Isla Negra 2/81
Casa de
poesía y literaturas.
Septiembre-006-
suscripción
gratuita. Lanusei,Italia. Dirección: Gabriel Impaglione.
Publicación inscripta en el Directorio Mundial de Revistas Literarias
UNESCO
Tocotoco porosamarrascalas tocoteclas de nerviosmuellestejidos que me tocancicatricescenizastrópicos vientres tocosolos solosresacasestertorestoco y mastocoy nada Prefiguras de ausenciainconsistentes troposqué tuqué quéqué quenasqué hondonadasqué máscarasqué soledades huecasqué sí qué noqué sino que me destempla el toquequé reflejosqué fondosqué materiales brujosqué llavesqué ingredientes nocturnosqué fallebas heladas que no abrenqué nada tocoen todo
En el fondo forestal del día
El acto simple de la araña que
teje una estrella
en la penumbra,
el paso elástico del gato hacia la mariposa,
la mano que resbala por la espalda tibia del caballo,
el olor sideral de la flor del café,
el sabor azul de la vainilla,
me detienen en el fondo del día.
Hay un resplandor cóncavo de
helechos,
una resonancia de insectos,
una presencia cambiante del agua en los rincones pétreos.
Reconozco aquí mi edad hecha
de sonidos silvestres,
de lumbre de orquídea,
de cálido espacio forestal,
donde el pájaro carpintero hace sonar el tiempo.
Aquí el atardecer inventa una roja pedrería,
una constelación de luciérnagas,
una caída de hojas lúcidas hacia los sentidos,
hacia el fondo del día,
donde se encantan mis huesos agrestes.
Paulina Vinderman
Buenos Aires, Argentina
7)
El sargento cojo reparte las mantas
como medallas al valor.
Recorro con él el pabellón y me
cuenta
su historia, amarga, (almendra
amarga sin cianuro).
Padre mira con asombro su manta
anaranjada
que resplandece como alguna vez
su vida,
como alguna vez el pelo de mi
muñeca
en su bolsillo enorme.
Da vuelta la cabeza, se va a su
rincón sombrío
sin que pueda seguirlo,
yo quedo tratando de hurgar
entre los hilos
de la vieja cobija alguna letra
de un idioma
perdido.
Soy una epigrafista.
Y creo en mi dolor.
Miguel Hernández
España, 1910-1942
Yo no quiero mas luz que tu cuerpo ante el mío
Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante
el mío:
claridad absoluta, transparencia redonda.
Limpidez cuya extraña, como el fondo del río,
con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda..
¿Qué lucientes materias duraderas te han
hecho,
corazón de alborada, carnación matutina?
Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho.
Tu sangre es la mañana que jamás se termina.
No hay más luz que tu cuerpo, no hay más
sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al poniente.
Claridad sin posible declinar. Suma
esencia
del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia
acercando los astros más lejanos de lumbre.
Claro cuerpo moreno de calor fecundante.
Hierba negra el origen; hierba negra las sienes.
Trago negro los ojos, la mirada distante.
Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.
Yo no quiero más luz que tu sombra
dorada
donde brotan anillos de una hierba sombría.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
para siempre es de noche: para siempre es de día.
Gonzalo Rojas
Chile
Enigma de la deseosa
Muchacha
imperfecta busca hombre imperfecto
de 32, exige lectura
de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,
b) toda su piel liviana
para los besos, c) mirada
verde para desafiar el infortunio
de las tormentas;
no va a las casas
ni tiene teléfono, acepta
imantación por pensamiento. No es Venus;
tiene la voracidad de Venus
Elsa TióPuerto Rico
Mirarte a ti es mirar a través de la lluvia,oi en tu corazón lejanas puertas que se cierrandejando atrás los restos de la noche.Conoces mis corrientes, mi fondo, mis naufragiosy tus manos abiertas vuelan sobre mi pielcomo las aves sobre el mar.Hay espacios en tus sueñosque coleccionan barcos y paisajespara cruzar por ellos como en mi propio sueño.hay cosas que te nombran aunque no te conocen,hay luna sobre las alas de las mariposas,y con la marejada del mar que canta y crecenuestros cuerpos sueltan como los barcos sus amarras.
Génesis A mi pequeña Leonor. De las altas tierras de Colombiade Ibagué imposibleal país de las guarias llegabascon tu aroma de caféy el par de almendras de tus ojos embriagóa mi moreno corazón nicaraguense.
Antonio Macías Luna
Poeta
No estoy a disgusto, encerrado con versosen la cárcel de vidrio donde algunos se asoman.Me encarcelan a gusto mis letras serpentinas.Me acuesto, enamorado, con frases concubinas. Mis pupilas sostienen redondos cristalinos,donde puedo mirarme desafiando al vacío.Me apoyo en el pescante firme de los poemas,en carruaje sin riendas, a punto de caeren las redes de un mundo difícil de entenderme. Podría respirar en el fondo marinocon jibias despeinadas y caballitos quietos,con algas que me arropen proporcionando oxígeno,lírica a mis pulmones. Nado contra corrienteentre perlas con risa, entre perlas con llanto. Y así buscan la orilla de los mares poéticosmis palabras atléticas que no corren en balde;las que alcanzan la playa sin ayuda de nadie.Las enseñé a nadar cuando me dieron vida,cuando salí rimando del vientre de mi madre.
Charles Boudelaire
Francia, 1821-1867
Eres un bello cielo de otoño, claro
y rosa.
Pero en mí la tristeza como la mar
asciende
y deja en el reflujo, en mis labios
morosos,
el recuerdo punzante de su légamo
amargo.
Tu mano roza en vano mi pecho
dolorido.
Lo que busca, ¡oh amiga!, es un
sitio asolado
por la mujer de garras y de dientes
feroces.
Mi corazón no busques: lo comieron
las fieras.
Es un palacio sucio de confusión,
en donde
se bebe y se da muerte y se agarra
del pelo.
-Nada un perfume en torno de tu
pecho desnudo….
Belleza, duro azote de las almas,
lo quieres.
Con tus ojos de fuego, brillantes como fiestas,
calcina esos jirones que las fieras
han dejado
Regressámos ao anonimato
mais leves.
Mas é minha a muda inquietação
esse temor
da armadilha do cinismo.
A
noite contempla-nos
despojados de sonhos
e, tu disseste
- tão próximas as estrelas –
tão longo o caminho para chegar a elas.
Do Tempo Suspenso
Yo
digo nos estamos muriendo
más rápido que de costumbre.
Mal
pasa el tiempo por mi casa,
por tu casa, el mundo.
No somos un libro de autoayuda.
No
cumplimos con los requisitos,
ni siquiera sabemos gritar
una flor azul.
Salvatore Quasimodo
Italia, Modica, Sicilia (1901-1968)
Pronto
se hará de noche, de Aguas y tierras
Todo el mundo está solo
en el corazón de la tierra
traspasada por un rayo de sol,
y pronto se hará de noche.
Almandrade
Brasil
La profesora sale de la clase
vuela en la imaginación
con las alas
coloridas
de una mariposa
un cuerpo en la transparencia
de lo erótico
un saber en el habla
una arquitectura femenina
como la lluvia
moja el antojo
pero el agua
fría
escurre apresurada
huye
por laberintos indecisos
para bien distante.
jugando a la
rayuela por mi sombra”
Me coloco
detrás
y lo
observo en silencio
sin
perturbarlo.
Lo
reconozco no obstante
y me
conmueve.
-No quiero que me vea
no entendería.-
Ha partido
bien
pero los
obstáculos
sin duda
aumentan.
Ha dejado la
Tierra
el uno,
el dos, el tres,
pero debe
alcanzar
el cuatro
el cinco.
Mi mente l acaricia
como para
darle confianza
Sé que le
hace falta
¡Tanta
falta!
Pero debo
seguir
Y él
Llegar solo
Hasta el Cielo.
Carlos Domingos
Portugal
Istmo
Um preso político é como uma
península:
rodeado de lobos por todos os lados
menos por um - a certeza
que o liga aos companheiros.
(Prisão de Caxias, Outubro de 1972)
Gabriela Bruch
Argentina
reverberación de la luz en el horizonte en llamas
animalito
acorralado por el desamor
tiemblan las alitas, las patas corroen la tierra
se alza la mirada como un gigante
así somos , sí,
nos reconocemos en el acto
sin embargo, estamos diseminados en un mundo paralelo
diseminados
sólos en un conjunto atroz de marginetas
el alma del alma no conoce de palabras
ya no escribas más, no escribas, hacé canciones
gritale al viento, amamantá a una loba
ya no escribas, por favor, no escribas
Aristas
espadas de la noche
cuelgan
sobre el cuerpo aterido
Paso a paso camino sin rumbo fijo
mi espíritu abre cauces en
calles despobladas de la ciudad
perdida
La oscuridad se cierne sobre paredes derrumbadas
ellas no entregan los secretos
que habitan
sus terrones ahítos de
historias
mías
del otro de todos los
amantes desconocidos ignorados
perdidos en la memoria convertidos en
fantasmas
hoy gritan
su regreso y atropellan el
olvido
Vengo a recoger los despojos
dejados por donde he transitado
siguen allí
adheridos a las paredes
que han
sostenido mis huesos agotados de
esperas
Inútil
sólo consigo desprender trozos de cal
mezclados con sangre
desvasada de las manos
al arañar escombros de la que fue mi casa
Desandaré rastrojos en donde se truncaron
sueños de adolescencia y libertades plenas
sin códigos sagrados ni ley alguna deteniendo el paso
Separaré
uno a uno los miembros de este
cuerpo
serán testigos de la vigilia de nocturnidad
no hay
palabras ni gestos aturdidos
el viento trae
el quejido del sauce de
allá del campo santo
el aullido de aquel perro realengo me
atormenta
una lengua filosa lame el pecho desnudo
en la alucinación una mano se extiende
la aprisiono y se escapa por aquella rendija del postigo
En manto oscuro regresa la neblina
y el canto de la pavita aún eriza mi piel
Me golpean deseos de borrar este tiempo
volver al claustro sentir la dualidad interna
nacer de nuevo reiniciar el ciclo
con la
otredad pisando los talones
no importa
la aspereza que roce mi destino en el regreso
Una
voz campanea en mi mente
como perro acezante jadea en mi espalda
Es la muerte llegando
nada detiene su aire oscuro ni su frío sudario
avanza simplemente con la cuchilla en alto
y las cuencas sin ojos el soplo helado sobre mi hombro
se
acentúa sin pedirme permiso
sin embargo no hay miedos
me quito los zapatos me siento a la ventana
escribo este poema y espero... en soledad
Dimas Lidio Pitty
Estas llanuras
Primero fueron de la soledad y del silencio;
después, de los dioses de la lluvia,
del trueno, de la brisa.
Luego, de la luna, del pasto,
de los animales y de las albas.
Más tarde,
durante mucho tiempo,
las ocuparon las tribus y sus mitos.
Ánimas en pena, Tulivieja, brujas,
Cadejo, duendes, pavas de tierra
recorrían rastrojos, quebradas y planicies.
Un día,
sin anuncio previo,
llegaron hombres con fusiles, espadas,
cruces,
armaduras y caballos.
Los guiaban ambiciones, espejismos y sueños.
Con ellos vino un dios de larga barba
que ahuyentó a los otros
con infierno, purgatorio y paraíso.
Desde entonces todo fue diferente:
animales y pobladores huyeron a los montes,
se sometieron
o fueron exterminados.
Y siguieron siglos de mansedumbre,
nacimientos, muertes, rezos
ilusiones y tareas cotidianas.
pero cada día hay más forasteros
y dólares
en pueblos y caminos.
A esos no les interesan
la historia, las tradiciones ni la gente,
sino tierra, clima, aire,
paisajes y horizontes.
Los nativos acogen a los extraños,
la metamorfosis de los días
y las nuevas costumbres,
deslumbrados y risueños;
y, prontamente,
de buena fe
--como los nativos de antes--,
cambian
terrenos, ojos de agua, cielo,
futuro y raíces
por dinero.
no quedará de ellos huella ni memoria;
que también desaparecerán,
como los bosques,
los animales,
las tribus
y los dioses.
Francisco Miguel López jiménezAlhaurín de la Torre, Málaga, España
a Ramón Ibáñez, in memoriam En música de grajoscuajó diciembrealfileres de metralla,lumbres en tu pechoa la voz de; disparen.Los cristales de libertadtiñeron la arenade sangre fragmentadapara tu destino cóncavo. Desde las biznagas rojasque copiara tu sangreyo escribiré soles y gaviotas,libertad y padrenuestro. Porque te quedó amory vida no usada,ilusión y sueñospara en tu maridajey porque tu libertades mi libertaden un párrafo de historia,yo me descubroy encumbro tu nombre.
Argentina
El otro lado del silencio
Cuando las voces callan
y solo se escuchan trinos en el aire
y el viento se detiene
y todo es calmo
vuelven
los féretros de las palabras
muertas
los ecos de lo no dicho
el grito trunco
el otro lado del silencio
la conciencia
Ana
Istarù
San
josé de Costa Rica, 1960
Hoy es viernes
Hoy es viernes,
y es como si el viernes
hubiese penetrado
mis más oscuros movimientos
revolcando recuerdos
con su estrépito de galgo,
asustando golondrinas de papel,
afán café de echar a volar
los campanarios
para golpear el viento.
de La estación de fiebre y otros
amaneceres//Visor Madrid 1991
Carlos Aldazabal
El nombre de las cosas
Después de discutir unos minutos
ambos colocan sus ojos en lo alto.
Nadie se atreve
a preguntarle a la luz
cuál es su nombre.
En todas las razas
la
lluvia sobrevive.
Porque
es limpio animal de su luz,
su
raíz
se
prolonga
hasta
el centro del color.
La
lluvia es una espada, una mujer,
un
niño, una ciudad, una distancia,
una
botella en el mar y más que nada
la
lluvia
es
un
sitio.
Porque
a ella concurren
y
de ella se precipitan
los
habitantes mudos
hijos ciegos de la lluvia.
Y desde entonces, cuando
la arteria del pálido metal
fue abierta de par en par
sobre la extendida industria de la clorofila:
no quedó flor
sin bajar la mollera;
no quedó obrero crucificado
sin un cuchillo en el pecho;
no quedó esquina sin un niño mutilado;
no quedó espacio sin un grito de dolor.
Ojos muertos florecen,
ojos muertos vuelan
y caen sobre el duro pecho
del país diseminado.
Ya, ni los versos bastan,
ni un ojo abierto
en la monumental geografía nocturna,
para que la lágrima derramada
posponga su nivel de escultura.
Damaris Calderón
Cuba
Esta sera la única mentira en la que siempre creeremos
De: Con el terror del equilibrista, La Habana, 1987.
Venezuela
Existencia
de naturaleza multiversa
reconfiguras mi lógica
y haces de la nada
un algo policromático
que se autogenera
en la transversalidad
de la semiósfera.
sin destino
es el norte
que no existe
mas que en mi memoria
en medio de la armonía
caótica.
De la igualdad social
¿es social lo antisocial?
¿es humano el inhumano?
¿es bebida la coca cola?
¿es Dios un hombre o una mujer?
¿es el perdón un pecado y el pecado una
necesidad?
¿es la respiración un invento
y la
palabra un recurso para mentir?
¿Y
tu
y
yo
Que somos?
¿quiénes somos
polvo o partículas?
Polvo de estrellas
existencia
de
la existencia.
Claudia Roquette-Pinto
Rojas tardes largas
El saxo desgrana Saint Louis Blue
y cae una estrella en mi ventana.
La plaza, entre sombras,
deja entrever tu rostro y tu mirada.
En la pereza del estío
el tiempo que se arrastra
permite inventar el amor
en sangrantes nostalgias.
La música es sexo
en el ritmo canyengue
en la queja metálica
y es más real esa vida en el recuerdo
atardeceres, ensueño y llamaradas,
que otros años que sólo son suspiros
de los que no me queda casi nada.
Esas quietas horas de la tarde
las veredas baldeadas,
sillón, mimbre y madera,
piano de Mores, saxo en el blue,
rojas tardes largas
en que bastaba estirar la mano
para tocar la magia,
con sólo un sillón en la vereda,
unas pocas notas en el alma
y es estrella que cae en mi ventana.
Daniel Montoly
República Dominicana, 1968
Y, a deshora
Y, a deshora, he quedado
vagabundo en mano
del áspero abandono.
Ancladas en la sombra
han quedado
las luminosas estrellas
que nombraron el puerto
con mi nombre. La luz
ya no se encarna
en el vientre
de tan larga niebla. El río
se coagula con mis huellas.
Y los infantes cedros
en las colinas
a la
luz del sol
con espanto lloran
oráculos de
sangre
y sinfonías subversivas.
Reside en la ciudad de Delaware,
Ohio. Estados Unidos
Invita a tus amigos a suscribirse:
Rodolfo García
Colombia
Lauren
La cinta del proyector
aborta figuras
personajes
escenas en fuga
bajo la lluvia
sobre la herida del aire...
La cinta del proyector
te deja prófuga
de mi libreto
de mi poema clandestino,
náyade de alguna Venecia,
a la cacería de un director
que sepa enfocar
tu ausencia
que me habla.
Una caja de pinturas
para hacer música,
pedazos de sol
barnizan tus cabellos
y dejan una nota negra
sobre el que escribe.
Rodrigo
Grion
Argentina
Escribir para despertar, despertar escribiendo
Apunto mi palabra contra el batallón de
la muerte
Disparo, junto a otros, contra un tiempo que pretende
Condenarnos a la miseria del cuerpo y el espíritu;
Disparo, disparamos, dispuestos a batallar por la
Utopía del hombre, contra su saqueo moral, contra
Su perpetua prisión, contra la pobreza de su alma;
Disparo, y van mis versos mancillando espejos
Que oprimen, discursos que condenan, realidades
Que subyugan, palabras huecas que disfrazan y encadenan.
Hay quienes usan su palabra para
agradar, para
Entretener, para despistar, para pagar su alquiler,
Pero yo prefiero hacerla arma: Arma de la Libertad,
¡ Escribir para despertar y despertar escribiendo!
Despertar al hombre de su silencio aberrante,
Zamarrearlo en su agonía establecida y cotidiana,
Abrir los ojos del Ser que solo contempla su ceguera
Dar un certero impacto a la conciencia anestesiada;
Disparar, disparar sin aceptar treguas, batallar junto
A otros, en esta declarada guerra contra la muerte
Y sus cómplices.
Disparo, disparamos, desde trincheras
llenas de Vida
Focos donde el Amor aún estoico sobrevive...disparo
Mi poesía, disparamos pintando, componiendo, soñando;
Artesanos de la resistencia, rebeldes empecinados
Insobornables militantes de un artístico amanecer;
Disparo desde mi lugar, hago arma a mi poesía, cumplo
Mi deber de guerrillero, disparando versos que hieran
A la muerte, a su batallón seductor y perverso ; disparo,
Disparamos, desde el Ejército de la Vida, que se resiste
A dejar de Ser...
del libro “ Huellas de Resistencia
" (2004 , Editorial de los Cuatro Vientos, buenos aires, Argentina)
Espejo
¿porqué mi pie izquierdo
es también derecho?
Librélula
en tu afán de nube
préstame tu senda
hazme leve
Una hoja cae
corazón
la tarde
En una estación del metro
Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la
multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
Y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de
un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre
De ayer estoy hablando, de las flores,de la fuerte agua, transparente y fría,del alma, de la luna abierta, ¡oh mía!,de un ángel dulce y solo en los albores. De tantas noches secas y menores,del perseguido bien sin alegría;del aire, de la sombra y la agonía,de lumbres, cielos y arduos pasadores. De ti, tiempo llegado y desprendido,que vas en mí y me dejas en velada:solitario, desierto y sin sentido. Y encima de ti, vida delicada,cabello suave, quieto y advertido,la muerte sueña y mueve su morada.
No me gustan las grandes ciudades
No me gustan las grandes ciudades
me agobian
sus ruidos apabullantes
sus falsas propagandas
su consumo desmedido
su desigualdad crasamente
expuesta,
tanta gente que deambula ,gente
que está jodida,
mientras otros derrochan sin
importarle
quien duerme tirado en la esquina
o quien se muere de frío.
No me gustan grandes
ciudades
hacinadas de gente, de autos,
inundadas de aire venenoso
repletas de rascacielos
que ocultan las estrellas
con tanta luminosidad artificial
encendida.
No me gustan las grandes ciudades
por que le restan a la vida,
son otra fantasía mas
que pensamos los humanos
que podría ser buena
sin advertir los percances
que nos dejarían en el futuro.
A Woodstock le pusieron ketchup
N.Y.
Aquí no baja el viento,
se queda aquí en las
torres,
en las largas alturas,
que un día caerán,
batidas, arrasadas de su
propia ufanía.
Rafael Alberti 1980
Nosotros
dudando de todo no somos culpables
las dudas
enredaderas que calan las mentes
se alojan
como quien cimienta o funda un hogar
Nosotros
no somos culpables si insistimos
en preguntar
¿Quién delimitó los limitados límites?
¿Dónde está
la extensión territorial de la ternura
el costado
irregular y subversivo de los verbos?
¿Quién medirá
la rebelión del Tiempo en el espacio
la figura
del Hambre elaborando los guarismos?
¿Adónde
está el dueño del frío y sus vasallos
el preventivo
que atajará el ataque de los pájaros?
¿Adónde
el amo de tantas certezas infundadas?
¿Quién
ha asesinado en el nombre de la duda?
¿Con quién
se masturba en su tálamo de arena?
¿Cuántos
marcharán a desarmar la primavera?
¿Cómo duerme
sobre su edredón de tierna sangre?
¿Y ustedes?
los que velan el perverso desvarío
el embarazo
de empedernido esperma permanente
¡ustedes!
los que entregan sus hijos a la muerte
¡al elegido!
al genocida serial tan prevenido
el insomnio
¿no demanda si existe otra manera?
pregunto
¿de conciliar el sucio sueño americano?
Lina Zerón
México
Discurso de campaña
La inseguridad en México ha llegado
a tal extremo, que uno de los ofrecimientos de campaña de los candidatos a la
presidencia de la República fue: “mejorar los sueldos de los cuerpos policíacos
y poner cámaras de video por toda la ciudad” y mientras esto se realiza, se
recomendó a los ciudadanos que
procuraran no caminar solos por calles peligrosas; para ser precisos, se refirieron
a cualquier calle comprendida en la zona que se ubica entre el Río Bravo y el
Río Usumacinta.
Ernesto de La Calle
Puerto Madryn Chubut Argentina
Cuando acabes la
tarea
Siéntate con los amigos
Tendrás más de lo que esperas
Y habrá sol en tu camino
Siéntate y di lo que sientas
Entre amigos no se calla
Que interprete lo que expresas
El la vuelta le halla
No sabes lo que valen
Esos minutos "perdidos"
Cuando la vida se juega
La sal el agua el trigo
No sabes lo que vale
Sentarse con un amigo
Cuando vuelvas a tu casa
Trátales como te digo
Muéstrales como se amasa
La llegada de un amigo
Y si no puedes nombrarlo
Porque es planta, perro o nido
Puedes si acariciarlo
Que eso nunca es agresivo
No sabes lo que valen
Esos minutos "perdidos"
Cuando la vida se juega
La sal, el agua, el trigo
No sabes lo que vale
Sentarse con un amigo
José Agustín Goytisolo
Barcelona, España, 1928-1999
El
que cuenta las campanadas
El amante de
medianoche,
el que ansió que ella le siguiera,
el que cuenta las campanadas
como un enfermo desahuciado;
el que pone cara de cárcel
cuando se mira en el espejo:
es el furtivo que no duerme
acechando a su compañera,
y ella es feliz porque ahora
vive una noche tan inefable
y tan honda como la muerte.
Argentina
Silencio,
enredándose en el
otoño,
te llama.
Silencio,
desolado en el
viento,
te reclama.
Silencio,
tembloroso, extraña,
una caricia urgente.
mi silencio,
te llama, te
reclama,
Chiapas,
México
A mis 22 años
Van a pasar los años,
cayéndose uno a uno a través de las hojas del
calendario;
van a venir malos tiempos de desamor,
de descuido y un poco de olvido sin culpa;
vamos a crecer en arrugas,
en diámetro, en quehaceres y en hastío;
va a crecer el tamaño de nuestra cama.
Vamos tal a vez a separarnos
y poner de por medio años de distancia
y barreras de silencio entre nosotros…
Pero al final, después del tiempo,
cuando nos alcance nuestro final,
te voy a seguir amando
como te amé la primera vez,
como te amo hoy
y como siempre te amaré.
Ben Clark
Ibiza, España- 1984
(Alberca Blues)
Nada da
tanto miedo como el frío.
Recuerdo la primera vez que unidos,
respirándonos mutuamente -suerte
de extraña criatura entre la lluvia-
sentimos el poder de nuestro abrazo.
nada podía hacer para matarnos.
Que habíamos vencido.
altísimo y nosotros allí, como
si nada; como quien oye llover.
siendo primos hermanos la alegría
y el olvido, olvidé el miedo que daba
estar en una calle tiritando,
como estoy hoy sin ti.
Nada da
tanto miedo como el frío.
de su libro Los hijos de los hijos de
la ira, XXI Premio de Poesía Hiperión.
Fuente: Portal de poesia.
España, 1918,1998
Algo sucede
Algo me pasa que en mi pecho existe.
Vuelan hormigas y discurren peces.
Suena la sangre y el tambor convoca.
Hay un incendio cerca de mi pulso.
De nuevo el tigre lanza su mensaje.
Tiene mi cama sed de otra figura.
Vuelven las venas a cantar presagios.
Torna el insomnio con sus mil disfraces.
Lavo mis manos para hacerlas suyas,
peino el cabello, río a las vecinas.
Y cuanto miro se convierte en agua.
¡Esto
es amor y lo demás miseria!
David Antonio Sorbille
Argentina
(de “Las Huellas del Silencio”, Ed. 3+1,
1999)
Víctor Montoya
La Paz, Bolivia
Esa mañana tomé la decisión de algo que tenía pensado
desde hace tiempo: quitarme la vida a las doce en punto del mediodía.
Me senté en la silla del escritorio y concluí el último
capítulo de mi novela, que me requirió diez años de acopio de documentos y
otros tantos años de trabajo obsesivo. Cuando puse el punto final, sentí que mi
vida se vació como el tintero, y con la firme decisión de enfrentarme a la
muerte, que me sonreía desde el otro lado de la vida, abrí el último cajón del
escritorio, donde estaba el revólver de cachas negras, cañón de metal bruñido y
cilindro giratorio, cuya recámara múltiple tenía un solo cartucho en el eje,
listo para ser vaciado de un tiro. Por un instante contemplé la maravilla y el
peligro de ese arma que me regaló mi padre la noche en que ocurrió ese suceso
que iba a cambiar el curso de mi vida.
Levanté el revólver, alargué el brazo y, poniendo el ojo
en el punto de mira, la paseé por el cuarto; pero donde ponía la mirada, mi
alma no encontraba más que un vertiginoso abismo de soledad y desesperanza.
Entonces, abandonado de mí mismo, recogí el brazo y puse la boca del cañón
contra mi sien. Quité el disparador, apreté el gatillo y... ¡PUM!!!... El
impacto fue tan fuerte que, luego de sacudirme en el aire, me tumbó boca
arriba. La sangre saltó a raudales y el olor de la pólvora impregnó el cuarto,
ese cuarto que tenía el techo bajo y las paredes atestadas de libros, una
puerta que daba a la calle y una ventanilla por donde se calaba un aire tan
frío como la muerte.
Pasó el tiempo y nadie indagó por el vacío que dejó mi
ausencia, hasta que la policía me encontró tumbado en medio de un círculo de
sangre seca, los sesos destapados y el revólver todavía en la mano, el cuerpo
deformado por la obesidad y la barba apelmazada donde los bichos hicieron su
madriguera.
La policía, sin salir del estupor, constató que yo, en mi
condición de escritor suicida, había dejado un montón de papeles sobre el
escritorio y una nota que decía: Nadie llore sobre mi cadáver ni deposite
flores en mi tumba. Todos sepan que murió un hombre que no pudo encontrar la
felicidad sino a través de la muerte...
Cuando la noticia saltó a la prensa: Escritor suicida
se quitó la vida a las doce en punto del mediodía..., los lectores se
enteraron de que el protagonista de mi novela, hecha de realidad y fantasía,
tuvo un desenlace más feliz que mi vida.
Lady López
México
En el cerrojo
En el cerrojo de tu piel está mi
llanto
como cicatriz de mi desventura.
Nunca te has preguntado, ¿por qué
sollozo
si las aves hicieron del día la
primavera?
Guardo la distancia del abismo,
la mortaja de tus labios,
tu sudor acorazado
y la incertidumbre de tus besos.
Me voy para olvidar la clave del
armario
y convalecer a solas mientras
llueve.
No entiendes que la noche
es un largo camino cercado por el
fuego,
dime,
¿acaso no escuchas un llanto en el cerrojo?
Salta
Victoria
Los hilos de plata
se quedaron para siempre.
Tampoco la sutura
borró la huella
del llanto
del dolor.
Cada noche la imagen
te rasguña la piel
que ya no sangra.
También comprendiste
que el hule es la salvación
de las almas.
Ahora puedes soltar la bocanada
del triunfo
sin ahogarte en el fracaso.
de El pan del consuelo
Maria Eugenia Caseiro
Cuba
“...si tales sucesos son/
ilusiones o verdades.”- Calderon
Cuando el magno emperador añil da la orden,
los corazones laten a la par; la respuesta
es espontánea, global, como si se esforzaran por abastecer de oxígeno un
enorme pulmón colectivo. En el mar, el silencio espanta; es mejor cuando canta
su salmodia el viento y don Rigoberto saluda, con la gorra en alto, el
atardecer colmado de melancolías, palmípedas que huyen y pescadores que
desempolvan prístinos cánticos de alta mar.
-¡Todo
a Sotavento!- Vocifera don Rigoberto. La alquimia abisal lo convierte en un fantasma amarillento,
escarchado, matizado por la luz del sol que se va apagando en el horizonte. Lo
asaltan los recuerdos que confunden a los peces en un romanticismo reflexivo,
genérico, saturado de algas y corales,
en un piélago de irrecuperables cadáveres. Los sueños afloran con el desafío de
las madréporas. Se entumecen los corazones helados por la lejanía y ya no hay
secretos en medio del mar.
Don Rigoberto se rasca la cabeza de pelos
escasos y obstinados, frunce el entrecejo y su rostro, se convierte en una pasa
gigantesca que guarda dos zafiros chispeantes y redondos que atisban el
mar. Sonríe, y empina la garrafa de
cazalla. El tiempo se detiene en un pasaje infinito; las corrientes juegan a
destapar olvidadas ánforas, y con la espuma, los fantasmas enraízan sus
eclipsadas hazañas a los anales de la travesía. Ve en sus sueños, los sueños de
los marineros que se conjugan con el atardecer, abigarrados al olor de tripas de pescado y la resina. El espectro de la tarde agoniza, pletórico
de quimeras que dibujan sus contornos en lontananza, se entrega a su habitual
destino subrayando los atributos del
crepúsculo.
Las almas de los náufragos, perpetuas,
aferradas aún a sus antiguos maderos, aparecen de vez en cuando reflejadas por
el aura solar, que en el poniente, despide la tarde como una naranja
incandescente, impregnada de recuerdos que son devorados gradualmente por el
filo del horizonte. Un enorme iceberg cristalizado en el ángelus se levanta
soberbio, neptúnico, aguijoneando el gélido espacio.
El embrujo del ocaso se apodera de la
tripulación que percibe las vibraciones del universo marino; las sirenas
escapan de sus recónditas mazmorras abovedadas, como náyades que ascienden de
las profundidades para ser descubiertas; entonan su melodiosa solfa que se origina
en una desesperada búsqueda. Los argonautas, con escafandras de membranas
salobres, se recrean en la asiduidad de sus coreografías heredadas. Los peces
se avalanchan en una aluvión de estirpes que pugnan por prevalecer, mientras
los caballitos, las estrellas y las ostras, desfilan en una alegre marcha de
alegorías, encarnando su papel de graciosos personajes de fábulas.
La colosal naranja acaba por sumergirse en un
simulacro sempiterno para irse al otro lado del mapa astral. En la calígine,
fulgura apenas la estrella circumpolar y las bioluminiscencias de los extraños
moradores del océano.
Calados por el frío y la humedad,
apesadumbradas ánimas que sucumben ante la majestuosidad de las tinieblas, los
marinos, sometidos a una voluntad inexorable, consumen licor para avezarse a la
lobreguez de la noche, a la resonancia de las corrientes que arrastran
inagotables, inmortales moluscos plateados.
La embarcación sin timonel se adentra en las
sombras, renuncia a la erudición de la
brújula que permanece fiel a sus registros, silenciosa. Una mano
inmaterial empuña el gobernalle, impone el enigmático rumbo. Don Rigoberto se
abandona a sus sueños plácidos y soleados al socaire de la bovedilla,
impregnado de la cazalla del Santo Pirata Aburrido. Persigue mariposas en un
valle saturado de flores silvestres y calamares que cantan al compás del
ábrego. Una ballena con un collar de girasoles se deja arrastrar por la
pendiente de una cascada transparente, jacintina. Sus compañeros, humedecidos
por la salpicadura del torrente, recogen flores policromadas para alegrar las
tumbas sin epitafio. Los muertos descansan ya en lugar sagrado, no a merced de
los depredadores marinos, ni al desamparo de la noche infinita, pero el enigma
de sus patronímicos, el rompecabezas de sus miembros mutilados, que yacen
confundidos con otros fantasmas sin nombre, es causa aún del desconcierto.
El mar burla la fantasía del navegante. (Los
zafiros avistan un punto brillante en el cielo, allá en el horizonte austral).
El Magín lo aborda en sueños, el embate sumerge el valle escarchado de flores y
filamentos dorados. Los argonautas se desplazan a babor, esgrimiendo enormes
anzuelos con señuelos de bailarinas desnudas que se agitan aferradas a los
garfios, lanzando excitantes invitaciones a los marineros. Sopla el austro, y
es posible amodorrarse por la brisa, caer en las redes de los fantasmas
acorazados que vienen tripulando El Magín, o perecer en manos de las divas
embrujadas que muestran sus vergüenzas
sin recato. -¡A ellas!- Vocifera el capitán fantasma, víctima ya de un
padecimiento atroz, que lo obliga a retorcerse, rueda por cubierta con los
rolidos del barco y lo despierta el rugir de sus tripas que aclaman un poco de
fiambre. Los alfilerazos del chubasco lo hieren en pleno rostro. La galerna
viene con el aquilón, acompañada de copiosa lluvia, rizando la superficie del
mar como un espejo plagado de burbujas. La realidad secular se impone, reanuda
su frecuencia irremediable. Los marineros despiertan a su rutina. Rugen sus
entrañas al compás de la carpanta y la borrasca, se rinden al soberano que
arruina el abordaje, mientras el intrépido mástil del Magín desafía el
maleficio del viento y la resaca. Desaparecen las bailarinas, y las flores, y
la ballena con el collar de girasoles, y las tumbas sin epitafio..., don
Rigoberto, rescata la gorra de galones azules y amarillos de entre las redes
revueltas en la cubierta del barco. -¡A la capa!- Avanzan, ajetreados
fantasmas, campeando el temporal, hundiendo la proa en la codiciosa bocaza de
espuma. Poco antes de salir el sol, don Rigoberto se quita la gorra
aliviado, ve como El Magín se alza de
proa, augusto, dejando atrás una estela de espuma gris.
El regreso del astro rey entusiasma la
mañana, asciende gradualmente para ocupar su estrado en el cenit, que lo
espera, cerúleo y acicalado. Sopla un viento favorable del norte y del este.
-¡Tierra a proa y a estribor!, ¡Todo a sotavento!-. El barco vira a bordo en
una disciplinada maniobra. Las gaviotas reanudan su vuelo rapaz incorporándose
al paisaje entre los cirros que irrigan el zarco espacio. El magno emperador
azur, muestra su inmensidad como un sabio hierático que conserva la vastedad de
su dominio in aeternum. Y otra vez,
los corazones laten simultáneamente. El Magín avanza diligente, hechizado, como
si el aliento de un pulmón colectivo, impulsara su viejo caparazón de madera.
Nancy Morejón
La Habana, Cuba
3
en la descarga del viejo instante
viste a la ciega respirar el ocaso
asfixiado de plaza Alberti
fantasma en tu lugar
y demonio
cansado
que fuma
Reinaldo Cedeño Pineda
Cuba
Mi novia es una geisha
Shiso
tengo miedo cuando te
inclinas no vayas a quebrarte
miedo a tocar tu kimono de hilos
de oro
y adivinarte detrás del abanico
un corazón como el Fuji
cuando retocas los polvos de
arroz
cuando te doblas sobre la estera
de bambú
cuando tus dedos ligeramente
tibios
rozan el tazón apenas
y el vapor con un leve olor a
cerezo hace volutas origamis
caligrafías que se cuelgan del
aire
Shiso
un bonsai solitario en la pequeña
mesa nos separa
tres siglos nos separan
tengo miedo que un suspiro haga
caer las orlas de tu pelo
que se rasgue la puerta de papel
mientras cantas una larga
canción una canción de dioses y de nubes
me voy olvidando que existe un
mundo más allá de la mampara
Shiso
entrecierra los ojos
ya va a dejar el shamisén
va a descalzar sus pies
Y tengo miedo.
Eugenio Montale
Italia, 1896-1981
Huesos de jibia VII
Muchas veces he
encontrado el dolor de vivir,
era el flujo retenido
que rebrota,
era el acartonarse de
la hoja
seca, era el caballo
desmayado.
El bien no hallé,
fuera del prodigio
que nos revela la
divina Indiferencia:
era la estatua en la
somnolencia
del mediodía, de la
nube y del halcón muy elevado.
Traducción
libre del italiano por Adriana Alarco de Zadra
José
Antonio Neri Tello
Mexico
tengo presente que estoy en otro
sitio
a cada habitante le corresponde
meno espacio
los vecinos siempre invaden
hay que descender del metro
caminar bajo las aceras
vigilar que ningún auto atropelle
es imposible los retrasos
aunque el día comience con uno
cuando estoy contigo
cambia
la ciudad queda solitaria
y se asemeja tu cuerpo
Noé Lima
El Salvador, 1971
Mar
II
Oscuro
vácuo
la noche vacía el delgado terciopelo transparente
de corazones líquidos en el asfalto
donde huellas suaves de raíz
abrazan avenidas con cerrojos
extraídos del más profundo MAR
la torva bóveda amplísima de bombillas
está cubierta del más duro rocío
de tus manos minerales
otra vez
me llueves de tinta en los caminos
Luis
Borja
El Salvador. 1985
Oscuridad
El áspero silencio
mutila lentamente al escarabajo marmolizado
destruido con plumas
en la habitación abismal oscura
Dolor petrificado
Silencio punzante del tiempo
LOS RELOJES SIMPLEMENTE OLVIDAN
Y SE INMUNIZAN CONTRA EL DOLOR
La rosa puebla jardines oscuros
Las espinas doblegan al escarabajo marmolizado
Silencio
no cabe mas silencio
Dolor fétido descuartizadorintravenoso
Arranca esta lágrima negra de olvido
DEL TECHO
CUELGA UN CUERPO SIN SOMBRA
Taller de poesía del
parque- El Salvador
Jorge
Carrasco
Argentina
1973-1990
Después de la algarabía de unos y el
silencio de otros, y después del alboroto de los silenciosos y el silencio de
los entusiastas, hemos estado mucho tiempo mirándonos. Nos reconocimos como dos
riberas de un mismo río, nos espiamos de soslayo, pero las aguas de Heráclito
seguían su curso, ignorantes de nuestra cultivada distancia.
Entre yo y aquél nunca nos tocamos. A
pesar de haber nacido de una misma madre, no fuimos hermanos. A pesar de haber
bebido de la misma leche, tuvimos diferentes venenos en la sangre.
El seno derecho a que se prendía aquél
siempre tuvo leche y alegre se agitaba en su próspera turgencia. El seno
izquierdo de mi madre, reseco y triste, recorrido mínimamente por un líquido
seroso, apenas me quitó la sed.
Él creció, y está rozagante, y habla. Yo
apenas tengo ganas de abrir la boca, y no escucho. Quizás algún día él se canse
de decir, y yo, cuando se calle y esté dispuesto a escuchar, ya no tenga nada
que decir.
Argentina
A orillas del Río Uruguay
Por la ventana veo pasar
un barco carguero
lleno
de maderas
su andar es lento
como
un tigre cansado.
de río arriba
buscando
un descanso
es un bostezo marrón
en medio de tanto verde.
que traigo ilusiones viejas
miro
sorprendido
ese barco es un espejo
donde
hoy
No quiero mirarme.
Manuel Lozano
Argentina
De un mendigo en Washington Square
...Y viendo el humo de su incendio,
dieron voces , diciendo: ¿Qué ciudad
era
semejante a esta gran ciudad?
Apocalipsis, 18:18
Habría mirado las bóvedas multiplicándose
en alargadas filas contra la lluvia.
¿Cuál es el arroz, cuál ese conejo alado de Cimabue,
dónde está el yeso que trajeron de Umbría las intercesoras,
aquellas madres primeras de mi especie?
Era una mesa blanca, casi traslúcida,
vestida para la exageración y el desprecio.
Podría ser nebuloso patíbulo,
aunque nunca tablón ritual de aniversarios.
Un opulento pasajero enciende las lámparas.
Los comensales -mis hermanos- han muerto ya.
El arco solar se ha derribado.
¿Qué carpintería nómade para esta bacanal de Narciso?
¿No miras sumergirse la casa? -pregunta la figura-.
Del robo de las pieles nace el vuelo.
Y así empieza la historia.
El musgo ofrece un ácido perfume
a patio de destierro, a caireles dispersos
entre los matorrales donde juega el niño del triciclo rojo.
(Ahora reconstruye risas en mitad de su cráneo.)
¿Era la distancia de la diferencia?
¿Los harapos de la más cruel cercanía?
¿O la abisal condición para destituir a su rey,
el valimiento de un iluso crucificándose?
Rotan las cláusulas.
Se instalan en éxtasis de Pound todos los enunciados.
Pensó en la cabeza comida por insectos de su padre,
en el jugo incalculable, ahora seco,
rondando entre los dientes del pequeño difunto.
Fuiste un agujero, la grieta de mi corazón - afirma la figura-.
No habla.
Aun antes de acostarse del lado del vacío, gesticula.
(Un llamado de hidra ha regresado a la cueva.)
Brevísimo, respiran todavía sus membranas.
Nada es legendario en la dársena sacrílega.
¿En qué madejas del segundo tiempo merodeará
esta geometría del verdugo?
Va adentrándose en la palabra carente:
palabra sin inicial; juzgamiento de vigilia.
Grazna y husmea.
Que no suplique ayuda con un arpón en la boca.
Se abrieron las sienes de mi escalofrío.
Cavidades lechosas donde hubo un pasado,
¿por qué duermen así, junto a la espuma?
Son los habituales.
Son los faústicos delatores.
Son los imaginados.
Son los que agitan la lepra bajo pieles fastuosas.
¿Retornarían desde un mísero exilio?
Muerdes madera en el poema, invención extremada.
Fermentan las hojas.
Desciendo los escalones y aspiro en cuclillas
el temible torbellino de la idolatría.
Es el ruinoso chacal de esta profanación.
Lanza increíbles objetos.
Al reflejarse en el revés de un espejo de bronce
-mira paciente, hiberna con traidores-,
dibuja la espantosa raíz del simulacro.
de su libro "Mansión Artaud"
Daniel Mourelle
Necesidad del mal
I
El león : cerca
recuerdo la fuga
Salem : destello
aquel día
los dientes blancos
se te pegaron mis ojos — la sal y el pez
México,
1918-2001
Corrido
Hay en Zapotlán una plaza que le dicen de Ameca,
quién sabe por qué. Una calle ancha y empedrada se da contra un testerazo,
partiéndose en dos. Por allí desemboca el pueblo en sus campos de maíz.
Así es la Plazuela de Ameca, con su esquina ochavada
y sus casas de grandes portones. Y en ella se encontraron una tarde, hace
mucho, dos rivales de ocasión. Pero hubo una muchacha de por medio.
La Plazuela de Ameca es tránsito de carretas. Y las
ruedas muelen la tierra de los baches, hasta hacerla finita, finita. Un polvo
de tepetate que arde en los ojos, cuando el viento sopla. Y allí había, hasta
hace poco, un hidrante. Un caño de agua de dos pajas, con su llave de bronce y
su pileta de piedra.
La que primero llegó fue la muchacha con su cántaro
rojo, por la ancha calle que se parte en dos. Los rivales caminaban frente a
ella, por las calles de los lados, sin saber que se darían un tope en el
testerazo. Ellos y la muchacha parecía que iban de acuerdo con el destino, cada
uno por su calle.
La muchacha iba por agua y abrió la llave. En ese
momento los dos hombres quedaron al descubierto, sabiéndose interesados en lo
mismo. Allí se acabó la calle de cada quien, y ninguno quiso dar paso adelante.
La mirada que se echaron fue poniéndose tirante, y ninguno bajaba la vista.
-Oiga amigo, qué me mira.
-La vista es muy natural.
Tal parece que así se dijeron, sin hablar. La mirada
lo estaba diciendo todo. Y ni un ai te va, ni ai te viene. En la plaza que los
vecinos dejaron desierta como adrede, la cosa iba a comenzar.
El chorro de agua, al mismo tiempo que el cántaro,
los estaba llenando de ganas de pelear. Era lo único que estorbaba aquel
silencio tan entero. La muchacha cerró la llave dándose cuenta cuando ya el
agua se derramaba. Se echó el cántaro al hombro, casi corriendo con susto.
Los que la quisieron estaban en el último suspenso,
como los gallos todavía sin soltar, embebidos uno y otro en los puntos negros
de sus ojos. Al subir la banqueta del otro lado, la muchacha dio un mal paso y
el cántaro y el agua se hicieron trizas en el suelo.
Ésa fue la merita señal. Uno con daga, pero así de
grande, y otro con machete costeño. Y se dieron de cuchillazos, sacándose el
golpe un poco con el sarape. De la muchacha no quedó más que la mancha de agua,
y allí están los dos peleando por los destrozos del cántaro.
Los dos eran buenos, y los dos se dieron en la
madre. En aquella tarde que se iba y se detuvo. Los dos se quedaron allí
bocarriba, quién degollado y quién con la cabeza partida. Como los gallos
buenos, que nomás a uno le queda tantito resuello.
Muchas gentes vinieron después, a la nochecita.
Mujeres que se pusieron a rezar y hombres que dizque iban a dar parte. Uno de
los muertos todavía alcanzó a decir algo: preguntó que si también al otro se lo
había llevado la tiznada.
Después se supo que hubo una muchacha de por
medio. Y la del cántaro quebrado se quedó con la mala fama del pleito. Dicen
que ni siquiera se casó. Aunque se hubiera ido hasta Jilotlán de los Dolores,
allá habría llegado con ella, a lo mejor antes que ella, su mal nombre de
mancornadora.
Alfredo Ariel Carriò
El Señor se comprò una corbata acanariada
para el homenaje de que se yo que cosa.
Era justo cuando la cintura de las uvas
desparramaba miel sobre el campanero que tocò
la hora .
La Señora se tiñiò el cabello rojo
animándose a asistir a una boda.
En la taberna llovida de pianolas
el otoño convencìa sin suerte
a los feriantes que olvidan el olvido
y en las lucecitas encendidas arde troya .
Los Hijos del Señor y la Señora
eligieron prendas con
ojales que espantaban a las lunas .
de una tarde disonantes porque existen otras .
Se apuraba el aire freco de un combate
sobre los dientes del maìz salvaje y la cebolla
.
La dinastía fatal del Señor y la Señora
fracasò un dìa en que el pan
sostuvo una mesa de un ángel para todos
y el vino sin agotarse
presagiò que podìamos cantar
en el tinglado del ùltimo violìn
convidando mariposas .
No nos fue posible disuadir al Señor y la
Señora
porque seguimos persiguiendo una simple
partitura .
Nos acomodamos en cualquier parte
para abrir y reabrir
todos
los mundos con orquestas propias.
"Los
hombres matan a las mujeres porque no pueden soportar a las mujeres reales que
viven dentro del cuerpo de las mujeres que desean"
Ray Loriga. Tokyo ya
no nos quiere.
Es cierto. No amo a las mujeres reales.
Me
sirven para poca cosa, la verdad.
Me
siento, las miro, las desnudo,
les
pago y les pego, follamos un rato
indiscretos,
sin comentarios ni protecciones.
¿Quién teme las enfermedades
cuando él mismo es un monstruo?
De: Metamorfosis del huésped
John Cuellar
Perú
Realmente duele en el pecho
la desolación agresiva,
más si, imprevista o repentina,
humedece los pómulos vulgares.
Al igual que ayer,
me encuentro en un funeral,
en medio de un bullicio
que oscila entre clásico y grotesco.
Y la canción exótica
de un tal Perales blasfemado
amarga en la garganta
de mi intrincado cerebro.
Desearía imaginar,
siquiera a manera de boceto,
una imagen encriptada
que mi lucidez no puede hallar.
cuando, en medio de un café amargo,
yo esquivaba miradas, temas,
interrogantes, mensajes sutiles.
Antonio Aliberti
Argentina, 1838- 2000
Destino
Quien anda de viaje se lleva todo lo
que
tiene, también la fiebre.
Bartolo
Cattafi
Un tren que sale siempre va a alguna
parte
un hombre que sale no siempre va a alguna parte
aunque viaje en el mismo tren;
un hombre que sale se lleva todo a cuestas
se lleva todo lo que tiene:
(también sus ganas de quedarse)
(también sus ganas de no ir a ninguna parte).
Luis Marcelo Pérez
Uruguay
Por qué
mi cuerpo late
cuando
te recuerda, y
mis
ojos no hacen más
que
mirar al vacío
profundo
de esta
soledad en compañía.
De
Poesia en estado natural.
Rafael Farias Becerra
corazones de helio
los viernes eran una
fiesta de churros
piropos con manjar a
nuestros corazones
si inflados con helio
se iban elevando por la
noche se iban
a colgar de la última
estrellita
iluminando el peladero
para que alguien los
recibiera como nuestra alegría
prendiera por nosotros
entre los escombros
una fogata
y no se afligiera que la
luna nos tiene dando vueltas
en un tagada con música
onda disco
nos tiene plateados los
ojos en su lluvia de papeles
y un niño que los recoge
nos dice tome
reciba por favor un
poemita callejero
ud no creerá que alguien
pueda dejarse para sí las
palabras
De, Tras el espejo ol as
bellezas que somos allí
Oscar Marchesin
Montevideo, Uruguay
Luego de la tercera reencarnación
Sin cumplirse las teorías
Lo hizo una vez màs en sí mismo ...
Se reencontró por tercera vez con su cuerpo
sus olores
Sus gustos limitaciones egoísmos dolores
Sus mujeres animales libros poemas relojes y resacas ...
El paìs era otro la casa era otra y su nombre
quizàs
fue rico fue pobre mendigò y diò
Para el mundo empapelado cumplió màs de 200 años ...
Fue feliz fue inerte fue infeliz casi inhumano
Amò nunca fue amado matò casi lo mataron ...
Luego de la tercera reencarnación
Le pareciò increíble y casi suicida
otra vez se preguntò ...
Renaciò de noche de una hoja casi seca poca
su sabia
Y la pluma aùn caliente de un àguila guerrera ...
Pudo ser árbol pudo ser pàjaro
Su mismo dios de siempre quiso que sea él ...
Despertò al amanecer cubierto por la pluma
Recostado sobre la hoja
Mojado aun del rocío desnudo sin mucho rumbo
Encandilado por los primeros rayos
Recordando un llanto aullado a la luna
Incorporado caminò hacia las luces ...
Y fue casi humano casi incorpóreo …
Se lanzó hacia el mundo
A recorrerlo una vez más
A sabiendas de su suerte ...
Héctor
Bruno
Argentina
Patio
con lluvia
“Ha besado la lluvia al jardín
provinciano
dejando
emocionantes cadencias en las hojas”
Federico
García Lorca
Lluvia en el patio,
golpeteo incesante
sobre la cara de las flores
y el verde paño de la grama.
Cae el cielo
fracturado en gotas
arrancadas de nubes
pintadas con
relámpagos.
Quietos ladrillos
contemplan
senderos de agua
sobre el lodo de la tierra.
Se siente la nostalgia
del sol ausente que,
solitario, se oculta
y rueda
a salvo de la lluvia.
Harmonie Botella Chaves
El Campello . Alicante.
España
Las mil y una noches
Quimeras de Oriente,
incienso, sándalo y bálsamo,
perfumes envasados en plata y oro
embriagan los sentidos y las razones.
Ungüentos de ámbar y azahar se introducen
por los poros de la esencia de la humanidad.
Los sentidos desquiciados por las fragancias,
aturdidos buscan las
mareas libidinosas
que les conducirán hacia las tierras prohibidas.
Hambre en Londres
I
¿Dónde voy a dormir esta noche?
El bobby me echa del banco -
no quiere hacerme ningún daño, dice
pero tiene su sueldo.
Tampoco yo quiero hacer ningún daño
pero no tengo sueldo
y no sé
dónde voy a dormir esta noche.
Juan Carlos Gómez Juárez
Tucumán, Argentina
(tengo
casi media hora / de quien eres)
/
quien soy / quien debo ser / afuera la ciudad sumida en cenizas / gente
borracha de melancolía / da vueltas alrededor de un deseo / y los sueños pasan
envueltos en perfumes / taconean virtuales veredas / rechina el silencio detrás
del minuto / la vida que vivo / que vivimos / pasa rauda / la vida que muero /
que morimos pasa veloz y me resucita siete veces siete / setenta veces siete /
como un gato en plena selva / garras de ternura / tengo casi media hora / de
vivirme con pasión enamorada / en la patria de la escritura
Julio AcuñaCosta Rica
Invitación del pájaro
Deja mi vibración
tranquila.
Confundo la seda y el
cuero.
Mi trino de alambre
tilda pasiones
que despreció la luna.
El culantro avisa de su
color
y yo ceniza.
Deja el murmullo
y acoge mi inquieto
corazón.
¡No latiremos más algún
día!
Los árboles habrán
vuelto
y algún nido tendré
reservado.
Deja que te hable,
que te arrulle el paso.
Reúnete a mi lado
si piensas no volver.
Volaré muy lejos,
no llevarás candados.
Alan Mills
Guatemala, 1979
A una
rosa
Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura.
Amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza,
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura.
¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida,
de tu caduco
ser das mustias señas,
con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!
Claribel Alegria
Nicaragua
No
puede
No puede conmigo
la tristeza
la arrastro hacia la vida
y se evapora.
Françoise Roy
Quebec,
Canadá, 1959
El cuenco
Con
un cuenco agujerado, el ángel de las lágrimas ha de recoger lo que no lloraste
de verdad, los pétalos de lluvia salada que no deshojaron tus ojos.
La
nube del alma te flota en medio de dónde me quisiste retener en su costillar
postizo con una correa de diamante. La nube se deshilacha en mi boca; mastico
la parte más blanda de ti.
¿Es
blanda una nube?
¿Es
agua levitando?
¿Soy
yo la que te escupe en el cuenco?
Indran Amirthanayagam
Sry
Lanka
I
Ni moscas, ni jejenes: alitas
nacidas en el polvo, mitocondria
se entrelazan dando vueltas
en el aire ante la mesa
donde los poetas hablan
de escribir sobre los cadáveres.
Ronaldo
Monte
Maceió,
Alagoas, Brasil- 1947
sem roca nem fuso
cada roca tem seu
fuso
cada terra tem seu uso
cada porca um parafuso
cada claro o seu confuso
cada certo um obtuso
cada festa seu intruso
até que um dia as rimas se acabam
a métrica perde sua função
e as coisas deixam de ser tão certas
como até então deixavam transparecer.
Fte: poesia.net
Dublin, Irlanda. 1899-1919
El
vino entra en la boca
El
vino entra en la boca
Y el amor entra en los ojos;
Esto es todo lo que en verdad conocemos
Antes de envejecer y morir.
Así llevo el vaso a mi boca,
Y te miro y suspiro.
Nobel por la literatura 1923
Isla Negra
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