a la erudición de la  brújula que permanece fiel a sus registros, silenciosa. Una mano inmaterial empuña el gobernalle, impone el enigmático rumbo. Don Rigoberto se abandona a sus sueños plácidos y soleados al socaire de la bovedilla, impregnado de la cazalla del Santo Pirata Aburrido. Persigue mariposas en un valle saturado de flores silvestres y calamares que cantan al compás del ábrego. Una ballena con un collar de girasoles se deja arrastrar por la pendiente de una cascada transparente, jacintina. Sus compañeros, humedecidos por la salpicadura del torrente, recogen flores policromadas para alegrar las tumbas sin epitafio. Los muertos descansan ya en lugar sagrado, no a merced de los depredadores marinos, ni al desamparo de la noche infinita, pero el enigma de sus patronímicos, el rompecabezas de sus miembros mutilados, que yacen confundidos con otros fantasmas sin nombre, es causa aún del desconcierto.

El mar burla la fantasía del navegante. (Los zafiros avistan un punto brillante en el cielo, allá en el horizonte austral). El Magín lo aborda en sueños, el embate sumerge el valle escarchado de flores y filamentos dorados. Los argonautas se desplazan a babor, esgrimiendo enormes anzuelos con señuelos de bailarinas desnudas que se agitan aferradas a los garfios, lanzando excitantes invitaciones a los marineros. Sopla el austro, y es posible amodorrarse por la brisa, caer en las redes de los fantasmas acorazados que vienen tripulando El Magín, o perecer en manos de las divas embrujadas que muestran sus vergüenzas  sin recato. -¡A ellas!- Vocifera el capitán fantasma, víctima ya de un padecimiento atroz, que lo obliga a retorcerse, rueda por cubierta con los rolidos del barco y lo despierta el rugir de sus tripas que aclaman un poco de fiambre. Los alfilerazos del chubasco lo hieren en pleno rostro. La galerna viene con el aquilón, acompañada de copiosa lluvia, rizando la superficie del mar como un espejo plagado de burbujas. La realidad secular se impone, reanuda su frecuencia irremediable. Los marineros despiertan a su rutina. Rugen sus entrañas al compás de la carpanta y la borrasca, se rinden al soberano que arruina el abordaje, mientras el intrépido mástil del Magín desafía el maleficio del viento y la resaca. Desaparecen las bailarinas, y las flores, y la ballena con el collar de girasoles, y las tumbas sin epitafio..., don Rigoberto, rescata la gorra de galones azules y amarillos de entre las redes revueltas en la cubierta del barco. -¡A la capa!- Avanzan, ajetreados fantasmas, campeando el temporal, hundiendo la proa en la codiciosa bocaza de espuma. Poco antes de salir el sol, don Rigoberto se quita la gorra aliviado,  ve como El Magín se alza de proa, augusto, dejando atrás una estela de espuma gris.

El regreso del astro rey entusiasma la mañana, asciende gradualmente para ocupar su estrado en el cenit, que lo espera, cerúleo y acicalado. Sopla un viento favorable del norte y del este. -¡Tierra a proa y a estribor!, ¡Todo a sotavento!-. El barco vira a bordo en una disciplinada maniobra. Las gaviotas reanudan su vuelo rapaz incorporándose al paisaje entre los cirros que irrigan el zarco espacio. El magno emperador azur, muestra su inmensidad como un sabio hierático que conserva la vastedad de su dominio in aeternum. Y otra vez, los corazones laten simultáneamente. El Magín avanza diligente, hechizado, como si el aliento de un pulmón colectivo, impulsara su viejo caparazón de madera.

 

 

Nancy Morejón

La Habana, Cuba

3

en la descarga del viejo instante

viste a la ciega respirar el ocaso asfixiado de plaza Alberti

 

fantasma en tu lugar

y demonio

cansado

que fuma

 

 

Reinaldo Cedeño Pineda

Cuba

Mi novia es una geisha

 

Shiso

tengo miedo cuando te inclinas   no vayas a quebrarte

miedo a tocar tu kimono de hilos de oro

y adivinarte detrás del abanico  un corazón como el Fuji

cuando retocas los polvos de arroz

cuando te doblas sobre la estera de bambú

cuando tus dedos ligeramente tibios

rozan el tazón   apenas

y el vapor con un leve olor a cerezo hace volutas   origamis

caligrafías que se cuelgan del aire

Shiso

un bonsai solitario en la pequeña mesa nos separa

tres siglos nos separan

tengo miedo que un suspiro haga caer las orlas de tu pelo

que se rasgue la puerta de papel

mientras cantas una larga canción    una canción de dioses y de nubes

me voy olvidando que existe un mundo más allá de la mampara

Shiso

entrecierra los ojos    ya va a dejar el shamisén

va a descalzar sus pies

Y tengo miedo.

 

 

Eugenio Montale

Italia, 1896-1981

Huesos de jibia VII

 

Muchas veces he encontrado el dolor de vivir,

era el flujo retenido que rebrota,

era el acartonarse de la hoja

seca, era el caballo desmayado.

 

El bien no hallé, fuera del prodigio

que nos revela la divina Indiferencia:

era la estatua en la somnolencia

del mediodía, de la nube y del halcón muy elevado.

 

Traducción  libre del italiano por Adriana Alarco de Zadra

 

 

José Antonio Neri Tello

Mexico

 

tengo presente que estoy en otro sitio

a cada habitante le corresponde meno espacio

los vecinos siempre invaden

hay que descender del metro

caminar bajo las aceras

vigilar que ningún auto atropelle

 

es imposible los retrasos

aunque el día comience con uno

 

cuando estoy contigo

cambia

la ciudad queda solitaria

y se asemeja tu cuerpo

 

 

Noé Lima

El Salvador, 1971

Mar

                                        A Mar Manceñido Cuadra

II

 

Oscuro

vácuo 

la noche vacía el delgado terciopelo transparente

de corazones líquidos en el asfalto

donde huellas suaves de raíz

abrazan avenidas con cerrojos

extraídos del más profundo MAR

 

la torva bóveda amplísima de bombillas

está cubierta del más duro rocío

de tus manos minerales

 

otra vez

me llueves de tinta en los caminos

 

 

Luis Borja

El Salvador. 1985

Oscuridad

 

El áspero silencio

mutila lentamente al escarabajo marmolizado

destruido con plumas

en la habitación abismal oscura

Dolor petrificado

Silencio punzante del tiempo

 

LOS RELOJES SIMPLEMENTE OLVIDAN

Y SE INMUNIZAN CONTRA EL DOLOR

 

El cordero se  ha llenado de espinas

La rosa puebla jardines oscuros

Las espinas doblegan al escarabajo marmolizado

Silencio

no cabe mas silencio

Dolor fétido descuartizadorintravenoso

Arranca esta lágrima negra de olvido

 

DEL TECHO

                      CUELGA UN CUERPO SIN SOMBRA

 

Taller de poesía del parque- El Salvador

 

 

Jorge Carrasco

Argentina

1973-1990

 

      Después de la algarabía de unos y el silencio de otros, y después del alboroto de los silenciosos y el silencio de los entusiastas, hemos estado mucho tiempo mirándonos. Nos reconocimos como dos riberas de un mismo río, nos espiamos de soslayo, pero las aguas de Heráclito seguían su curso, ignorantes de nuestra cultivada distancia.

     Entre yo y aquél nunca nos tocamos. A pesar de haber nacido de una misma madre, no fuimos hermanos. A pesar de haber bebido de la misma leche, tuvimos diferentes venenos en la sangre.

     El seno derecho a que se prendía aquél siempre tuvo leche y alegre se agitaba en su próspera turgencia. El seno izquierdo de mi madre, reseco y triste, recorrido mínimamente por un líquido seroso, apenas me quitó la sed.

     Él creció, y está rozagante, y habla. Yo apenas tengo ganas de abrir la boca, y no escucho. Quizás algún día él se canse de decir, y yo, cuando se calle y esté dispuesto a escuchar, ya no tenga nada que decir.

 

 

Carlos Carbone

Argentina

A orillas del Río Uruguay

 

Por la ventana veo pasar

un barco carguero

                                               lleno de maderas

su andar es lento

                como un tigre cansado.

 

Viene

de río arriba

                buscando un descanso

es un bostezo marrón

en medio de tanto verde.

 

Yo

que traigo ilusiones viejas

                               miro sorprendido

ese barco es un espejo

                                               donde hoy

No quiero mirarme.

 

 

Manuel Lozano

Argentina

De un mendigo en Washington Square

                                                                            ...Y viendo el humo de su incendio,
                                                    
dieron voces , diciendo: ¿Qué ciudad
                                                        
era semejante a esta gran ciudad?
                                                                          
Apocalipsis, 18:18

Habría mirado las bóvedas multiplicándose
en alargadas filas contra la lluvia.
¿Cuál es el arroz, cuál ese conejo alado de Cimabue,
dónde está el yeso que trajeron de Umbría las intercesoras,
aquellas madres primeras de mi especie?
Era una mesa blanca, casi traslúcida,
vestida para la exageración y el desprecio.
Podría ser nebuloso patíbulo,
aunque nunca tablón ritual de aniversarios.
Un opulento pasajero enciende las lámparas.
Los comensales -mis hermanos- han muerto ya.
El arco solar se ha derribado.
¿Qué carpintería nómade para esta bacanal de Narciso?
¿No miras sumergirse la casa? -pregunta la figura-.
Del robo de las pieles nace el vuelo.
Y así empieza la historia.
El musgo ofrece un ácido perfume
a patio de destierro, a caireles dispersos
entre los matorrales donde juega el niño del triciclo rojo.
(Ahora reconstruye risas en mitad de su cráneo.)
¿Era la distancia de la diferencia?
¿Los harapos de la más cruel cercanía?
¿O la abisal condición para destituir a su rey,
el valimiento de un iluso crucificándose?
Rotan las cláusulas.
Se instalan en éxtasis de Pound todos los enunciados.
Pensó en la cabeza comida por insectos de su padre,
en el jugo incalculable, ahora seco,
rondando entre los dientes del pequeño difunto.
Fuiste un agujero, la grieta de mi corazón - afirma la figura-.
No habla.

Aun antes de acostarse del lado del vacío, gesticula.
(Un llamado de hidra ha regresado a la cueva.)
Brevísimo, respiran todavía sus membranas.
Nada es legendario en la dársena sacrílega.
¿En qué madejas del segundo tiempo merodeará
esta geometría del verdugo?
Va adentrándose en la palabra carente:
palabra sin inicial; juzgamiento de vigilia.
Grazna y husmea.
Que no suplique ayuda con un arpón en la boca.
Se abrieron las sienes de mi escalofrío.
Cavidades lechosas donde hubo un pasado,
¿por qué duermen así, junto a la espuma?
Son los habituales.
Son los faústicos delatores.
Son los imaginados.
Son los que agitan la lepra bajo pieles fastuosas.
¿Retornarían desde un mísero exilio?
Muerdes madera en el poema, invención extremada.
Fermentan las hojas.
Desciendo los escalones y aspiro en cuclillas
el temible torbellino de la idolatría.
Es el ruinoso chacal de esta profanación.
Lanza increíbles objetos.
Al reflejarse en el revés de un espejo de bronce
-mira paciente, hiberna con traidores-,
dibuja la espantosa raíz del simulacro.

 

de su libro "Mansión Artaud"

 

 

Daniel Mourelle

Buenos Aires, Argentina

Necesidad del mal

I

 

El león : cerca
                        recuerdo la fuga
Salem : destello

aquel día
los dientes blancos
se te pegaron mis ojos — la sal y el pez

 

 

Juan José Arreola

México, 1918-2001

Corrido

 

Hay en Zapotlán una plaza que le dicen de Ameca, quién sabe por qué. Una calle ancha y empedrada se da contra un testerazo, partiéndose en dos. Por allí desemboca el pueblo en sus campos de maíz.

Así es la Plazuela de Ameca, con su esquina ochavada y sus casas de grandes portones. Y en ella se encontraron una tarde, hace mucho, dos rivales de ocasión. Pero hubo una muchacha de por medio.

La Plazuela de Ameca es tránsito de carretas. Y las ruedas muelen la tierra de los baches, hasta hacerla finita, finita. Un polvo de tepetate que arde en los ojos, cuando el viento sopla. Y allí había, hasta hace poco, un hidrante. Un caño de agua de dos pajas, con su llave de bronce y su pileta de piedra.

La que primero llegó fue la muchacha con su cántaro rojo, por la ancha calle que se parte en dos. Los rivales caminaban frente a ella, por las calles de los lados, sin saber que se darían un tope en el testerazo. Ellos y la muchacha parecía que iban de acuerdo con el destino, cada uno por su calle.

La muchacha iba por agua y abrió la llave. En ese momento los dos hombres quedaron al descubierto, sabiéndose interesados en lo mismo. Allí se acabó la calle de cada quien, y ninguno quiso dar paso adelante. La mirada que se echaron fue poniéndose tirante, y ninguno bajaba la vista.

-Oiga amigo, qué me mira.

-La vista es muy natural.

Tal parece que así se dijeron, sin hablar. La mirada lo estaba diciendo todo. Y ni un ai te va, ni ai te viene. En la plaza que los vecinos dejaron desierta como adrede, la cosa iba a comenzar.

El chorro de agua, al mismo tiempo que el cántaro, los estaba llenando de ganas de pelear. Era lo único que estorbaba aquel silencio tan entero. La muchacha cerró la llave dándose cuenta cuando ya el agua se derramaba. Se echó el cántaro al hombro, casi corriendo con susto.

Los que la quisieron estaban en el último suspenso, como los gallos todavía sin soltar, embebidos uno y otro en los puntos negros de sus ojos. Al subir la banqueta del otro lado, la muchacha dio un mal paso y el cántaro y el agua se hicieron trizas en el suelo.

Ésa fue la merita señal. Uno con daga, pero así de grande, y otro con machete costeño. Y se dieron de cuchillazos, sacándose el golpe un poco con el sarape. De la muchacha no quedó más que la mancha de agua, y allí están los dos peleando por los destrozos del cántaro.

Los dos eran buenos, y los dos se dieron en la madre. En aquella tarde que se iba y se detuvo. Los dos se quedaron allí bocarriba, quién degollado y quién con la cabeza partida. Como los gallos buenos, que nomás a uno le queda tantito resuello.

Muchas gentes vinieron después, a la nochecita. Mujeres que se pusieron a rezar y hombres que dizque iban a dar parte. Uno de los muertos todavía alcanzó a decir algo: preguntó que si también al otro se lo había llevado la tiznada.

Después se supo que hubo una muchacha de por medio. Y la del cántaro quebrado se quedó con la mala fama del pleito. Dicen que ni siquiera se casó. Aunque se hubiera ido hasta Jilotlán de los Dolores, allá habría llegado con ella, a lo mejor antes que ella, su mal nombre de mancornadora.

 

 

Alfredo Ariel Carriò

Argentina                                                              
Buenas Intenciones

 

El Señor se comprò una corbata acanariada

para el homenaje de que se yo que cosa.

 

Era justo cuando la cintura de las uvas

desparramaba miel sobre el campanero que tocò la hora .

 

La Señora se tiñiò el cabello rojo

animándose a asistir a una boda.

 

En la taberna llovida de pianolas

el otoño convencìa sin suerte

a los feriantes que olvidan el olvido

y en las lucecitas encendidas arde troya .

 

Los Hijos del Señor y la Señora

eligieron prendas  con ojales que espantaban a las lunas .

 

Estàbamos tranquilos en la compulsa

de una tarde disonantes porque existen otras .

Se apuraba el aire freco de un combate

sobre los dientes del maìz salvaje y la cebolla .

La dinastía fatal del Señor y la Señora

fracasò un dìa en que el pan

sostuvo una mesa de un ángel para todos

y el vino sin agotarse 

presagiò que podìamos cantar

en el tinglado del ùltimo violìn

convidando mariposas .

 

No nos fue posible disuadir al Señor y la Señora

porque seguimos persiguiendo una simple partitura .

 

Nos acomodamos en cualquier parte

para abrir y reabrir

todos los mundos con orquestas propias.

 

 

Angel Manuel Gómez Espada

Murcia, España

VIII

 

"Los hombres matan a las mujeres porque no pueden soportar a las mujeres reales que viven dentro del cuerpo de las mujeres que desean"

                                                                                                                                                      Ray Loriga. Tokyo ya no nos quiere.

 

Es cierto. No amo a las mujeres reales.

Me sirven para poca cosa, la verdad.

Me siento, las miro, las desnudo,

les pago y les pego, follamos un rato

indiscretos, sin comentarios ni protecciones.

 

¿Quién teme las enfermedades

cuando él mismo es un monstruo?

 

De: Metamorfosis del huésped

 

 

John Cuellar

Perú

Deseo memorable

 

Realmente duele en el pecho

la desolación agresiva,

más si, imprevista o repentina,

humedece los pómulos vulgares.

 

Al igual que ayer,

me encuentro en un funeral,

en medio de un bullicio

que oscila entre clásico y grotesco.

 

Y la canción exótica

de un tal Perales blasfemado

amarga en la garganta

de mi intrincado cerebro.

 

Desearía imaginar,

siquiera a manera de boceto,

una imagen encriptada

que mi lucidez no puede hallar.

 

Y desearía recordarla como ayer,

cuando, en medio de un café amargo,

yo esquivaba miradas, temas,

interrogantes, mensajes sutiles.

 

 

Antonio Aliberti

Argentina, 1838- 2000

Destino

                         Quien anda de viaje se lleva todo lo
                                     que tiene, también la fiebre.
                                                        Bartolo Cattafi


Un tren que sale siempre va a alguna parte
un hombre que sale no siempre va a alguna parte
aunque viaje en el mismo tren;
un hombre que sale se lleva todo a cuestas
se lleva todo lo que tiene:

(también sus ganas de quedarse)

(también sus ganas de no ir a ninguna parte).

 

 

Luis Marcelo Pérez

Uruguay

5

Por qué mi cuerpo late

cuando te recuerda, y

mis ojos no hacen más

que mirar al vacío

profundo

de esta soledad en compañía.

 

De Poesia en estado natural.

 

 

Rafael Farias Becerra

Chile

corazones de helio

 

los viernes eran una fiesta de churros

piropos con manjar a nuestros corazones

si inflados con helio

se iban elevando por la noche se iban

a colgar de la última estrellita

iluminando el peladero

para que alguien los recibiera como nuestra alegría

prendiera por nosotros

entre los escombros 

una fogata 

y no se afligiera que la luna nos tiene dando vueltas

en un tagada con música onda disco

nos tiene plateados los ojos en su lluvia de papeles

y un niño que los recoge nos dice tome

reciba por favor un poemita callejero

ud no creerá que alguien

pueda dejarse para sí las palabras

 

De, Tras el espejo ol as bellezas que somos allí

 
 

Oscar Marchesin

Montevideo, Uruguay

Luego de la tercera reencarnación

 

Sin cumplirse las teorías

Lo hizo una vez màs en sí mismo ...

 

Se reencontró por tercera vez con su cuerpo sus olores

Sus gustos limitaciones egoísmos dolores

Sus mujeres animales libros poemas relojes y resacas ...

 

El paìs era otro la casa era otra y su nombre quizàs

fue rico fue pobre mendigò y diò

Para el mundo empapelado cumplió màs de 200 años ...

 

Fue feliz fue inerte fue infeliz casi inhumano

Amò nunca fue amado matò casi lo mataron ...

 

Luego de la tercera reencarnación

Le pareciò increíble y casi suicida

otra vez se preguntò ...

 

Renaciò de noche de una hoja casi seca poca su sabia

Y la pluma aùn caliente de un àguila guerrera ...

 

Pudo ser árbol pudo ser pàjaro

Su mismo dios de siempre quiso que sea él ...

 

Despertò al amanecer cubierto por la pluma

Recostado sobre la hoja

Mojado aun del rocío desnudo sin mucho rumbo

Encandilado por los primeros rayos

Recordando un llanto aullado a la luna

Incorporado caminò hacia las luces ...

 

Y fue casi humano casi incorpóreo …

Se lanzó hacia el mundo

A recorrerlo una vez más

A sabiendas de su suerte ...

 

 

Héctor Bruno

Argentina

Patio con lluvia

      “Ha besado la lluvia al jardín provinciano

dejando emocionantes cadencias en las hojas”

                                 Federico García Lorca

 

Lluvia en el patio,

golpeteo incesante

sobre la cara de las flores

y el verde paño de la grama.

Cae el cielo

fracturado en gotas

arrancadas de nubes

pintadas con  relámpagos.

 

Quietos ladrillos 

contemplan

senderos de agua

sobre el lodo de la tierra.

Se siente la nostalgia

del sol ausente que,

solitario, se oculta

y rueda

a salvo de la lluvia.

 

 

Harmonie Botella Chaves

El Campello . Alicante. España

Las mil y una noches

 

Quimeras de Oriente,

incienso, sándalo y bálsamo,

perfumes envasados en plata y oro

embriagan los sentidos y las razones.

Ungüentos de ámbar y azahar se introducen

por los poros de la esencia de la humanidad.

Los sentidos desquiciados por las fragancias,

aturdidos buscan las  mareas libidinosas

que les conducirán hacia las tierras prohibidas.

 

 

Elmer Diktonius

Helsinki, Finlandia, 1896-1961

Hambre en Londres
I

¿Dónde voy a dormir esta noche?
El bobby me echa del banco -
no quiere hacerme ningún daño, dice
pero tiene su sueldo.
Tampoco yo quiero hacer ningún daño
pero no tengo sueldo
y no sé
dónde voy a dormir esta noche.

 

Juan Carlos Gómez Juárez

Tucumán, Argentina

(tengo casi media hora / de quien eres)

 

 / quien soy / quien debo ser / afuera la ciudad sumida en cenizas / gente borracha de melancolía / da vueltas alrededor de un deseo / y los sueños pasan envueltos en perfumes / taconean virtuales veredas / rechina el silencio detrás del minuto / la vida que vivo / que vivimos / pasa rauda / la vida que muero / que morimos pasa veloz y me resucita siete veces siete / setenta veces siete / como un gato en plena selva / garras de ternura / tengo casi media hora / de vivirme con pasión enamorada / en la patria de la escritura

 

 

Julio Acuña
Costa Rica

Invitación del pájaro

 

Deja mi vibración tranquila.

Confundo la seda y el cuero.

Mi trino de alambre tilda pasiones

que despreció la luna.

El culantro avisa de su color

y yo ceniza.

Deja el murmullo

y acoge mi inquieto corazón.

¡No latiremos más algún día!

Los árboles habrán vuelto

y algún nido tendré reservado.

Deja que te hable,

que te arrulle el paso.

Reúnete a mi lado

si piensas no volver.

Volaré muy lejos,

no llevarás candados.

 

Alan Mills

Guatemala, 1979

A una rosa

 

Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza,
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida,

de tu caduco ser das mustias señas,
con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!

 

 

Claribel Alegria

Nicaragua

No puede

No puede conmigo
la tristeza
la arrastro hacia la vida
y se evapora.

 

 

Françoise Roy

Quebec, Canadá, 1959

El cuenco

 

                Con un cuenco agujerado, el ángel de las lágrimas ha de recoger lo que no lloraste de verdad, los pétalos de lluvia salada que no deshojaron tus ojos.

                La nube del alma te flota en medio de dónde me quisiste retener en su costillar postizo con una correa de diamante. La nube se deshilacha en mi boca; mastico la parte más blanda de ti.

                ¿Es blanda una nube?

                ¿Es agua levitando?

                ¿Soy yo la que te escupe en el cuenco?

 

 

 

Indran Amirthanayagam

Sry Lanka

Juárez

I

 

Ni moscas, ni jejenes: alitas

nacidas en el polvo, mitocondria

se entrelazan dando vueltas

en el aire ante la mesa

donde los poetas hablan

de escribir sobre los cadáveres.

 

 

 

 

Ronaldo Monte
Maceió, Alagoas, Brasil- 1947
sem roca nem fuso

cada roca tem seu fuso
cada terra tem seu uso
cada porca um parafuso
cada claro o seu confuso
cada certo um obtuso
cada festa seu intruso
até que um dia as rimas se acabam
a métrica perde sua função
e as coisas deixam de ser tão certas
como até então deixavam transparecer.


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William Butler Yeats

Dublin, Irlanda. 1899-1919

El vino entra en la boca

El vino entra en la boca
Y el amor entra en los ojos;
Esto es todo lo que en verdad conocemos
Antes de envejecer y morir.
Así llevo el vaso a mi boca,
Y te miro y suspiro.

 

Nobel por la literatura 1923

 

 

 

 

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